Francia: cruce de globalistas y antiglobalistas relega pelea izquierda - derecha
Los franceses votan este domingo en un escenario inédito, con las expresiones más radicales con chances ciertas de ir al ballotage. El temor del sistema a un “Frexit”.
Francia afronta este domingo una elección presidencial clave para su futuro y el de Europa Occidental. Dos de los cuatro candidatos con chances de pasar al más que probable ballotage son candidatos antiglobalistas, opositores a la Unión Europea y, en consecuencia, promotores de un “Frexit” similar al que se dio en el Reino Unido, aunque con consecuencias probablemente peores para la organización política regional.
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El nuevo eje que avanza como ordenador del mapa político mundial superpuesto al tradicional de origen francés de izquierda vs derecha es de globalistas y antiglobalistas. En ese esquema, el antiglobalismo se expresa por “derecha” a través de Marine Le Pen y su Frente Nacional – con tantas chances de pasar a segunda vuelta como de perderla – y por “izquierda” con la sorpresiva candidatura de Jean Luc Mélenchon y su alianza Francia Insumisa, que, empujada por las redes sociales, ha logrado colocarse en un lugar expectante.
Por otra parte, los candidatos globalistas con chances son también dos: el representante de la centroderecha tradicional y gaullista, Français Fillon, que, cuando ya casi todos lo daban como presidente, fue salpicado por un escándalo de corrupción y quedó parcialmente relegado, y el favorito del sistema, el joven (39 años) Emamnuel Macron, economista que lidera la centrista “En Marcha” y que aspira electores por izquierda y derecha.
El quinto candidato con respaldo es el voto en blanco y, sobre todo, los indecisos, que, según las últimas encuestas, superan un cuarto del electorado y, sumados a los que a último momento cambien de opinión y apuesten a un “voto útil”, pueden llegar a modificar sustancialmente el panorama previo.
La candidata del Frente Nacional, la ultra derechista Marine Le Pen, encabeza las encuestas.
En ese marco, la candidata con un voto más fidelizado es Le Pen. Salvando las distancias, sus electores son, como los de Donald Trump en EE.UU, integrantes de la “Francia profunda”. Al norte, obreros que están o se ven fuera del sistema por el avance de la tecnología y las políticas de austeridad impulsadas por Bruselas. Al sur, sectores de clase media baja que recelan de los inmigrantes y sus descendientes porque consideran que no desean integrarse a la cultura francesa y, por el contrario, la combaten y, por supuesto, la vieja guardia tradicional del FN, racista y xenófoba sin cortapisas.
Esa marca de ultraderecha en un país aún culposo de su pasado filonazi (el gobierno colaboracionista de Vichy) y receloso de su amistad con el ruso Vladimir Putin, es el techo que se le impone a Le Pen y que lleva a que el lugar más buscado entre los candidatos del sistema político tradicional sea el de enfrentarla en segunda vuelta.
Pero la irrupción de Mélenchon alteró esos planes. El izquierdista nutrido en los libros del teórico argentino Ernesto Laclau parece haber logrado representar a aquellos franceses tan cansados del sistema como los electores de Le Pen pero sin su matriz filo racista y, por el contrario, en línea con los populismos de izquierda de Podemos (España) o Syriza (Grecia). Incluso, ha reivindicado a la hoy difícil de levantar Revolución Bolivariana de Venezuela.
Lean Luc Mélenchon, de la izquierdista "Francia insumusa", es la revelación de la campaña.
Un ballotage entre Le Pen y Mélenchon es el final más temido por el Mercado y por los líderes políticos que lo representan o, al menos, que no lo enfrentan. Desde ese lado, el respaldo es en bloque a Macron, que, a pesar de que su retórica ataca a los políticos tradicionales, se cuida mucho de hacerlo con los mercados, del cual él es parte. Fue empleado nada menos que de la Casa Rothschild.
El único candidato que representa cabalmente la tradición es el republicano Fillon. Su principal mérito, a horas de la elección, es, curiosamente, haber llegado a la misma. Las denuncias sobre empleo ficticio (ñoquis, en argento) de su esposa e hijos demolieron los respaldos en su partido y llevaron a que sus popes le exigieran el retiro de su candidatura. Fillión no solo no lo hizo, sino que hizo de su debilidad una fortaleza y sostuvo actos públicos y debates en TV rodeado de señales hostiles.
Este escenario político volátil, en un país con un sistema parlamentario como es Francia, tiene una sola certeza. Un Congreso fraccionado, donde los acuerdos serán la excepción y pondrán al Presidente, sea quien fuere, en una situación de debilidad que no augura buenas noticias para el país galo.