X

Sarquis, el ministro que se sube al lobby de un trigo que siembra polémica

Es un transgénico de Bioceres, que tiene entre sus accionistas a viejos lazos del titular de Agroindustria bonaerense, quien auguró “mejores rindes” con esta biotecnología aún no avalada. Los riesgos.
Es un transgénico de Bioceres, que tiene entre sus accionistas a viejos lazos del titular de Agroindustria bonaerense, quien auguró “mejores rindes” con esta biotecnología aún no avalada. Los riesgos.
Por 25/11/2018 11:02
El primer trigo transgénico del mundo. Con ese pomposo rótulo, la firma local Bioceres acelera en su plan de lograr la habilitación para la comercialización de la variedad HB4, tolerante a la sequía. Pero debajo de ese objetivo, que reforzaría la posición de esta empresa como jugadora fuerte en el campo de la biotecnología, subyace una fuerte polémica, no sólo por tratarse de un Organismo Genéticamente Modificado (OGM) resistente al pesticida glufosinato de amonio –Grado II de peligrosidad según la Organización Mundial de la Salud (OMS)- sino también por el impacto negativo que esta liberación podría representar para el ingreso del trigo argentino en mercados internacionales reticentes a la variedad transgénica de este cultivo.

Si logra ser el primero en salir a la cancha, no será por lo inédito del desarrollo explorado -en Estados Unidos y Australia ya han experimentado en esa línea-, sino porque en ningún lugar del globo ha obtenido aprobación para consumo humano.

Sin embargo, el fuerte lobby de esta firma compuesta por 320 accionistas –muchos de ellos popes de la agroindustria criolla- ha sorteado exitosamente dos tercios del camino requerido para la habilitación del trigo transgénico, desarrollado en conjunto con la francesa Florimond Desprez. Ya la Comisión Nacional de Biotecnología (Conabia) y el Servicio Nacional de Seguridad Agroalimentaria (Senasa) dieron luz verde. La última palabra la tiene la Dirección de Mercados de la Secretaría de Agroindustria de la Nación, donde se plantean reticencias.

Mientras tanto, hay un funcionario de peso que no dudó en subirse al road show mediático y las jornadas de campo que Bioceres viene promoviendo para dar a conocer las bondades de este transgénico aún prohibido: el ministro de Agroindustria bonaerense, Leonardo Sarquis.
 

"Un trigo de estas características ayudaría mucho a zonas como el sudoeste bonaerense. Habría mejores rindes y se generaría más empleo aún", ponderó el ministro de María Eugenia Vidal en una de sus múltiples apariciones por este tema. “Yo no perdería la oportunidad de probar”, añadió en otra oportunidad.

Pero el germinado compromiso de Sarquis por la habilitación de este trigo transgénico tiene una semilla resistente a los climas de época y que proviene de sus años como gerente de empresas líderes y proyectos enmarcados en el agrobusiness. El antecedente más conocido dentro del CV del hoy titular de Agroindustria bonaerense es su paso como gerente General de la división semillas de Monsanto. Pero también fue líder del proyecto “Colzar”. Tanto algunas empresas integrantes de aquella iniciativa, por un lado, como la multinacional estadounidense, por el otro, forman parte del frondoso árbol accionario de Bioceres, que este mes logró cumplir su -largamente postergado- anhelo de cotizar en Wall Street, transformándose así en la primera empresa argentina de biotecnología en desembarcar en la bolsa de Nueva York.

En marzo de este año, Monsanto se convirtió en accionista de Bioceres (con el 5%), al capitalizar la deuda por 8,1 millones de dólares que la empresa argentina había contraído con el gigante mundial de los eventos transgénicos y los agroquímicos. Los lazos entre ambas firmas no se acaban allí. Dentro del directorio de Bioceres se encuentra Carlos Popik, quien durante 12 años presidió el directorio de Monsanto en Argentina.
 


En la cúpula de la firma desarrolladora del trigo HB4 también se encuentra Ignacio Lartirigoyen, presidente desde 1997 de la empresa líder de agronegocios Lartirigoyen & Cia, la que 2007 fue una de las principales impulsoras del "Proyecto Colzar", tendiente a expandir el cultivo de la colza. La cara visible de esta iniciativa era Sarquis.

Otra firma que participaba de este proyecto coordinado por Sarquis era la suiza Glencore, la cual, a través de Lartirigoyen & Cia, es socia estratégica de Bioceres en Chemotécnica, una firma dedicada a la protección de cultivos. En tiempos donde estaba en marcha el proyecto Colzar, Lartirigoyen desembarca en el directorio de Bioceres. Pocos años después, en 2012, empezaba el largo derrotero de la firma con asiento en Rosario para lograr la aprobación del trigo transgénico resistente a la sequía.

Y ya en ese entonces tenía un enfático promotor: el propio Sarquis, quien, presentado como asesor denarvaista, escribía en La Nación: "La sequía demuestra también que la innovación y la tecnología valen y mucho. Los campos con buen manejo y bajo siembra directa tienen más posibilidad de capear la falta de agua. Y que decir si tuviéramos velocidad para aprobar eventos que resistan a sequías prolongadas".

Ahora, como ministro de Agroindustria de Vidal, el ex Monsanto y ex Colzar, no se olvida de sus raíces. Tal es así que, cuatro meses antes de asistir especialmente a la jornada de campo donde se presentó este transgénico para ponderar sus virtudes, Sarquis firmó precisamente con Bioceres un convenio que contempla "el desarrollo de una bioeconomía competitiva a base de trigo, con el fin de lograr un crecimiento económico sustentable en el territorio bonaerense".

 

 

RIESGOS. Más allá de los fuertes movimientos que viene desplegando Bioceres para lograr la aprobación final de la Secretaría de Agroindustria, en el sector no son pocos los actores que ponen de manifiesto sus temores ante el riesgo que podría representar para la exportación del trigo argentino la liberación de este evento transgénico. El foco de las preocupaciones se pone en la reacción de uno de los principales compradores, Brasil, donde, de acuerdo a especialistas en la materia -y también según lo advertido por funcionarios nacionales que hicieron sondeos-, se expresa un mayoritario rechazo.

"No tenemos prácticamente segregación en ningún tipo de grano. O sea, cuando cosechás, va todo a un mismo tacho, sea lote de buena calidad, mala, transgénico, todo se mezcla. Con esto, vas a tener un trigo que normalmente va a contaminar el resto de los trigos, que es transgénico y no todo el mundo es comprador de productos transgénicos para consumir", resumió en diálogo con Letra P el referente bonaerense de la Federación Agraria Argentina (FAA), Jorge Solmi.

"Lo transgénico está visto como algo negativo, tiene muy mala imagen, entonces se corre un riesgo enorme de perder mercados. Ese es el mayor de los temores. No se ve con buenos ojos en virtud de no tener una segregación", ahondó el ex diputado provincial.


 


En la misma línea, Solmi consideró: "Esto puede perjudicar al país, no al productor. Capaz que algún productor se beneficie porque cultiva en zonas complicadas por la sequía, es probable que a algunos les sirva. Ahora, al país en general no le va a hacer bien hasta tanto no se genere una segregación clara. Y el país y el mercado deben una diferenciación de calidad y, si no tenemos una segregación por calidad, menos vamos a tener una segregación por variedad (transgénico o no)".

Productor del distrito bonaerense de Pergamino, Solmi remarcó que en su región "hay una preocupación" de sus pares "de que ese trigo tire para abajo el precio de todos". Aunque admitió: "Por ahí, en otras zonas que son más secas la visión es diferente".

 
CANTIDAD VERSUS CALIDAD. Mientras quienes impulsan la aprobación del trigo transgénico se posan sobre la hipotética mejora en los rindes que se daría con esta variedad, Solmi utilizó como ejemplo el ingreso al país del denominado trigo baguette, proveniente de Francia, para dejar sentado que la cantidad pueda atentar contra la calidad. “Es un trigo que produce un alto volumen de cosecha pero de baja calidad -explicó-. En ese momento, cuando se autorizó, en el país había algunos técnicos que integraban la Conase (Comisión Nacional de Semillas) que proponían no inscribirlo como trigo. Había una visión de que ese producto podría llegar a alterar la calidad del trigo argentino que, en general, era bastante buena. No tenemos segregación, entonces este trigo que sirve para galletitas –con poco gluten- tiró para abajo la calidad en general. Mejoró el rinde pero la calidad es mala”.
Nidera (empresa que promovió el desembarco al país del trigo baguette) en su momento producía semillas y además era un comprador importante de granos. Era uno de los primeros que no quería ninguna segregación, porque el trigo lo iban a pagar menos cuando se produce mucho volumen malo.

 


Por su parte, ante la consulta de Letra P, el presidente de la Red Nacional de Municipios y Comunidades que Fomentan la Agroecología (Renama), Eduardo Cerdá, remarcó: "No pasa por trabajar en una variedad que nos prometa resistencia, sino que hay que trabajar en el suelo, que es el que va a retener más agua".

Ingeniero agrónomo especialista en agroecología, Cerdá aseguró que “hasta ahora, ninguna mejora transgénica mejoró la calidad del alimento ni la competencia de las variedades con las malezas". "Los que sí han funcionado bien son los híbridos que permiten cada vez usar más agroquímicos que (a las empresas encargadas de desarrollarlos) los ha favorecido muchísimo. Llevamos 20 años de que los costos aumentaron cuatro veces en pos de utilizar más tecnología y los rendimientos sólo subieron el doble. La ecuación es nefasta", amplió el experto.
 

La polémica por este trigo también se trasluce en las redes. En Twitter, el gerente de Relaciones Institucionales de Bunge, Guillermo García, fue categórico: "Los consumidores en destinos de exportación no quieren trigo GMO transgénico para consumo humano por el momento". Y ahondó: "Australia tiene un evento, no lo libera aún comercialmente (por la) misma causa. USA/Canadá, sin estar liberado comercialmente, un escape de evento GMO experimental contaminó embarques y genero problemas en destino".

Un problema de estas características tuvo también Argentina en 2016, cuando Corea del Sur rechazó un envío de trigo forrajero argentino después de encontrar cepas no autorizados de transgénicos en la carga. “Después de probar 72.450 toneladas de cargamentos de trigo importado de Argentina el 12 de julio, se detectó una cepa no aprobada de OMG y pedimos descartar o enviar toda de vuelta”, señaló por aquel entonces en un comunicado el gobierno surcoreano, el cual en 2013 había suspendido las importaciones de trigo estadounidense por las mismas razones.

Más allá de los antecedentes y las advertencias a futuro, Bioceres acelera más que nunca para conseguir la liberación de este trigo. Para eso tiene a Sarquis, un viejo conocido, como uno de sus principales promotores.