Emergencia LÁCTEA

¿Otro Sancor? En crisis financiera, La Serenísima ya vende 8% menos de producto

Jaqueada por deudas y concursos, la firma también se ve afectada por el derrumbe del consumo de alimentos. En supermercados, marzo empezó más activo pero volvió a plancharse la actividad.

Cuando los funcionarios del Ministerio de la Producción nacional revisaron la compleja situación de la cooperativa  Sancor, se dieron cuenta de que la crisis del sector lácteo estaba más extendida de lo que esperaban. Y que el otro gran jugador, La Serenísima, tenía serias dificultades financieras que preveían un futuro de corto plazo no muy distinto al que afronta su par en el negocio de leches y derivados. El problema radica ahora en que la recesión, que aún confirma coletazos en muchos sectores de la economía, derrumbó además a la demanda de productos esenciales como leche y quesos. Tanto que según confiaron a Letra P supermercados nucleados en la Asociación de Supermercados Unidos (ASU), el volumen de venta de La Serenísima de este año se contrajo más de un 8%.

 

Lo llamativo es que la baja del consumo es tan pronunciada, que más allá de que Sancor está entregando producto con limitaciones, sigue habiendo stock suficiente para la demanda de producto. Nadie se disputa el mercado porque hay baja cantidad de compradores. De las cifras hasta se burlaba recientemente ante empresarios el ex Secretario de Comercio, Guillermo Moreno. Que hasta se animó a aseverar que "conmigo se peleaban, pero estaban un poco mejor y ganaban plata". 

 

La crisis de La Serenísima es tan pronunciada que fue la propia compañía la que en febrero de este año anunció que cerrará en Julio del corriente una planta procesadora en la zona de Rufino por “el estancamiento en la producción nacional, que llevó a que el año pasado el país produjera 9.500 millones de litros de leche, cifra menor a lo producido en 1998".

 

Los ejercicios de rojo continúo de La Serenísima son el corrillo de casi todas las reuniones empresarias. Los números son preocupantes: de acuerdo a lo relevado y publicado por el sitio Infocampo, en 2014 el quebranto fue de $518 millones; superó los $300 millones en 2015; y en 2016 también fue negativo el ejercicio. Si se observa la producción, no surge nada mucho más alentador: de 440 millones de litros en el año 2013, pasó a producir 383 millones en 2016.

 

Hoy la cuenca lechera es víctima de un combo peligroso: costos más altos, inconvenientes para pagar salarios y una retracción de la producción por caída de la compra hogareña. En paralelo, y según reportó el Ministerio de la Producción de Santa Fe, la zona lechera por excelencia está padeciendo el ingreso de quesos y derivados importados, con alzas de más de 100% en volúmenes.

 

Contextualizando, cuando su dueño Pascual Mastellone falleció, la firma pasó en parte (25% del capital accionario) a manos de Arcor y sus socios de Danone. Quedando la opción en manos de los Pagani de la compra total de la compañía. Ni esa superestructura pudo paliar la crisis, que muchos atribuyen a un exceso de empleados. Un discurso similar al que se concluyó en el caso de Sancor.

 

MARZO, ¿ARRANCA O NO ARRANCA? En este escenario, qué pasará con el consumo general de las familias es un enigma. Según datos no consolidados a los que accedió Letra P, el consumo básico dejó de caer en las primeras dos semanas de marzo, pero volvió a aplacarse en los últimos días. Los grandes comercios reniegan de la falta de una señal de gastos generales para los hogares. Hoy no se sabe cuánto una familia tipo deberá gastar el mes siguiente, y eso atemoriza y traba compras grandes incluso de canasta básica. En el sector supermercadista reniegan de que el Gobierno no aprendió la lección de las subas tarifarias del año pasado. “Las tarifas le pusieron la sensación térmica al frío de la economía”, afirman en una metáfora pícara para mostrar el impacto de las subas en luz y gas.

 

Así las cosas, hay una única esperanza de repunte que está puesta en la definición de la paritaria de Comercio. Son 1.200.000 trabajadores en todo el país. En el rubro suponen que el aumento podría derivarse en parte al consumo doméstico. Pero hay un mal antecedente: en 2016 eso no ocurrió y la paritaria fue incluso superior a lo que se espera para 2017.

 

Otro dato. En los supermercados preocupa el sobrendeudamiento de los consumidores con tarjetas de crédito y tarjetas propias. Ergo, no descartan que el aumento salarial se destine a cubrir esos rojos, teniendo impacto moderado en el gasto general de los hogares.

 

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