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Luis Baldo vuelve a ser el postulante oficial de la alianza en este distrito peronista K. El ministro De la Torre ubicó al ex massista Luna, mientras el radicalismo bulle en fuertes internas.
Por 22/03/2019 10:00

Durante 12 años -tres gestiones sucesivas-, Luis Baldo gobernó el distrito bonaerense de Villa Gesell con el sello radical. Ahora, elegido por la gobernadora María Eugenia Vidal como el principal candidato para pelear el balneario, se ilusiona con destronar de la jefatura municipal al peronista K Gustavo Barrera.

No obstante, en este proceso el ex jefe comunal avivó la histórica interna que mantiene con su correligionario Jorge Martínez Salas, quien encabeza el ala conservadora y menos pro Cambiemos del partido y dejó la puerta abierta para que se sumara la pata peronista, digitada por el ministro de Gobierno, Joaquín de la Torre, quien sumó entre los candidatos al concejal Hernán Luna.

 

 

En este nuevo panorama, Baldo tiene la venia de Vidal, pero Martínez Salas planea presentar lista propia si no le habilitan la interna y con nueva candidata, que es la titular de la UCR local, Claudia Cima. Luna, con menos chances, observa con atención la pesca en el río revuelto.

En este esquema, pesa además la estrategia que ponga en marcha el intendente Barreara, quien tiene chances de ganar solo si acuerda la unidad de todo el espacio peronista y no repite el error de 2017, cuando la división interna lo llevó a la derrota legislativa.

EL CAMBIO. Desde la llegada de Vidal al gobierno, Luis Baldo, un radical muy pragmático en su accionar, se alineó y se consolidó como línea vidalista en el distrito y también logró afianzar lazos con intendentes PRO vecinos, como el caso de Martín Yeza, de Pinamar.

 

 

Esta lógica siempre estuvo en sintonía con lo dictado por su amigo correligionario, el vicegobernador Daniel Salvador, jefe del radicalismo bonaerense.

Pero este vidalismo explícito le generó a Baldo fuertes roces internos en la UCR local, que tiene una procedencia más conservadora y defensora de los colores partidarios.

Esa línea es comandada por el ex concejal Martínez Salas, que fue el sucesor de Baldo como candidato a la intendencia y que perdió contra los peronistas Jorge Rodríguez Erneta en 2011 y Barrera en 2015.

 

 

Matínez Salas maneja también el ala rebelde de la UCR en el espacio Cambiemos y, a diferencia del ex intendente, siempre se mostró crítico de varias de las decisiones adoptadas por el gobierno nacional. El año pasado, el ex concejal desoyó el mandato de Salvador y, lejos de acordar una lista de unidad en las elecciones partidarias, mocionó la candidatura de Claudia Cima, titular de la ANSES local, quien finalmente ganó la pulseada contra el candidato propuesto por Baldo. A partir de ese momento, Cima pasó a ser la candidata a la intendencia propuesta por Martínez Salas.

Consciente de la bendición vidalista que pesa sobre Baldo, Martínez Salas ya anticipó que, si no le dieran lugar en la interna de Cambiemos, presentaría lista por fuera del espacio y batallaría en las PASO.

Consciente de la bendición vidalista que pesa sobre Baldo, el ex concejal ya anticipó que, si no le dieran lugar en la interna de Cambiemos, presentaría lista por fuera del espacio y batallaría en las PASO.

Para el peronismo, éste es el mejor panorama, ya que una interna tan combativa ayuda a dividir los votos, aunque evalúan que en esa contienda el mejor ganador sería Baldo.

El ex intendente tiene como mochila el desgaste de sus gestiones pasadas, a lo que suma la antipatía que genera en el electorado su defensa de la gestión nacional. Por el contrario, Cima es una dirigente sin residuos de jefaturas pasadas, que reemplazó en el cargo de la ANSES al peronista Sebastián Álvarez en 2015 y parece representar mejor la imagen del “cambio” que fogonea el gobierno.

Para el peronismo, casi como una copia de la estrategia del oficialismo, es mejor pelear la elección con el pasado que representa Baldo y no con una nueva figura que podría recrear en el electorado la idea de una renovación.

La tercera opción del oficialismo provincial es Luna, un dirigente de raíz peronista que tuvo su primer mandato como concejal con el sello del Frente para la Victoria, un segundo período por el Frente Renovador y ahora espera ascender con Cambiemos.

 

 

A Luna lo cobija a nivel regional el diputado provincial de Mar del Plata Lucas Fiorini, quien ingresó a la Legislatura por el sector del ministro De la Torre.

El actual concejal, que se armó un bloque propio denominado Crear cuando se distanció del armado liderado por Sergio Massa, fue incorporado recientemente como uno de los posibles candidatos, aunque con escasa chance de abrir una interna en Cambiemos.

Al igual que Cima, Luna suma a favor la “novedad” de ser un dirigente sin pasado en la gestión, aunque no lo ayudan mucho sus varias mudanzas partidarias, que generan más desconfianza que certezas.

En una etapa donde Vidal extrema el purismo que pretende de sus candidatos, Luna parece más atado al antojo de De la Torre que a una candidatura real.

 

En tanto en el peronismo, Barrera, un “perro verde” de la política, como lo denominan algunos sectores internos del PJ local, todavía no definió como será su armado.

 

En tanto, en el peronismo, Barrera, un “perro verde” de la política, como lo denominan algunos sectores internos del PJ local, todavía no definió cómo será su armado.

El jefe comunal llegó a la intendencia de forma interina cuando debió reemplazar al ex jefe comunal Rodríguez Erneta, quien fue designado por Florencio Randazzo funcionario del Ministerio del Interior de la Nación.

Barrera buscó desde ese momento despegar de la línea de su ex jefe político y sumó a diferentes sectores en su estructura, pero nunca consolidó un espacio de unidad con la línea tradicional del peronismo. Está situación lo llevó a la derrota en 2017, cuando el sector liderado por el ex concejal Sebastián Álvarez terminó llevándose los votos que hubiera precisado para ganarle a Cambiemos.

Gesell: la pulseada entre el elegido, un radical díscolo y el peronista colado

Luis Baldo vuelve a ser el postulante oficial de la alianza en este distrito peronista K. El ministro De la Torre ubicó al ex massista Luna, mientras el radicalismo bulle en fuertes internas.

Durante 12 años -tres gestiones sucesivas-, Luis Baldo gobernó el distrito bonaerense de Villa Gesell con el sello radical. Ahora, elegido por la gobernadora María Eugenia Vidal como el principal candidato para pelear el balneario, se ilusiona con destronar de la jefatura municipal al peronista K Gustavo Barrera.

No obstante, en este proceso el ex jefe comunal avivó la histórica interna que mantiene con su correligionario Jorge Martínez Salas, quien encabeza el ala conservadora y menos pro Cambiemos del partido y dejó la puerta abierta para que se sumara la pata peronista, digitada por el ministro de Gobierno, Joaquín de la Torre, quien sumó entre los candidatos al concejal Hernán Luna.

 

 

En este nuevo panorama, Baldo tiene la venia de Vidal, pero Martínez Salas planea presentar lista propia si no le habilitan la interna y con nueva candidata, que es la titular de la UCR local, Claudia Cima. Luna, con menos chances, observa con atención la pesca en el río revuelto.

En este esquema, pesa además la estrategia que ponga en marcha el intendente Barreara, quien tiene chances de ganar solo si acuerda la unidad de todo el espacio peronista y no repite el error de 2017, cuando la división interna lo llevó a la derrota legislativa.

EL CAMBIO. Desde la llegada de Vidal al gobierno, Luis Baldo, un radical muy pragmático en su accionar, se alineó y se consolidó como línea vidalista en el distrito y también logró afianzar lazos con intendentes PRO vecinos, como el caso de Martín Yeza, de Pinamar.

 

 

Esta lógica siempre estuvo en sintonía con lo dictado por su amigo correligionario, el vicegobernador Daniel Salvador, jefe del radicalismo bonaerense.

Pero este vidalismo explícito le generó a Baldo fuertes roces internos en la UCR local, que tiene una procedencia más conservadora y defensora de los colores partidarios.

Esa línea es comandada por el ex concejal Martínez Salas, que fue el sucesor de Baldo como candidato a la intendencia y que perdió contra los peronistas Jorge Rodríguez Erneta en 2011 y Barrera en 2015.

 

 

Matínez Salas maneja también el ala rebelde de la UCR en el espacio Cambiemos y, a diferencia del ex intendente, siempre se mostró crítico de varias de las decisiones adoptadas por el gobierno nacional. El año pasado, el ex concejal desoyó el mandato de Salvador y, lejos de acordar una lista de unidad en las elecciones partidarias, mocionó la candidatura de Claudia Cima, titular de la ANSES local, quien finalmente ganó la pulseada contra el candidato propuesto por Baldo. A partir de ese momento, Cima pasó a ser la candidata a la intendencia propuesta por Martínez Salas.

Consciente de la bendición vidalista que pesa sobre Baldo, Martínez Salas ya anticipó que, si no le dieran lugar en la interna de Cambiemos, presentaría lista por fuera del espacio y batallaría en las PASO.

Consciente de la bendición vidalista que pesa sobre Baldo, el ex concejal ya anticipó que, si no le dieran lugar en la interna de Cambiemos, presentaría lista por fuera del espacio y batallaría en las PASO.

Para el peronismo, éste es el mejor panorama, ya que una interna tan combativa ayuda a dividir los votos, aunque evalúan que en esa contienda el mejor ganador sería Baldo.

El ex intendente tiene como mochila el desgaste de sus gestiones pasadas, a lo que suma la antipatía que genera en el electorado su defensa de la gestión nacional. Por el contrario, Cima es una dirigente sin residuos de jefaturas pasadas, que reemplazó en el cargo de la ANSES al peronista Sebastián Álvarez en 2015 y parece representar mejor la imagen del “cambio” que fogonea el gobierno.

Para el peronismo, casi como una copia de la estrategia del oficialismo, es mejor pelear la elección con el pasado que representa Baldo y no con una nueva figura que podría recrear en el electorado la idea de una renovación.

La tercera opción del oficialismo provincial es Luna, un dirigente de raíz peronista que tuvo su primer mandato como concejal con el sello del Frente para la Victoria, un segundo período por el Frente Renovador y ahora espera ascender con Cambiemos.

 

 

A Luna lo cobija a nivel regional el diputado provincial de Mar del Plata Lucas Fiorini, quien ingresó a la Legislatura por el sector del ministro De la Torre.

El actual concejal, que se armó un bloque propio denominado Crear cuando se distanció del armado liderado por Sergio Massa, fue incorporado recientemente como uno de los posibles candidatos, aunque con escasa chance de abrir una interna en Cambiemos.

Al igual que Cima, Luna suma a favor la “novedad” de ser un dirigente sin pasado en la gestión, aunque no lo ayudan mucho sus varias mudanzas partidarias, que generan más desconfianza que certezas.

En una etapa donde Vidal extrema el purismo que pretende de sus candidatos, Luna parece más atado al antojo de De la Torre que a una candidatura real.

 

En tanto en el peronismo, Barrera, un “perro verde” de la política, como lo denominan algunos sectores internos del PJ local, todavía no definió como será su armado.

 

En tanto, en el peronismo, Barrera, un “perro verde” de la política, como lo denominan algunos sectores internos del PJ local, todavía no definió cómo será su armado.

El jefe comunal llegó a la intendencia de forma interina cuando debió reemplazar al ex jefe comunal Rodríguez Erneta, quien fue designado por Florencio Randazzo funcionario del Ministerio del Interior de la Nación.

Barrera buscó desde ese momento despegar de la línea de su ex jefe político y sumó a diferentes sectores en su estructura, pero nunca consolidó un espacio de unidad con la línea tradicional del peronismo. Está situación lo llevó a la derrota en 2017, cuando el sector liderado por el ex concejal Sebastián Álvarez terminó llevándose los votos que hubiera precisado para ganarle a Cambiemos.