X
El candidato de Todos reivindicó el trabajo formal como ordenador social frente al posicionamiento coordinado de Macri, Espert y Gómez Centurión de modificar las formas de contratación.
Por 20/10/2019 23:45

Sin nombrarla, buena parte del segmento sobre Trabajo, Producción e Infraestructura del debate de candidatos presidenciales giró en torno a uno de los ejes centrales de la fallida reforma laboral que impulsó Mauricio Macri, sin éxito, durante sus años de gobierno: la modificación de las condiciones empleo.

El reclamo más extremo estuvo protagonizado por Juan José Gomez Centurión y José Luis Espert, que arengaron por una desregulación del mercado de trabajo, abonando un ataque abierto contra la "oligarquía sindical". Las demandas de los candidatos derechistas coincidió con el previsible balance positivo que hizo Macri sobre su propia gestión, pero también con la necesidad de “reducir el costo de contratación” que propuso Roberto Lavagna

“El Presidente 'uberizó' la economía”, tiró Alberto Fernández cuando tomó la palabra en un bloque temático que después se desdibujó entre chicanas sobre la corrupción en el Estado. Casi en soledad, el candidato peronista centró los dardos sobre Macri y le facturó el cierre de miles de pequeñas y medianas empresas y la eliminación del Ministerio de Trabajo. 

“Tenemos un presidente que piensa que el trabajo no es un costo y consecuentemente, no le gusta el trabajo. El trabajo en blanco, formal, es la mejor garantía de para la paz social”, dijo el candidato del Frente de Todos.

 

 

Inmediatamente después, Macri, más que responderle a su adversario, se concentró en resaltar los cambios que lograron el puñado de actividades donde sus funcionarios y las patronales de esos sectores consiguieron introducir cambios en las condiciones de trabajo. En particular, levantó el acuerdo conseguido con el gremio petrolero para la explotación de Vaca Muerta y los cambios en el convenio del gremio de la carne, dos rubros vinculados con la exportación y el desembarco de empresas multinacionales que, hasta ahora, no produjeron ni de cerca un boom de empleo.

Entre sus logros, el Presidente no dejó de mencionar la política de cielos abiertos, "la revolución de los aviones" según el eslogan oficial, que implicó el desembarco de aerolíneas low cost. En un doble juego, Macri ponderó positivamente que medio millón de personas hayan viajado por primera vez en aviones de esas compañías, que trajeron consigo también la pérdida de derechos laborales de sus empleados.

 

 

La voz más radical en este aspecto fue la de Espert que, de corrido y sin vueltas, fustigó a la "oligarquía sindical" y propuso eliminar las indemnizaciones por despido y reemplazar por seguros de desempleo. Además, agitó la posibilidad de descentralizar la discusión colectiva sectorial, lo que habilitaría a negociaciones por empresa de las condiciones laborales y salariales, y la eliminación de las contribuciones patronales. "Puede sonar un poco pro empresario", admitió sin ironía el candidato de Despertar.

En sintonía, Gómez Centurión arremetió contra los sindicatos pero curiosamente reclamando "democracia sindical" y que se limite la posibilidad de reelección de los dirigentes gremiales.

Lavagna, por su parte, volvió a explotar las críticas con el oficialismo pero en un tono mucho más "mercado friendly" que el candidato del peronismo. La diferencia quedó expuesta cuando el ex ministro de Economía de Néstor Kirchner propuso "bajar los costos laborales" para caminar hacia la creación de dos millones de puestos de trabajo en pymes. 

El contraste más fuerte con el pedido de desregulación se expresó en la intervención del candidato del Frente de Izquierda, Nicolás del Caño, que recordó que el mismo día del debate se cumplen ocho años de la muerte de Mariano Ferreyra, un joven militante del Partido Obrero que fue asesinado a balazos durante un conflicto ferroviario de trabajadores tercerizados.