Entre Jorge Bergoglio y Javier Milei: Rodrigo Zarazaga, el jesuita que escucha el poder
Académico, formador de cuadros y referente territorial. Construyó influencia entre el empresariado, dirigentes y organizaciones sociales. La pobreza, su tema.
Entre Jorge Bergoglio y Javier Milei: Rodrigo Zarazaga, el jesuita que escucha el poder
Entre Jorge Bergoglio y Javier Milei: Rodrigo Zarazaga, el jesuita que escucha el poder
IDEA
Entre Jorge Bergoglio y Javier Milei aparece una figura poco conocida para el gran público, pero cada vez más escuchada en los círculos de decisión. Rodrigo Zarazaga, sacerdote jesuita, investigador del Conicet y rector del CIAS, construyó una red transversal que conecta dirigentes, empresarios, académicos, representantes de la Iglesia y referentes sociales de distintas tradiciones políticas.
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A los 54 años, Zarazaga ocupa un lugar difícil de encasillar. Es sacerdote de la Compañía de Jesús, doctor en Ciencia Política por la Universidad de California, Berkeley, realizó un posdoctorado en Notre Dame y dirige el Instituto Universitario Centro de Investigación y Acción Social (CIAS), la escuela política "multipartidaria" que inspiró el papa Francisco. Su especialidad académica gira alrededor de la pobreza, la política social, el clientelismo y las dinámicas de poder en los barrios populares.
Pero reducirlo a una carrera universitaria sería insuficiente. Desde hace más de una década construyó una influencia silenciosa que cruza sectores ideológicos, religiosos, empresariales y políticos. Su nombre aparece tanto en debates sobre pobreza y desarrollo como en conversaciones reservadas sobre liderazgo, formación de cuadros y construcción de consensos.
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Rodrigo Zarazaga, el jesuita que escucha el poder
La historia personal también aporta un dato particular. Su oficina en el CIAS ocupa el mismo dormitorio que utilizó Bergoglio durante su residencia en el Colegio del Salvador. Más allá de esa coincidencia, comparte con el fallecido papa Francisco una tradición jesuita marcada por la preocupación por la desigualdad, la inserción territorial y el diálogo con actores diversos.
El sacerdote que decidió formar políticos
Zarazaga suele explicar que llegó a una conclusión después de años de trabajo pastoral en el conurbano bonaerense: el principal problema argentino era político. A partir de esa convicción resolvió orientar buena parte de su tarea a la formación de dirigentes.
Así nació la escuela de liderazgo impulsada desde el CIAS, que con el tiempo evolucionó hacia programas académicos de posgrado. La propuesta atrajo a jóvenes provenientes de distintos espacios partidarios y sectores sociales. El criterio nunca fue la pertenencia ideológica sino la capacidad de diálogo y la vocación de servicio público.
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Rodrigo Zarazaga con el entonces gobernador santiagueño Gerardo Zamora
La institución mantiene una definición explícita de neutralidad partidaria. Sin embargo, su capacidad para reunir dirigentes de procedencias diversas la convirtió en un espacio observado con atención por el sistema político. Por sus aulas pasaron funcionarios, legisladores, asesores, empresarios y referentes comunitarios.
Ese rol como formador explica por qué muchos dirigentes lo consultan aun cuando no comparte estructuras partidarias con ninguno de ellos. Su influencia no se apoya en votos ni cargos públicos, sino en la producción de conocimiento y en la construcción de vínculos de largo plazo.
Formador con fuerte impronta humanista
Exestudiantes consultados por Letra P describen a Zarazaga como un formador que combina rigor académico con una fuerte impronta humanista. Su estilo de conducción, aseguran, no admite concesiones: si considera que un dirigente no se compromete con el estudio o el trabajo del espacio, no duda en invitarlo a retirarse, como ya ocurrió con figuras influyentes de la política.
Desde la creación del programa, en 2015, por el CIAS pasaron o compartieron actividades dirigentes de perfiles muy diversos, en una experiencia atravesada por la convivencia con quienes piensan distinto. Entre ellos estuvieron Cristina Fernández de Kirchner, Mauricio Macri, Fernando de la Rúa, Paolo Rocca, Luis Pagani, referentes sindicales, intendentes y personas jóvenes que luego ocuparon cargos de gestión pública o posiciones ejecutivas en el sector privado.
Quienes conocen de cerca el proyecto destacan que esa diversidad responde a una idea central de Zarazaga: formar una cantera de cuadros con capacidad de diálogo, basada en valores compartidos, la cultura del encuentro y una mirada estratégica sobre el desarrollo del país. Como ejemplo recuerdan que, cuando Vaca Muerta todavía era apenas una promesa, llevó a un grupo de estudiantes a Neuquén con una consigna que quedó grabada entre quienes participaron: "Por acá va a pasar la Argentina".
"Javier Milei todavía no participó de las actividades, pero Zarazaga mantiene diálogo con Karina Milei", contó a Letra P una persona que pasó por el programa y continúa vinculada al CIAS. Consultado sobre la participación de Manuel Adorni, respondió con un "no" categórico.
La trama que lo conecta con el universo libertario
El nombre de Zarazaga volvió a circular recientemente a partir del ascenso de Nacho Devitt, uno de los operadores vinculados a la estrategia parlamentaria de Adorni y del oficialismo libertario.
Según distintas reconstrucciones políticas, Devitt encontró en los espacios impulsados por Zarazaga una instancia de formación y pertenencia después de alejarse del macrismo de Vicente López. Esa relación alimentó interpretaciones sobre la capacidad del jesuita para influir en nuevas generaciones de dirigentes.
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Sebastián Ceria, Rodrigo Zarazaga, María Migliore, Horacio Rodríguez Larreta y Jorge Argüello
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La situación también mostró uno de los rasgos más interesantes de su recorrido: la posibilidad de tender puentes entre mundos que parecen incompatibles. Durante años reunió en ámbitos comunes a dirigentes peronistas, radicales, macristas, empresarios, académicos y referentes sociales.
Por eso su figura resulta incómoda para quienes intentan leer la política exclusivamente desde la lógica partidaria. Zarazaga opera en otra dimensión. Construye redes, forma cuadros y genera espacios de encuentro donde circulan ideas, contactos y oportunidades.
El experto en pobreza que desafía los lugares comunes
La legitimidad de Zarazaga dentro del debate público se apoya en una extensa producción académica. Sus investigaciones sobre el conurbano bonaerense se convirtieron en referencia obligada para entender la relación entre pobreza, representación política y organización territorial.
Entre sus definiciones más conocidas sobresale una frase que cuestiona buena parte de las simplificaciones habituales. "No es que hay pobres porque hay punteros: hay punteros porque hay pobres y porque están segregados", sostuvo al analizar el funcionamiento de los barrios populares.
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Rodrigo Zarazaga, María Herminia Grande y Agustín Salvia en la plenaria episcopal
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También rechazó la idea de que los sectores vulnerables votan exclusivamente condicionados por planes sociales o asistencia estatal. Según sus estudios, las preocupaciones centrales pasan por el empleo, la educación, la seguridad y las oportunidades de movilidad social.
En los últimos años concentró buena parte de su trabajo en un fenómeno que considera alarmante: la pérdida de expectativas de futuro en la juventud. Un estudio elaborado por el CIAS junto con Fundar concluyó que cuatro de cada diez jóvenes de barrios populares viven instalados en un presente sin horizonte claro de progreso.
Ese diagnóstico aparece asociado a otro concepto recurrente en sus intervenciones públicas: la fragmentación social. Para Zarazaga, la Argentina enfrenta el desafío de reconstruir puentes entre sectores que cada vez comparten menos espacios comunes.
La pandemia y el laboratorio de los consensos
La pandemia de coronavirus representó uno de los momentos de mayor exposición pública para el sacerdote. En 2020 impulsó la iniciativa #SeamosUno, una experiencia inédita de articulación entre organizaciones religiosas, empresas, fundaciones, gobiernos y entidades comunitarias.
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Rodrigo Zarazaga (primero a la izq.) al frente de la campaña #SeamosUno durante la pandemia
El proyecto nació ante el temor de que millones de trabajadores informales quedaran sin ingresos durante el aislamiento. La propuesta logró reunir a Cáritas Argentina, la Alianza Cristiana de Iglesia Evangélicas de la República Argentina (Aciera), la AMIA, cámaras empresariales, bancos de alimentos y organismos públicos en una misma estructura operativa.
La iniciativa distribuyó asistencia alimentaria a cerca de un millón de hogares vulnerables del Área Metropolitana de Buenos Aires. Más allá de la ayuda concreta, la experiencia reforzó la imagen de Zarazaga como articulador de protagonistas muy distintos.
Esa lógica de construcción colectiva aparece también en sus intervenciones más recientes. En encuentros organizados por Fundar, en los que coincidieron dirigentes como Martín Lousteau, Miguel Ángel Pichetto, Wado de Pedro, Horacio Rodríguez Larreta y representantes del Círculo Rojo empresarial, defendió la necesidad de fortalecer la educación, promover la producción y mejorar la calidad del Estado.
Un jesuita para tiempos de fragmentación
Las críticas a la llamada cultura de los planes, la preocupación por el avance del narcotráfico en los barrios populares y el deterioro de las expectativas de ascenso social atraviesan gran parte de sus diagnósticos. Sin embargo, Zarazaga evita las respuestas simplistas.
Defendió el papel de la Iglesia católica frente a las acusaciones de "pobrismo", aunque también reclamó autocrítica. Sostuvo que el trabajo sigue siendo el principal camino de integración social y cuestionó tanto la romantización de la pobreza como la estigmatización de quienes viven en ella.
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Sebastián Ceria, Miguel Angel Pichetto, Robert Scully, Rodrigo Zarazaga, Juan Manuel López, Eduardo Wado De Pedro y Emilio Monzó
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Su mirada sobre la Argentina también quedó reflejada en una frase que suele repetir cuando analiza la figura de Bergoglio. Considera que el país "se comió el bono" de tener un papa argentino y que la grieta terminó devorando una oportunidad histórica.
Quizás esa definición resuma buena parte de su trayectoria. Mientras la política se organiza alrededor de confrontaciones permanentes, Zarazaga dedica sus esfuerzos a construir puentes. Entre barrios y universidades. Entre el empresariado y las organizaciones sociales. Entre personas dirigentes que piensan distinto. Entre la tradición de Bergoglio y una Argentina que busca entender fenómenos nuevos como el de Milei. Allí, lejos de los escenarios y cerca de los espacios donde se moldean liderazgos, se encuentra el núcleo de su influencia.