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Enfocado en cómo surfear la crisis, el establishment cree que el evento con los líderes le da ánimo a un Macri que no hace pie en el frente interno. Un intangible de duración dudosa.
Por 03/12/2018 17:06

El empresariado es un ente heterogéneo, pero entre los que manejan poder, lobby e influencias, la organización con éxito de la Cumbre del G20 tiene una única lectura: un envión anímico para el presidente Mauricio Macri, en el marco de una crisis económica y política que Cambiemos venía padeciendo. Como contó Letra P el viernes último, los CEOs entienden que la agenda del evento de líderes no es prioritaria para la realidad argentina, aunque sí destacan casi lo único que el Ejecutivo parece tener claro en materia de planeamiento económico: la obsesión por abrirse al mundo.

 

 

Esa vertiente tiene algunos detractores, sobre todo en los industriales de la UIA y las entidades pyme como CGERA y CAME. Estos sectores exigen tener cuidado con la apertura. A decir verdad, el gesto aperturista representa casi una osadía en un mundo que va hacia el proteccionismo y donde los grandes depredan a los chicos que se abren. “Mauricio está convencido de que la salida es comerciar con Europa y el Pacífico”, contó a este medio uno de los empresarios que estuvieron en la gala del Colón, el broche de oro que la Casa Rosada usará como punta de lanza del relanzamiento político hacia 2019.

 

 

Todo en un escenario que no le dio al mandatario ni un par de horas para disfrutar de las mieles de una cumbre ordenada. El sábado, mientras los líderes ya empezaban a regresar a sus países, la Cámara Argentina de la Mediana Empresa (CAME), comunicó que las ventas minoristas bajaron 15% interanual en noviembre, las décimo primera contracción consecutiva. En paralelo, las ventas de vehículos cero kilómetro bajaron 46% según la Asociación de Concesionarios (ACARA). El jueves 6 de diciembre, en tanto, 1000 pymes anunciaron que irán al Congreso para presentarles a los legisladores propuestas para “soluciones a la economía”. Lo organiza Industriales Pymes Argentinos (IPA), que aclaró que la situación de las empresas es “terminal”.

 

 

Esta semana terminará, además, con un dato fuerte y negativo: el Observatorio de la Deuda Social de la Universidad Católica (UCA) dará a conocer su medición de pobreza, impactada con fuerza por los niveles de inflación récord. Así, el G20 es un inflador que entusiasma al Gobierno y a los empresarios que creen que el proyecto Cambiemos no tiene alternativas a la hora de pensar en las próximas presidenciales. Esta postura la sostienen incluso aquellos CEOs que, con poder y envergadura, tienen números rojos. De hecho, son pocos los que tienen negocios frondosos en la crisis. Contados con los dedos de una mano, sólo Techint (con nada más que el 10% de facturación en el país) y Clarín  (gran ganador con la fusión) zafan del coletazo de la recesión. O, mejor dicho, lo amortiguan con más suavidad.

En cuanto a los resultados concretos, lo que más entusiasmó al poder económico fueron los acuerdos alcanzados con China. El gigante asiático tiene excedentes en dinero que pone a disposición de buscadores de financiamiento como la Argentina. Y luego saca rédito propio en su afán de satisfacer la demanda de bienes y servicios. En la línea del elogio se manifestó el Grupo de los 6 (G6), que integran la Bolsa, la UIA, Camarco, CAC, la Rural y los bancos de ADEBA. "Las entidades integrantes del G-6 manifiestan su reconocimiento a la tarea del Gobierno Nacional al frente del G20, que reunió en la Ciudad de Buenos Aires a los mandatarios de los países más importantes del mundo", señalaron en un comunicado. En este sentido, se aclara que "los ejes definidos por la presidencia del G20 son de gran relevancia para el futuro de la economía global", a la vez que "los consensos conseguidos entre los líderes mundiales, en relación con un desarrollo justo y sostenido, resultan de suma importancia".

El resumen del éxito, además, se sustenta en el temor que los CEOs tenían, a priori, de los desmanes que podrían haberse producido y nunca ocurrieron. "Fue ejemplar", se entusiasmó un dirigente de AEA. Vale decir que en la previa, casi todas las cámaras empresarias se juraron dejar pasar la cumbre sin críticas a lo económico. Una especie de compromiso con un gobierno que apoyan y que hoy ven revitalizado, al menos circunstancialmente.