La tendencia a buscar al “bueno” que cruza casi emocionalmente a quien observa dos bandos en pugna en cualquier punto del planeta plantea dificultades de cara al ballotage que se disputará en Francia entre el ex banquero Emmanuel Macron y la hija del neonazi Le Pen. No hay izquierdas y derechas. No hay buenos y malos. Hay intereses diferentes y un cruce que se repite: globalistas vs antiglobalistas.
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Los franceses jugaron sus cartas y la segunda vuelta, el 7 de mayo próximo, enfrentará a dos candidatos con posiciones absolutamente adversas que, como explicó Letra P anteriormente, no se pueden analizar solamente desde el – muy francés – eje derecha/izquierda, sino que visualiza mejor en el clivaje globalismo/antiglobalismo.
En Francia y tal vez en Occidente, ya no se oponen izquierda y derecha, sino europeístas y soberanistas, liberales y proteccionistas, reformistas y populistas. La elección deja un país dividido entre campo y ciudad, interior y costas, este y oeste, personas con bajo y alto nivel educativo. La Francia “profunda” vs la Francia cosmopolita. Macron corre con la ventaja de que los republicanos y los socialistas e incluso el presidente François Hollande corrieron presurosos a darle su apoyo. Pero, cuidado: Marine Le Pen cuenta con lo mismo, a la inversa.
Los medios hegemónicos no dudan en etiquetar a Le Pen, candidata del Frente Nacional, como la “ultraderecha”. Se basan en eso en las bien ganadas credenciales de su padre y fundador del espacio político, Jean Marie Le Pen, ex legionario en las colonias francesas y reconocido antisemita y en las posiciones anti inmigración que, aunque suavizadas, ha sostenido su hija aún después de la ruptura familiar y política con papá Jean.
Pero esa etiqueta, como todas, explica solo parte de la realidad y deja afuera a otra. En cuestiones valóricas, el FN es un espacio efectivamente conservador radical, pero, ¿qué pasa si se analizan las propuestas económicas? Se advierte un rechazo frontal a las políticas de austeridad fiscal promovidas desde Bruselas, a punto tal de proponer el abandono del euro y la Unión Europea, una plataforma que apunta a políticas proteccionistas para la industria nacional y las pymes y, sobre todo, una defensa de los derechos sociales de la clase obrera, derechos que se están viendo afectados por proyectos de ley de flexibilización laboral impulsados por Hollande.
¿Quién fue el ministro de Economía de Hollande que eliminó el descanso dominical y relajó el sistema de 35 horas laborales por semana? Sí, Macron, el candidato que se define y es definido por los grandes medios de comunicación como de centro. ¿El hecho de que sea un gobierno socialista el que esté trabajando en desmantelar el Estado de Bienestar y en bajar el “costo laboral” francés convierte a Macron en un candidato de centroizquierda? Cabe poner esto en duda.
Sí lo pone tal vez a la izquierda de Le Pen su mano tendida a los inmigrantes y sus posiciones en cuestiones como el aborto o la homosexualidad, pero esto es incompleto si se mira la película y no solo la foto.
Otro punto de discordia son los alineamientos en materia de política exterior. Le Pen tiene el respaldo público del presidente ruso, Vladimir Putin, tan público que son bancos rusos los que financian su campaña ante la negativa de los franceses a hacerlo. Al igual que en su momento hizo -aunque por ahora no cumplió- Donald Trump en EE.UU, Le Pen promete aliarse con Rusia para derrotar definitivamente al ISIS, organización embrionaria de los ataques terroristas que sufriera Francia en los últimos dos años.
¿Qué ocurre con Macron? Días antes del cierre de campaña, recibió un llamado del ex presidente norteamericano Barack Obama. El ex mandatario demócrata y, en rigor, el gobierno de EE.UU y sus aliados occidentales, entre los que se encuentra Francia, tienen una posición ambigua con el ISIS. Lo combaten y lo persiguen, pero fueron sus financistas cuando era útil a sus intentos de derrocar al presidente sirio Bassar Al Asad.
¿Está Putin a la derecha de Obama? ¿Es la familia Al Asad peor que el ISIS? Un ex presidente argentino explicaba que la única política que existe es la política exterior y, en ese tablero, no hay izquierdas y derechas. Hay, sí, peones que se mueven por ambas bandas, torres que las cruzan en vertical y horizontal, alfiles en diagonal y, por supuesto, reyes y reinas que pueden moverse de un lado al otro sin culpa dependiendo de las circunstancias.
Cuidado, entonces, con colocar a un hombre proveniente de la famosa Banca Rothschild – origen de la “leyenda” de los Iluminatti – como es Macron a la izquierda de la xenófoba Le Pen. No hay certeza de que los Iluminatti existan o hayan existido, pero sí suficientes argumentos como para dudar de que los banqueros, los mercados (que este lunes subieron en toda Europa producto del triunfo de Macron) sean los “buenos”. No hay buenos y malos en esta elección, como probablemente no los haya en casi ninguna y, menos, en instancias de ballotage. Hay intereses concretos y sectores que los defienden.