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“Muchos radicales no quieren el pasado, pero tampoco cuatro años más de ajuste”

El diputado nacional reclama la convención para definir el futuro de la UCR. Apela a “construir algo que supere la fatídica grieta”. El lastre M, los que ningunean y el “seguidismo irreflexivo”.
Por 20/04/2019 11:16

“La discusión existe, está en las calles, en los cafés, en las universidades”. Para el diputado nacional por la UCR Alejandro Echegaray, el debate sobre el rumbo próximo que debe tomar el radicalismo se filtra “en las bases de la sociedad que se quiere representar”. Al mirar a ese “sujeto político histórico” del radicalismo que se posa sobre la clase media, el legislador registra: “Cada vez hay más gente que votó a Macri que decididamente no quiere volver a votarlo. Es un dato de la realidad. Hay comerciantes, profesionales, docentes, estudiantes... Entonces, ese sol no se puede tapar con la mano”, sostiene en diálogo con Letra P.

De ese análisis, no duda en identificar un pedido desde el llano: “Que consideremos la posibilidad de llevar a Macri o cambiar”, por lo que pide escuchar a “los radicales que no quieren volver al pasado, pero tampoco cuatro años más de ajuste”.

Sin embargo, aún no tiene fecha la convención nacional radical, el ámbito institucional donde el legislador pretende discutir “con todos los escenarios sobre la mesa” la apuesta electoral del partido centenario para las próximas elecciones. “En todo caso, si después terminamos todos con Macri, que sea producto de una discusión que, actualmente, se está tratando de negar. Lo más saludable sería no tapar esa discusión, sino habilitarla en serio y sin ningún tipo de amedrentamiento. Taparla, va a ser lo peor”, indica.  

Alineado al sector que tiene dentro de sus principales referentes a Federico Storani, Echegaray subraya que el “estado deliberativo del radicalismo es notorio” y que ocultarlo “sería un error político gravísimo”.

“Por evitar mostrar la fisura, la fisura se está produciendo de hecho”, dispara directo a la conducción partidaria, hacia donde también dirige los cuestionamientos por un “seguidismo irreflexivo” al Gobierno y por “ningunear” a dirigentes históricos del radicalismo, como Storani, que mantienen una posición crítica hacia el rol de la UCR en Cambiemos y que por estos días se inclina a una articulación con Roberto Lavagna.



 

-¿Por dónde debe pasar el centro de la discusión de darse la convención?

-Por no excluir ningún escenario de la lectura política, ninguna posibilidad. La virtud de Gualeguaychú en su momento fue analizar la realidad de aquel momento, producir un equilibrio de la política argentina y construir una alternativa que terminó siendo exitosa desde lo electoral pero no mucho más que eso. No pudimos construir una verdadera coalición de gobierno. Eso explica en gran medida los problemas en los que estamos hoy.

De cara a una posible convención, el radicalismo debería discutir de vuelta y discutir todos los escenarios posibles, la posibilidad de continuar en Cambiemos, de ampliarlo, como la posibilidad de evaluar otras candidaturas, pero más que candidaturas, cómo hacemos para resolver los problemas que no hemos podido resolver en estos cuatro años: la inflación, la pobreza, los temas con los cuales el mismo Cambiemos pedía ser evaluado y en los que evidentemente hemos fracasado.

-¿La libertad de acción sería un salida?

-Más que libertad de acción espero que podamos ofrecer a los argentinos una salida, no la libertad de acción para que sea un viva la pepa. Cuando hace más de un mes dirigentes como Federico Storani proponían que se hiciera unas PASO proactivas, no unas PASO de engaña pichanga, nos contestaron rotundamente que no porque el líder natural era Macri. Con todo respeto por el presidente, Macri no es nuestro líder natural. Se desaprovechó esa oportunidad lamentablemente, ya para eso es tarde y hoy hay que evaluar varias cosas más.



-¿Cómo cuáles? ¿Avanzar en una construcción por fuera de Cambiemos, por ejemplo?

-Entre otras, la posibilidad de que el radicalismo discuta en base a la lectura política de que muchos radicales y muchos sectores de la sociedad no quieren volver al pasado pero tampoco quiere cuatro años más de ajuste por delante. El radicalismo, como partido nacional de raigambre popular y democrática, debe construir algo que supere la fatídica grieta.

-¿Pero esa grieta se supera continuando en Cambiemos?

-Continuando en Cambiemos o generando alguna alternativa de construcción política que por este momento también se está evaluando. Si bien no figura aún como una candidatura ya lanzada, hay sectores del radicalismo que no les disgusta y están planteando el tema de Lavagna. Que en la convención se discuta con todos los escenarios sobre la mesa.

-En la provincia de Buenos Aires la conducción partidaria busca exhibir un respaldo mayoritario de los convencionales a la continuidad de Cambiemos. ¿Sucede lo mismo en el resto del país? ¿Qué lectura hace del escenario del radicalismo previo a la convención?

-Más que pensar en mayorías o minorías, lo peor que puede ocurrir es que clausuren un debate en el radicalismo. Que se tome la convención de Gualeguaychú como punto de inicio y de llegada. No, es un punto de inicio. Esta nueva convención en todo caso será un punto de reafirmación de Gualeguaychú o un punto de rediscusión, ampliación o lo que fuera, porque la política es dinámica.
 


Semanas previas a la convención de Gualeguaychú los guarismos de convencionales nacionales en aquel entonces eran también abrumadoramente mayoritarios en contra de la posición que finalmente se tomó. Luego, en el trascurso y hasta que se dio la convención, muchos de esos convencionales reconsideraron su posición y terminó siendo mayoritaria a favor de Cambiemos. Es dinámica la realidad de los convencionales en todos los puntos del país.

"El hecho que haya dirigentes radicales que planteen que Macri ha sido un lastre en más de una provincia es un dato de la realidad".

-¿Cómo considera la posibilidad de un vice radical de Macri?

-Si no hay un planteo de reconsideración de lo que debe ser una coalición de gobierno, puede llegar a ser también una situación compleja. En estos días, escuché a periodistas y dirigentes decir que Macri está en una determinada laguna y que habría que ponerle un vice radical que esté en otra laguna. Si eso se hace bien, fantástico. Pero si se hace mal y se hace como una maniobra meramente oportunista y electoralista, puede ocurrir que los peces terminen siendo más inteligentes que los pescadores y terminemos no pescando nada.

Con alta política deberíamos salir de esta situación. Para algunos que están en el eje del Gobierno la política es una mala palabra. Si se hace una fórmula y eso es artificioso, a la larga no va a funcionar. Hay grandes sectores de la sociedad que han roto hasta culturalmente con el presidente Macri, es un dato de la realidad. El hecho que haya dirigentes radicales que planteen que Macri ha sido un lastre en más de una provincia es un dato de la realidad.
 


-¿Lo sucedido en Entre Ríos va en línea con eso?

-Y en Chubut y otros lugares. El presidente del comité Chubut lo planteó. En el caso de Entre Ríos se esperaba una diferencia de diez puntos y fue de 24. Lo que hay por delante, las elecciones de Santa Fe y Córdoba, tampoco tiene un buen pronóstico. A la luz está que, por los resultados electorales que están ocurriendo, evidentemente Macri puede ser el líder natural para el PRO pero no para los miembros de los otros partidos.

"Ya hay un estado febril importante. El estado deliberativo del radicalismo es notorio. Evitar el debate no sería de radicales".

-¿La elección de Córdoba va a ser un termómetro para la convención?

-Ya hay un estado febril importante. Lo de Córdoba puede dar más elementos. El estado deliberativo del radicalismo es notorio. Ocultarlo, tratar de taparlo con una mano, sería un error político gravísimo porque, por evitar mostrar la fisura, la fisura se está produciendo de hecho.

-¿La conducción partidaria está buscando evitar la convención?

-No puedo dar fe de eso. Pero evitar el debate no sería de radicales. Hoy por hoy lo importante sería canalizar la discusión y no ningunear porque por ningunear también están pasando estas cosas. En algún momento tuve una discusión con correligionarios porque ninguneaban a dirigentes considerados marginales. Hay que tener mucha autoridad moral para considerar a alguien marginal en el radicalismo, porque los marginales de hoy pueden no serlo mañana.
 


En gran medida, ha pasado lo que ha pasado porque el liderazgo colectivo del radicalismo ha estado ausente, porque, cuando no tenemos un Raúl Alfonsín, el liderazgo colectivo se debería haber armado sobre la base del respeto, de la tolerancia, de la discusión política y evidentemente se optó por el camino del seguidismo irreflexivo a los lineamientos del Gobierno nacional.

"Hacer seguidismo irreflexivo es nocivo para todos, sobre todo para el Presidente".

-O sea, ¿hay una subestimación hacia aquellos dirigentes que no ocupan cargos, caso Storani por ejemplo?

-Totalmente. Lo digo con todas las letras: hubo una subestimación y en realidad fue una subestimación engañosa porque subestimaron sobre todo a Storani, Alfonsín y demás por la cuestión de no tener territorio, etcétera. Lo que pasa es que la política tiene dos fases: la faz agonal y la faz arquitectónica.

La lectura política es una cosa muy importante y si hoy Storani, con quien milito hace mucho tiempo, como se dice en el campo ‘rasca donde pica’, eso no se puede subestimar, porque ha habido otros que en vez de hacer un análisis político se dedicaron a hacer ‘saludo uno, saludo dos’ y a hacer seguidismo irreflexivo y eso es nocivo para todos, sobre todo para el Presidente. El radicalismo no tendría que haber dicho sí tantas veces, se tendría que haber plantado en algún momento y haber dicho las cosas que se tenían que hacer y no hubiésemos llegado a la situación que estamos en este momento.

“Muchos radicales no quieren el pasado, pero tampoco cuatro años más de ajuste”

El diputado nacional reclama la convención para definir el futuro de la UCR. Apela a “construir algo que supere la fatídica grieta”. El lastre M, los que ningunean y el “seguidismo irreflexivo”.

“La discusión existe, está en las calles, en los cafés, en las universidades”. Para el diputado nacional por la UCR Alejandro Echegaray, el debate sobre el rumbo próximo que debe tomar el radicalismo se filtra “en las bases de la sociedad que se quiere representar”. Al mirar a ese “sujeto político histórico” del radicalismo que se posa sobre la clase media, el legislador registra: “Cada vez hay más gente que votó a Macri que decididamente no quiere volver a votarlo. Es un dato de la realidad. Hay comerciantes, profesionales, docentes, estudiantes... Entonces, ese sol no se puede tapar con la mano”, sostiene en diálogo con Letra P.

De ese análisis, no duda en identificar un pedido desde el llano: “Que consideremos la posibilidad de llevar a Macri o cambiar”, por lo que pide escuchar a “los radicales que no quieren volver al pasado, pero tampoco cuatro años más de ajuste”.

Sin embargo, aún no tiene fecha la convención nacional radical, el ámbito institucional donde el legislador pretende discutir “con todos los escenarios sobre la mesa” la apuesta electoral del partido centenario para las próximas elecciones. “En todo caso, si después terminamos todos con Macri, que sea producto de una discusión que, actualmente, se está tratando de negar. Lo más saludable sería no tapar esa discusión, sino habilitarla en serio y sin ningún tipo de amedrentamiento. Taparla, va a ser lo peor”, indica.  

Alineado al sector que tiene dentro de sus principales referentes a Federico Storani, Echegaray subraya que el “estado deliberativo del radicalismo es notorio” y que ocultarlo “sería un error político gravísimo”.

“Por evitar mostrar la fisura, la fisura se está produciendo de hecho”, dispara directo a la conducción partidaria, hacia donde también dirige los cuestionamientos por un “seguidismo irreflexivo” al Gobierno y por “ningunear” a dirigentes históricos del radicalismo, como Storani, que mantienen una posición crítica hacia el rol de la UCR en Cambiemos y que por estos días se inclina a una articulación con Roberto Lavagna.



 

-¿Por dónde debe pasar el centro de la discusión de darse la convención?

-Por no excluir ningún escenario de la lectura política, ninguna posibilidad. La virtud de Gualeguaychú en su momento fue analizar la realidad de aquel momento, producir un equilibrio de la política argentina y construir una alternativa que terminó siendo exitosa desde lo electoral pero no mucho más que eso. No pudimos construir una verdadera coalición de gobierno. Eso explica en gran medida los problemas en los que estamos hoy.

De cara a una posible convención, el radicalismo debería discutir de vuelta y discutir todos los escenarios posibles, la posibilidad de continuar en Cambiemos, de ampliarlo, como la posibilidad de evaluar otras candidaturas, pero más que candidaturas, cómo hacemos para resolver los problemas que no hemos podido resolver en estos cuatro años: la inflación, la pobreza, los temas con los cuales el mismo Cambiemos pedía ser evaluado y en los que evidentemente hemos fracasado.

-¿La libertad de acción sería un salida?

-Más que libertad de acción espero que podamos ofrecer a los argentinos una salida, no la libertad de acción para que sea un viva la pepa. Cuando hace más de un mes dirigentes como Federico Storani proponían que se hiciera unas PASO proactivas, no unas PASO de engaña pichanga, nos contestaron rotundamente que no porque el líder natural era Macri. Con todo respeto por el presidente, Macri no es nuestro líder natural. Se desaprovechó esa oportunidad lamentablemente, ya para eso es tarde y hoy hay que evaluar varias cosas más.



-¿Cómo cuáles? ¿Avanzar en una construcción por fuera de Cambiemos, por ejemplo?

-Entre otras, la posibilidad de que el radicalismo discuta en base a la lectura política de que muchos radicales y muchos sectores de la sociedad no quieren volver al pasado pero tampoco quiere cuatro años más de ajuste por delante. El radicalismo, como partido nacional de raigambre popular y democrática, debe construir algo que supere la fatídica grieta.

-¿Pero esa grieta se supera continuando en Cambiemos?

-Continuando en Cambiemos o generando alguna alternativa de construcción política que por este momento también se está evaluando. Si bien no figura aún como una candidatura ya lanzada, hay sectores del radicalismo que no les disgusta y están planteando el tema de Lavagna. Que en la convención se discuta con todos los escenarios sobre la mesa.

-En la provincia de Buenos Aires la conducción partidaria busca exhibir un respaldo mayoritario de los convencionales a la continuidad de Cambiemos. ¿Sucede lo mismo en el resto del país? ¿Qué lectura hace del escenario del radicalismo previo a la convención?

-Más que pensar en mayorías o minorías, lo peor que puede ocurrir es que clausuren un debate en el radicalismo. Que se tome la convención de Gualeguaychú como punto de inicio y de llegada. No, es un punto de inicio. Esta nueva convención en todo caso será un punto de reafirmación de Gualeguaychú o un punto de rediscusión, ampliación o lo que fuera, porque la política es dinámica.
 


Semanas previas a la convención de Gualeguaychú los guarismos de convencionales nacionales en aquel entonces eran también abrumadoramente mayoritarios en contra de la posición que finalmente se tomó. Luego, en el trascurso y hasta que se dio la convención, muchos de esos convencionales reconsideraron su posición y terminó siendo mayoritaria a favor de Cambiemos. Es dinámica la realidad de los convencionales en todos los puntos del país.

"El hecho que haya dirigentes radicales que planteen que Macri ha sido un lastre en más de una provincia es un dato de la realidad".

-¿Cómo considera la posibilidad de un vice radical de Macri?

-Si no hay un planteo de reconsideración de lo que debe ser una coalición de gobierno, puede llegar a ser también una situación compleja. En estos días, escuché a periodistas y dirigentes decir que Macri está en una determinada laguna y que habría que ponerle un vice radical que esté en otra laguna. Si eso se hace bien, fantástico. Pero si se hace mal y se hace como una maniobra meramente oportunista y electoralista, puede ocurrir que los peces terminen siendo más inteligentes que los pescadores y terminemos no pescando nada.

Con alta política deberíamos salir de esta situación. Para algunos que están en el eje del Gobierno la política es una mala palabra. Si se hace una fórmula y eso es artificioso, a la larga no va a funcionar. Hay grandes sectores de la sociedad que han roto hasta culturalmente con el presidente Macri, es un dato de la realidad. El hecho que haya dirigentes radicales que planteen que Macri ha sido un lastre en más de una provincia es un dato de la realidad.
 


-¿Lo sucedido en Entre Ríos va en línea con eso?

-Y en Chubut y otros lugares. El presidente del comité Chubut lo planteó. En el caso de Entre Ríos se esperaba una diferencia de diez puntos y fue de 24. Lo que hay por delante, las elecciones de Santa Fe y Córdoba, tampoco tiene un buen pronóstico. A la luz está que, por los resultados electorales que están ocurriendo, evidentemente Macri puede ser el líder natural para el PRO pero no para los miembros de los otros partidos.

"Ya hay un estado febril importante. El estado deliberativo del radicalismo es notorio. Evitar el debate no sería de radicales".

-¿La elección de Córdoba va a ser un termómetro para la convención?

-Ya hay un estado febril importante. Lo de Córdoba puede dar más elementos. El estado deliberativo del radicalismo es notorio. Ocultarlo, tratar de taparlo con una mano, sería un error político gravísimo porque, por evitar mostrar la fisura, la fisura se está produciendo de hecho.

-¿La conducción partidaria está buscando evitar la convención?

-No puedo dar fe de eso. Pero evitar el debate no sería de radicales. Hoy por hoy lo importante sería canalizar la discusión y no ningunear porque por ningunear también están pasando estas cosas. En algún momento tuve una discusión con correligionarios porque ninguneaban a dirigentes considerados marginales. Hay que tener mucha autoridad moral para considerar a alguien marginal en el radicalismo, porque los marginales de hoy pueden no serlo mañana.
 


En gran medida, ha pasado lo que ha pasado porque el liderazgo colectivo del radicalismo ha estado ausente, porque, cuando no tenemos un Raúl Alfonsín, el liderazgo colectivo se debería haber armado sobre la base del respeto, de la tolerancia, de la discusión política y evidentemente se optó por el camino del seguidismo irreflexivo a los lineamientos del Gobierno nacional.

"Hacer seguidismo irreflexivo es nocivo para todos, sobre todo para el Presidente".

-O sea, ¿hay una subestimación hacia aquellos dirigentes que no ocupan cargos, caso Storani por ejemplo?

-Totalmente. Lo digo con todas las letras: hubo una subestimación y en realidad fue una subestimación engañosa porque subestimaron sobre todo a Storani, Alfonsín y demás por la cuestión de no tener territorio, etcétera. Lo que pasa es que la política tiene dos fases: la faz agonal y la faz arquitectónica.

La lectura política es una cosa muy importante y si hoy Storani, con quien milito hace mucho tiempo, como se dice en el campo ‘rasca donde pica’, eso no se puede subestimar, porque ha habido otros que en vez de hacer un análisis político se dedicaron a hacer ‘saludo uno, saludo dos’ y a hacer seguidismo irreflexivo y eso es nocivo para todos, sobre todo para el Presidente. El radicalismo no tendría que haber dicho sí tantas veces, se tendría que haber plantado en algún momento y haber dicho las cosas que se tenían que hacer y no hubiésemos llegado a la situación que estamos en este momento.