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El escrutinio daba ganador a Evo Morales en primera vuelta por décimas de punto. Oposición y oficialismo salieron a la calle. Imágenes y testimonios exclusivos desde las calles paceñas.
Por 21/10/2019 22:08

LA PAZ (Especial) Apenas 24 horas después de que hayan cerrado las urnas electorales en los comicios nacionales de Bolivia, la tensión y la convulsión social ganaron las calles de esta ciudad.

 

 

A raíz de que el conteo preliminar oficial se detuvo de forma imprevista en un 83% y no se pudo determinar si Evo Morales ganaba en primera vuelta o debía ir a un ballotage con el candidato de Comunidad Ciudadana (CC), Carlos Mesa, la oposición denunció fraude y convocó a la “movilización social”. La duda existía en relación al faltante de los votos porque correspondían a las zonas rurales y al exterior, dos sectores históricamente proclives al oficialismo que, con esos votos, aseguraba que ganaba en este primer término.

 

 

En la tarde de este lunes, cientos de opositores, convocados por dirigentes políticos, se instalaron en los alrededores del Hotel Real, donde opera el Supremo Tribunal Electoral (TSE), para exigir el recuento final y “defender” el ballotage. Los sectores oficialistas respondieron de la misma manera y se acercaron para “defender” la victoria de Morales en primera vuelta. Los manifestantes quedaron divididos en la esquina de la coqueta Plaza Bolivia por un cordón policial.

 

 

Mientras ambas movilizaciones mantenían la vigília, se vivieron momentos de máxima tensión. Las imágenes recuerdan las peores épocas de Bolivia, cuando el país estaba dividido por fuertes contenidos de clase y racismo. Una época, antes de la llegada de Morales al Palacio Quemado, en la cual las cholas, la mujer típica boliviana, no podía bajar hasta el Sur de La Paz -la zona más exclusiva y cara- porque eran golpeadas y linchadas por sectores blancos racistas y violentos.

 

 

Este lunes, las dos facciones estaban divididas no sólo por un cordón policial sino, también, por cuestiones de clase. El sector opositor estaba claramente marcado por gente de piel más blanca, de una clase social más alta, con ropa de moda, auriculares con bluetooth y sacos. Del otro lado, los seguidores de Morales, con ropas gastadas y usadas, uniformes de trabajo y la piel más oscura. “Indios de mierda”, “vayan a bañarse”, “vayan a mascar coca” o “vayan a estudiar”, gritaban hombres y mujeres identificados con la oposición que llegaron a incendiar una bandera del oficialista Movimiento Al Socialismo - Instrumento Político para la Soberanía de los Pueblos (MAS-IPSP).

 

 

Al mismo tiempo, mientras se producían corridas y enfrentamientos entre algunos manifestantes, el TSE retomó el recuento de los votos y, con el 95,3% de los votos escrutados, Morales llegó hasta el 46,86%, mientras que Mesa alcanzó el 36,72%.Con estos números, el actual presidente consigue la victoria en primera vuelta, ya que logra superar a su rival más cercano por más de diez puntos.

 

 

Esto generó una profundización de la violencia que se vivía en la Plaza Bolivia y las botellas se convirtieron en piedras y los manifestantes opositores intentaron ingresar al recinto donde se realizaba el recuento de los votos mientras la Policía comenzó a desalojar la zona. Por su parte, Mesa manifestó que se trata de “un fraude escandaloso”.

A pesar de que el TSE retomó el recuento de los votos y de que el procedimiento cuenta con el seguimiento de la misión de observadores de la Organización de los Estados Americanos (OEA), la tensión social no sólo no se alivió sino que, por el contrario, aumentó a raíz de una oposición que ya manifestó que no reconocerá estos resultados.

 

 

El futuro de Bolivia es incierto porque la victoria de Evo Morales podría no ser ratificada por el resto de las fuerzas políticas, que ya comenzaron a convocar a la movilización social para evitar su triunfo.

El seguimiento y la participación internacional, además de la serenidad política y social, serán claves para resolver el peor escenario al que se enfrentaba el país antes de las elecciones del domingo: una victoria escueta por parte del oficialismo ante una oposición que no lo reconoce e intenta evitarlo a través de la convulsión social.