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  • Vidal dio la orden de esconder a Arroyo en su visita a Mar del Plata

  • Vidal dio la orden de esconder a Arroyo en su visita a Mar del Plata

El cierre de listas terminó de romper la relación del intendente con Cambiemos. El rol de Joaquín De la Torre como bombero, para contenerlo en un día importante para la ciudad balnearia.
Por 03/07/2017 18:07

La relación entre el gobierno de la Provincia de Buenos Aires y el intendente marplatense Carlos Arroyo está rota y no tiene vuelta atrás. Por si quedaba alguna duda, el acto de este lunes en donde tanto la mandataria como el ministro de Transporte de la Nación, Guillermo Dietrich, legisladores y funcionarios locales, presentaron la vuelta del tren desde Constitución hasta aquella ciudad balnearia, confirmó todo: por orden de María Eugenia Vidal, al jefe comunal lo escondieron y ni siquiera salió en las fotos.

Luego de casi dos años sin funcionar, el ramal de la línea Roca que une la estación porteña de Constitución con la ciudad de Mar del Plata, se reactivó este lunes con un primer viaje vedado a los pasajeros corrientes ya que estuvo reservado para funcionarios nacionales y provinciales que, lanzados en la campaña electoral de cara a las próximas legislativas, hicieron todo el recorrido en donde realizaron breves paradas para lucir el regreso del tren. Junto a Dietrich, quien representó a la Gobernación viajando desde desde el kilómetro cero fue el ministro de Gobierno, Joaquín De la Torre.

Pero esa fue solo una parte de la misión del ex intendente de San Miguel. Su travesía llegó hasta Vivoratá, en donde se bajó de la formación, agarró el auto y manejó el último tramo hasta la ciudad cabecera de General Pueyrredón. Su objetivo -como lo viene siendo en los últimos ocho meses- fue el de contener a Arroyo: mientras la gobernadora, el ministro de Mauricio Macri y los demás funcionarios presentaban con alegría la novedad, él permaneció abajo del palco y lejos de los flashes, marcando de cerca a un jefe comunal que ya no tiene diálogo con el gobierno.

Según le relataron a Letra P distintas fuentes, esta escena confirma lo que viene siendo un secreto a voces en el último tiempo: la relación entre Arroyo y la gestión provincial ya no tiene vuelta atrás. "Fue un papelón", graficó un dirigente local que estuvo presente en la estación. Es que haber prescindido del intendente en un acto de gestión del oficialismo fue un mensaje fuerte.

Además de Vidal y Dietrich, de las fotos sí participaron el diputado provincial Guillermo Castello, el primer candidato a senador por la Quinta sección, Franco Bagnato, y la primera candidata en la lista de concejales, Vilma Baragiola.

La gota que rebalsó el vaso fue el cierre de listas. Esto, sumado a la grave crisis institucional que desde el año pasado afronta el intendente de Cambiemos, hartó a la gobernadora. La guerra interna que se desató en Mar del Plata post 24 de junio entre el PRO, la Unión Cívica Radical, la Coalición Cívica y el partido vecinalista Agrupación Atlántica colmó la paciencia del gobierno: Arroyo estalló por la confección final de la nómina de precandidatos a concejales y desató toda su furia, apuntando fundamentalmente a quien a priori consideraba su aliada en la álgida disputa interna de cara a las próximas legislativas: su secretaria de Desarrollo Social, Baragiola, a la cual le pidió la renuncia acusándola de deslealtad.  

Tal como lo viene contando este medio, la sociedad política entre el intendente melancólico de los años de plomo y la radical díscola de la conducción partidaria fue consolidándose a lo largo de este año electoral, con la idea de que la boleta oficial sea encabezada por la funcionaria, aunque con marcado predominio de Agrupación Atlántica (AA), el espacio vecinal del mandamás marplatense.

En efecto, este se reflejó en un primer bosquejo al que accedió este medio en el que Baragiola era la primera candidata rodeada de dirigentes alineados al arroyismo: su yerno Mauricio Loria y el secretario del Concejo Juan Tonto. Sin embargo, tras la batería de quejas que proliferaban desde los distintos sectores internos –e intervención de emisarios bonaerenses mediante-, Arroyo tuvo que ceder, pasando a sus dos delfines del cuarto y quinto lugar -en el que figuraban en el anotador inicial- al sexto y octavo respectivamente.

Todo esto configura un escenario de crisis insalvable para Arroyo. En el gobierno de Vidal están resignados. "No se deja ayudar", repiten. Y si bien el trabajo de De la Torre como bombero de una gestión municipal que continúa a los tumbos aliviana lo que queda de relación con la Provincia, el panorama no es optimista. En el gobierno bonaerense solamente se conforman con que el ex ministro de Producción contenga o aliviane una caída que por momentos parece inevitable.