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El bono grieta: ganan Macri y las grandes empresas; pierden las pymes y la CGT

Los $5.000 sirvieron para sofocar el paro, pero complicaron a las pequeñas que pelean por no cerrar. El resto, más preocupado por una reunión “floja” y “misteriosa” sin anuncios de peso.
Por 06/11/2018 19:46

Todo encuentro e intento político de aglutinar voluntades detrás de una idea tiene un lado B. A la salida del "diálogo social" que armó el Gobierno en la sede del sindicato de Sanidad, los empresarios y dirigentes de la CGT manifestaron su beneplácito por haber charlado sobre la crisis, los despidos y haber conseguido cerrar filas detrás de un bono de fin de año. El plus, que desde el Ministerio de  Producción aseguraron a Letra P que “ya está cerrado”, es por un monto de 5.000 pesos a pagar en dos veces, no remunerativo y a cuenta de futuros aumentos. Héctor Daer, el anfitrión e integrante del remanente dúo cegetista, manifestó que la medida de fuerza está suspendida hasta nuevo aviso.

El Gobierno lo celebró casi como el objetivo único. Pero la contracara es una confusión generalizada por dos factores: el primero, la utilidad de un encuentro sin anuncios oficiales en medio de una crisis seria; el segundo, un bono que divide aguas entre los que pueden pagar y los que estarían seriamente afectados si lo hicieran.

De un lado, las grandes empresas que consideran que el bono es “casi un vuelto” y, del otro, las pymes, que sin estímulos para la producción, la venta y el crédito lo observan como un problema nuevo en una coyuntura delicada. Hay una excepción, los comercios como supermercados, que multiplican por una importante cantidad de empleados, que están esperando el decreto para saber cómo implementarlo. 

 

 

Un empresario de la Unión Industrial Argentina (UIA), en contacto telefónico, estaba más preocupado por saber cómo haría la CGT para comunicarle a las bases un plus corto. Y si eso no terminaría generando un clima más negativo que positivo en las grandes empresas. En CAME, en tanto, consideran que “es claro que la CGT se dio cuenta de la gravedad del asunto”. Usan esta figura para explicar lo que la propia central obrera no pudo: cómo un bono tan escaso sirvió para aquietarle las aguas a un paro más declamado que con intención de realización.

Otro de los dirigentes de una de las cámaras grandes se acordó de las reuniones que hacía la ex presidenta, Cristina Fernández de Kirchner, “que eran para charlar y no resolver nada”. Tanto fue el desencanto en privado con la reunión que la propia UIA emitió un comunicado asegurando que en la reunión se plantearon agendas de crisis que ya se habían discutido en infinidad de ocasiones.

Otro de los misterios, que casi todos los presentes destacan como imposible de cumplir, es el hecho de tener que avisar antes de despedir. El Gobierno no responde cómo lo harían y si sería el secretario de Trabajo, Jorge Triaca, el que estaría a cargo.

La reunión fue útil para mostrar a Sica como el interlocutor número uno del Gobierno con los sectores más críticos. “Fue una buena reunión. Era la primera vez que se juntaban desde que se unificó el ministerio. Diálogo positivo. Todas las partes muy conscientes de que es un momento muy sensible del país. Y de que cada uno tiene que hacer un esfuerzo”, dijeron en Producción.

Le reconocen a Sica comprensión del paño pero, a pocos meses de su asunción, se empezaron a hacer algunos la misma pregunta que son su antecesor, Francisco Cabrera: si tiene o no poder de decisión. Un enigma.

El bono grieta: ganan Macri y las grandes empresas; pierden las pymes y la CGT

Los $5.000 sirvieron para sofocar el paro, pero complicaron a las pequeñas que pelean por no cerrar. El resto, más preocupado por una reunión “floja” y “misteriosa” sin anuncios de peso.

Todo encuentro e intento político de aglutinar voluntades detrás de una idea tiene un lado B. A la salida del "diálogo social" que armó el Gobierno en la sede del sindicato de Sanidad, los empresarios y dirigentes de la CGT manifestaron su beneplácito por haber charlado sobre la crisis, los despidos y haber conseguido cerrar filas detrás de un bono de fin de año. El plus, que desde el Ministerio de  Producción aseguraron a Letra P que “ya está cerrado”, es por un monto de 5.000 pesos a pagar en dos veces, no remunerativo y a cuenta de futuros aumentos. Héctor Daer, el anfitrión e integrante del remanente dúo cegetista, manifestó que la medida de fuerza está suspendida hasta nuevo aviso.

El Gobierno lo celebró casi como el objetivo único. Pero la contracara es una confusión generalizada por dos factores: el primero, la utilidad de un encuentro sin anuncios oficiales en medio de una crisis seria; el segundo, un bono que divide aguas entre los que pueden pagar y los que estarían seriamente afectados si lo hicieran.

De un lado, las grandes empresas que consideran que el bono es “casi un vuelto” y, del otro, las pymes, que sin estímulos para la producción, la venta y el crédito lo observan como un problema nuevo en una coyuntura delicada. Hay una excepción, los comercios como supermercados, que multiplican por una importante cantidad de empleados, que están esperando el decreto para saber cómo implementarlo. 

 

 

Un empresario de la Unión Industrial Argentina (UIA), en contacto telefónico, estaba más preocupado por saber cómo haría la CGT para comunicarle a las bases un plus corto. Y si eso no terminaría generando un clima más negativo que positivo en las grandes empresas. En CAME, en tanto, consideran que “es claro que la CGT se dio cuenta de la gravedad del asunto”. Usan esta figura para explicar lo que la propia central obrera no pudo: cómo un bono tan escaso sirvió para aquietarle las aguas a un paro más declamado que con intención de realización.

Otro de los dirigentes de una de las cámaras grandes se acordó de las reuniones que hacía la ex presidenta, Cristina Fernández de Kirchner, “que eran para charlar y no resolver nada”. Tanto fue el desencanto en privado con la reunión que la propia UIA emitió un comunicado asegurando que en la reunión se plantearon agendas de crisis que ya se habían discutido en infinidad de ocasiones.

Otro de los misterios, que casi todos los presentes destacan como imposible de cumplir, es el hecho de tener que avisar antes de despedir. El Gobierno no responde cómo lo harían y si sería el secretario de Trabajo, Jorge Triaca, el que estaría a cargo.

La reunión fue útil para mostrar a Sica como el interlocutor número uno del Gobierno con los sectores más críticos. “Fue una buena reunión. Era la primera vez que se juntaban desde que se unificó el ministerio. Diálogo positivo. Todas las partes muy conscientes de que es un momento muy sensible del país. Y de que cada uno tiene que hacer un esfuerzo”, dijeron en Producción.

Le reconocen a Sica comprensión del paño pero, a pocos meses de su asunción, se empezaron a hacer algunos la misma pregunta que son su antecesor, Francisco Cabrera: si tiene o no poder de decisión. Un enigma.