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La transferencia del gasto por subsidios al transporte detonó el proyecto que soñaba la gobernadora. Las obras para el año electoral, atadas a promesas de Macri. El plan para resistir la embestida K.
Por 06/11/2018 19:08

Un poco de bronca por lo que podría haber sido y un pequeño consuelo por lo que finalmente fue. El proyecto de ley de presupuesto bonaerense 2019 le generó un sabor "agridulce" a la gobernadora de la provincia de Buenos Aires, María Eugenia Vidal, que esperaba coronar con esta iniciativa un relato de gestión basado en la diferencia con el gobierno anterior del peronista Daniel Scioli. Esperaba mostrar que, luego de tres años de gestión y con la herencia de una provincia quebrada, había logrado arribar a un presupuesto sin déficit y con el gasto corriente asegurado.

 

 

“Iba a ser para lucirse”, se escuchó decir a un vidalista purísimo. Pero no fue. La transferencia del subsidio al transporte, decidido por el gobierno nacional, sumó un extra de 25 mil millones de pesos al gasto del presupuesto 2019.

A cambio, la gobernadora obtuvo la promesa del ministro de Economía, Nicolás Dujovne, de saldar en parte esa deuda política con un paquete de obras públicas. Sería una forma de justificar también los 19.000 millones de pesos que reclama como actualización del Fondo del Conurbano.

Vidal presentó este martes en el Senado bonaerense el proyecto que pudo pero que acredita, según remarcan en su entorno, un monto final sin ajuste, un plan de obra pública y un pedido de endeudamiento inferior al esperado.

 

 

Este es su pequeño logro, al punto que, con cierta ironía, un funcionario vidalista indicó a este portal que “si votaron los anteriores ni deberían dudar en votar éste”, en relación a la negociación con los bloques opositores.

Si se mira con otro cristal, el presupuesto que ordenó Vidal apuesta a esquivar el ajuste a costa de una puja salarial a la baja, unos retoques impositivos que implican incluso la creación de nuevos tributos y una reducción progresiva de la estructura del Estado. Esgrime un plan de infraestructura rescatado de la inercia de obras pautadas en años anteriores y exagera una reducción del pedido de deuda a partir de un rumor, lanzado por el propio oficialismo, que hablaba de un monto de 100.000 millones de pesos, muy superior a los 68.500 millones presentados finalmente.

 

Vidal tuvo la promesa del ministro de Economía, Nicolás Dujovne, vocero de las decisiones del presidente Macri, de saldar parte del nuevo gasto con un paquete de obras públicas 

 

EL RELATO. Todo presupuesto lleva escondida una estrategia para negociar su aprobación y un plan para exponerlo ante la opinión pública. Vidal entiende que, como en años anteriores y en una coyuntura de profunda crisis, la ley de leyes tendrá como escenario una fuerte embestida de la mayoría de los gremios y de los bloques legislativos de Unidad Ciudadana, según cuentan en su entorno.

“El kirchnerismo va a buscar generar un escenario político de violencia como ya hizo el año pasado”, definió sin eufemismos un funcionario bonaerense. Esta certeza tendrá un correlato directo en el gabinete de la mandataria, cuyos ministros serán los encargados de exhibir con datos y números las bondades de un presupuesto “razonable”.

“Contar de antemano, exponer la jugada kirchnerista antes que sea evidente”, remarcan en el entorno gubernamental.

Vidal apuesta a defender con fuerza esta iniciativa, que tendrá como prenda de negociación los tres cargos que esta cubrir en el Tribunal de Cuentas y los cuatro en el directorio del Banco Provincia, que fueron expresamente demorados para esta ocasión.

Vidal, del presupuesto perfecto a un presupuesto agridulce

La transferencia del gasto por subsidios al transporte detonó el proyecto que soñaba la gobernadora. Las obras para el año electoral, atadas a promesas de Macri. El plan para resistir la embestida K.

Un poco de bronca por lo que podría haber sido y un pequeño consuelo por lo que finalmente fue. El proyecto de ley de presupuesto bonaerense 2019 le generó un sabor "agridulce" a la gobernadora de la provincia de Buenos Aires, María Eugenia Vidal, que esperaba coronar con esta iniciativa un relato de gestión basado en la diferencia con el gobierno anterior del peronista Daniel Scioli. Esperaba mostrar que, luego de tres años de gestión y con la herencia de una provincia quebrada, había logrado arribar a un presupuesto sin déficit y con el gasto corriente asegurado.

 

 

“Iba a ser para lucirse”, se escuchó decir a un vidalista purísimo. Pero no fue. La transferencia del subsidio al transporte, decidido por el gobierno nacional, sumó un extra de 25 mil millones de pesos al gasto del presupuesto 2019.

A cambio, la gobernadora obtuvo la promesa del ministro de Economía, Nicolás Dujovne, de saldar en parte esa deuda política con un paquete de obras públicas. Sería una forma de justificar también los 19.000 millones de pesos que reclama como actualización del Fondo del Conurbano.

Vidal presentó este martes en el Senado bonaerense el proyecto que pudo pero que acredita, según remarcan en su entorno, un monto final sin ajuste, un plan de obra pública y un pedido de endeudamiento inferior al esperado.

 

 

Este es su pequeño logro, al punto que, con cierta ironía, un funcionario vidalista indicó a este portal que “si votaron los anteriores ni deberían dudar en votar éste”, en relación a la negociación con los bloques opositores.

Si se mira con otro cristal, el presupuesto que ordenó Vidal apuesta a esquivar el ajuste a costa de una puja salarial a la baja, unos retoques impositivos que implican incluso la creación de nuevos tributos y una reducción progresiva de la estructura del Estado. Esgrime un plan de infraestructura rescatado de la inercia de obras pautadas en años anteriores y exagera una reducción del pedido de deuda a partir de un rumor, lanzado por el propio oficialismo, que hablaba de un monto de 100.000 millones de pesos, muy superior a los 68.500 millones presentados finalmente.

 

Vidal tuvo la promesa del ministro de Economía, Nicolás Dujovne, vocero de las decisiones del presidente Macri, de saldar parte del nuevo gasto con un paquete de obras públicas 

 

EL RELATO. Todo presupuesto lleva escondida una estrategia para negociar su aprobación y un plan para exponerlo ante la opinión pública. Vidal entiende que, como en años anteriores y en una coyuntura de profunda crisis, la ley de leyes tendrá como escenario una fuerte embestida de la mayoría de los gremios y de los bloques legislativos de Unidad Ciudadana, según cuentan en su entorno.

“El kirchnerismo va a buscar generar un escenario político de violencia como ya hizo el año pasado”, definió sin eufemismos un funcionario bonaerense. Esta certeza tendrá un correlato directo en el gabinete de la mandataria, cuyos ministros serán los encargados de exhibir con datos y números las bondades de un presupuesto “razonable”.

“Contar de antemano, exponer la jugada kirchnerista antes que sea evidente”, remarcan en el entorno gubernamental.

Vidal apuesta a defender con fuerza esta iniciativa, que tendrá como prenda de negociación los tres cargos que esta cubrir en el Tribunal de Cuentas y los cuatro en el directorio del Banco Provincia, que fueron expresamente demorados para esta ocasión.