Ganancias

La pirueta de Massa: de buscar acuerdo con el Gobierno a pactar con los K

Tensó la cuerda con el oficialismo hasta que le advirtieron que no resistía más. Terminó fogoneando el consenso opositor que la Rosada llama “el tren fantasma”. Pero se cuidó de no salir en la foto.

Sergio Massa se comunicó con el presidente de la Cámara de Diputados, Emilio Monzó, apenas pasadas las 17 del martes. Faltaba poco más de una hora para que la oposición se reuniera alrededor de una mesa en el Salón de los Pasos Perdidos del Congreso para anunciar, en conferencia de prensa, el cachetazo más duro que recibió el gobierno de Mauricio Macri en su primer año de gestión: la unidad del peronismo, el massismo, el kirchnerismo y sectores progresistas en un proyecto para reformar el impuesto a las Ganancias.

 

-Nosotros ya tenemos un consenso, pero si arrimamos los números podemos aprobar un proyecto por unanimidad- le dijo el líder del Frente Renovador.

 

-Sergio, el Ejecutivo no me da más margen. Es esto o nada-, respondió un Monzó resignado.

 

Así se terminó de frustrar, según admiten tanto en el massismo como voceros de Cambiemos, el intento de Massa para esquivar el escenario que no quería: la foto con el kirchnerismo. Una foto que gambeteó a medias, porque no fue parte de la mesa que se televisó en vivo por todas las señales de noticias, pero de la que nunca hubiese querido ser gestor central.

 

Massa buscó coparle la agenda al Gobierno con uno de sus ejes discursivos, lo que él denomina “el impuesto al trabajo”. Presentó su propuesta antes de que llegase el proyecto del Ejecutivo. Desde ese mismo momento, mantuvo contactos con los principales referentes de Cambiemos. El bloqueo lo impusieron entre el Ministerio de Hacienda y Finanzas, que conduce Alfonso Prat Gay, y la AFIP, que dirige Alberto Abad. La intransigencia del Gobierno para mejorar el mínimo no imponible fue lo que terminó de romper una alianza que, a lo largo del año, salvo por contadísimas excepciones, se mantuvo firme.

 

Esa intransigencia fue la que al oficialismo le hizo romper los puentes con Massa, que se sentó a la mesa con una sola condición: que en 2017 menos trabajadores pagasen Ganancias. Este año serán unos dos millones los que tributarán este gravamen y, de haber avanzado el proyecto de Abad y Prat Gay, el próximo serían 2,5 millones.

 

En el kirchnerismo hablan de un llamado telefónico de Massa al diputado Axel Kicillof (FPV) el lunes por la noche. En el massismo lo desmienten. A esa altura, los contactos con Cambiemos ya estaban cortados. Existiendo ese llamado o no, lo cierto es que esa noche se empezó a gestar la reunión que, a la mañana siguiente, mantuvieron un grupo numeroso de diputados en el despacho del jefe del Bloque Justicialista (BJ), Oscar Romero. La piedra basal del proyecto de Ganancias que este miércoles múltiples voceros de Cambiemos, tanto del Poder Ejecutivo como del Legislativo, salieron a demonizar.

 

Sorprendió en el Congreso la ausencia de Massa en la conferencia de prensa donde se anunció el pacto opositor. Se especuló con una llamativa cesión de protagonismo. Algo de eso hubo. La realidad era que, ante la imposibilidad de acordar con el oficialismo, Massa atizó el fuego de la unidad opositora. Enfrentó una encrucijada: no quería que el poroto de la mejora en Ganancias se lo llevara el presidente Mauricio Macri, pero tampoco quería verse en los diarios al lado de Kicillof.

 

“Acá no hay que buscar ganadores y perdedores en términos políticos”, opinó el diputado massista Facundo Moyano, para reforzar la estrategia. “Se trata de una victoria de los trabajadores”.

 

Massa aprendió con la ley antidespidos. Sabe que, le guste o no, habrá batallas que tendrá que dar con el Frente para la Victoria (FPV) como aliado circunstancial. Obsesivo por los medios como es, lo que no permitirá es que una foto al lado del “pasado” -como le gusta denominar al proceso kirchnerista- circule sin control por páginas y pantallas.

 

Tras un año de negociaciones sin grietas, caló hondo en el Gobierno la bala que salió el martes desde el Congreso. La estrategia comunicacional fue salir a recordar el pasado de Massa en los gobiernos de Néstor Kirchner y Cristina Fernández (ver aparte “La Rosada construye el discurso del ‘tren fantasma’…”). También, a cuestionar su fidelidad. “Massa es la persona menos confiable del sistema político”, lo apuntó el jefe de Gabinete, Marcos Peña. Justamente, el funcionario al que massismo señaló como el funcionario que apretó gobernadores y diputados para intentar voltear la unidad opositora.

 

De hecho, Peña estuvo el lunes en Córdoba con el gobernador, Juan Schiaretti. Hubo foto con abrazo y sonrisas y se ganó su respaldo para el proyecto de Ganancias del Ejecutivo. Pero Schiaretti no controla a ninguno de los diputados cordobeses. Quien sí lo hace es José Manuel de la Sota, ex gobernador y segunda cabeza de ese armado electoral que tiene a Massa como candidato a presidente, llamado Unidos por una Nueva Argentina (UNA).

 

En medio de las tensiones, un diputado de Cambiemos contó este miércoles que Massa se le acercó e intentó tranquilizarlo. “La semana que viene votamos juntos la ley de ART”, le dijo. “Nosotros la semana que viene no vamos a sesionar”, comentó el mismo legislador oficialista. “La foto del massismo con el kirchnerismo tiene que quedar tal como está hasta el año que viene”.

 

Como argumentó otro importante referente del interbloque Cambiemos, “los acuerdos con Massa eran mensuales en marzo; semanales en junio; diarios en octubre y el año que viene serán por horas”. Lo que quería representar el legislador es que, a medida que se arrime el calor electoral del año próximo, los vaivenes de Massa empezarán a responder a sus necesidades electoralistas.

 

“El Gobierno es exigente para cobrarle impuestos a la clase media y débil para cobrarle a las mineras y a los sectores más adinerados”, escribió alguien en la cuenta oficial de Twitter de Massa. La ancha avenida del medio, en su estrategia, tendrá al macrismo en la vereda derecha.

 

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