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Ganancias. Enfoque

El equipo de Mauricio y la costumbre de entregar la localía

El Gobierno volvió a jugar de visitante en la negociación con Sergio Massa. Y, encima, cedió el manejo de la comunicación. El blooper del sushi y el acuerdo con la CGT ayudaron a licuar el desastre.

De mal en peor. Después de caer –manso y tranquilo- en la telaraña que le tejió la oposición en el Congreso por la torpeza de forzar –en sesiones extraordinarias y sin consenso- el debate por la modificación del Impuesto a las Ganancias, el Gobierno la embarró este domingo por la noche con la reunión que mantuvo con dirigentes del Frente Renovador.

 

Dos curiosidades aportaron los estrategas de la Casa Rosada:

 

1) Viajaron a Tigre para asistir a ese encuentro en la mismísima casa del líder de ese espacio, Sergio Massa –a quien habían denostado de mil maneras por su impulso al proyecto alternativo que aprobó la Cámara de Diputados.

 

2) Cedieron la iniciativa de la comunicación (ellos, que son, como los identificó Martín Becerra en una columna para Letra P, “Los reyes del mambo digital”) al dueño de casa, que hizo colgar la foto en la edición digital de Clarín apenas pasada la medianoche y después operó su publicación en cuanto medio encontró en su agenda –el blooper de la diputada Graciela Camaño, que, acaso con vergüenza peronista, mandó levantar con photoshop las bandejas de sushi que saturaban la mesa de los Massa-Galmarini, empañaría un poco la jugada massista, pero no tanto como para que el ex jefe de Gabinete no se anotara un punto más en la pulseada con la Casa Rosada.

 

Resultado: el Gobierno apareció, frente a la opinión pública, desesperado por encontrarle una salida al laberinto en el que se metió solito y gratis. Tan desesperado que fue capaz de ceder la localía frente a una fuerza minoritaria que, con todo –hay que decirlo-, hasta ahora le ha dado más alegrías que dolores de cabeza. La foto fue la foto de la banca convertida en punto.

 

Pero no es la primera vez que lo hace. Jugar de visitante no es, a la vista de unos cuantos acontecimientos, motivo de vergüenza para el Gobierno.

 

 

 

Horas después del Episodio Sushi, el Gobierno levantó la puntería y consiguió diluir los efectos negativos de la foto en casa de Massa: alcanzó un acuerdo con la CGT en la primera de las mesas de diálogo a las que convocó para desanudar la soga que se había puesto al cuello.

 

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