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Como termómetro del clima frío en la relación, Brasil será representado por su ministro de Ciudadanía en la asunción del presidente electo de la Argentina. El precedente de Macri para justificarlo.
Por 06/11/2019 17:58

Si bien cedió algo en su irreductible posición inicial de evitar toda presencia en la asunción de Alberto Fernández el 10 de diciembre, Jair Bolsonaro optó por reducir drásticamente el perfil de la delegación que representará al gobierno de Brasil. Así, después de haber anunciado que él mismo no asistiría, también le bajó el pulgar a la anunciada presencia del vicepresidente, el general Hamilton Mourão, y ordenó que sea el ministro de Ciudadanía, Osmar Terra, quien llegue a Buenos Aires.

Así lo afirmó el diario O Globo. En la oficina del funcionario aún no se confirmó oficialmente esa información, pero se aclaró que este aceptaría de buena gana el encargo del mandatario, según supo Letra P

Se tratará de la primera vez en 17 años que un presidente de Brasil no asiste a la toma de posesión de un homólogo argentino. Sin embargo, en Brasilia cuentan con un antecedente que hacen pesar: el 1 de enero último, cuando asumió Bolsonaro, Mauricio Macri se abstuvo de viajar a la ceremonia por estar de vacaciones y envió al canciller, Jorge Faurie, omisión que reparó poco después con una visita oficial.

Esta vez no es el descanso lo que impide que Bolsonaro asista. Son conocidos sus desacuerdos con el gobierno entrante, sobre todo en materia de la apertura del Mercosur, algo que el ala ideológica y de ultraderecha de su administración empuja con la mira puesta en una eventual salida de Brasil del bloque.

En ese marco es que debe leerse la decisión de enviar una delegación degradada con respecto a la deseable y esperable entre dos socios que hasta hoy han sido tan estrechos. Excluido también el canciller Ernesto Araújo, solo quedaba un escalón por bajar en lo que hace a la representación brasileña en la toma de posesión: que solo asistiera el embajador Sérgio França Danese.

Terra, médico neurólogo de 68 años nacido en Porto Alegre, es un conocedor de la Argentina, ya que en los años 70 vivió exiliado en Buenos Aires para huir de la represión del régimen militar. Sin embargo, con el tiempo fue adoptando posiciones de derecha dura que lo han llevado a afirmar, por ejemplo, que si hubiese una droga que él pudiera erradicar sería “la marihuana porque destruye el cerebro”.

 

 

El vicepresidente Mourão, que fue bajado del viaje, es uno de los referentes del ala militar del gobierno, la más favorable al mantenimiento de lazos estrechos con la Argentina y que por eso rivaliza con la facción ideológica y con la ultraliberal, que responde al ministro de economía Paulo Guedes.

Por esa razón, el general Mourão podría tener buenos motivos personales para querer venir a la Argentina… y Bolsonaro para evitarlo. Su llegada no solo había sido filtrada por el equipo de Fernández sino también comentada por el propio militar a sus íntimos.

Bolsonaro mantiene de este modo la tensión con la Argentina, algo que será difícil de resolver dados los puntos de vista divergentes entre él y Alberto Fernández en materias tan sensibles como el carácter justo o abusivo de la prisión de Luiz Inácio Lula da Silva, la apertura comercial del Mercosur, una reducción radical del Arancel Externo Común del bloque y la posibilidad de que cada uno de sus miembros negocie y aplique individualmente tratados comerciales con terceras partes.