Las FFAA convertidas en una guardia pretoriana dirigidas por un oficial de inteligencia

Por qué debería sorprender que el Jefe del Ejército elegido y sustentado políticamente por CFK sea del arma de inteligencia, cuando en los hechos en estas tres administraciones K, se diseñó una fuerza que solo puede ser útil para “espiar” internamente y eventualmente “disuadir” a población civil.

En esta línea, se explica que hay presupuestos para equipos de escucha e intercepción de comunicaciones de última generación, para pagar prostitutas informantes de primer nivel y avezados fotógrafos, para fiestas y celebraciones donde el champagne Cristal es servido con mucha generosidad, pero no para el equipamiento y mantenimiento de aviones, barcos o radares 3D.

 

Milani es el típico producto que la carrera militar en el área de inteligencia genera: un burócrata que quizás realizó su mejor operación cuando se presentó ante Cristina como un “leal” al informar sobre las actividades de “inteligencia” interna en la Armada.

 

Esto fue relativamente fácil pues contaba a priori con la poca “simpatía” de la Presidenta a dicha arma, por considerarla la de mayor origen liberal, frente al modelo del Ejército nacional y popular del operativo Dorrego o a los pilotos de la fuerza aérea con los que se reencontró en sus afectos desde el conflicto con Chile y posteriormente en la gesta de Malvinas.

 

Lo cierto es que hace más de doce años no tenemos política de defensa y como este tema no es precisamente uno que de réditos políticos en cuanto a votos o popularidad, en general la oposición fue complaciente hasta que descubren, un poco tarde como siempre, que Milani, acusado por la justicia por la desaparición de un conscripto en 1976, llegó a Jefe del Ejército.

 

Algunos datos objetivos acompañan estas aseveraciones:

 

La fuerza aérea tiene en servicio operativo doce A-4 AR, que entraron en servicio en 1997, siete Mirage 5, en servicio desde 1982 y algún que otro Finger y Pampa (1980 y 1988 respectivamente).

 

De los 16 barcos que la Armada declara con capacidad ofensiva, cuatro de esa lista (fragatas Meko 360 y 140) no pueden navegar. Tampoco es operativa la aviación aeronaval para el patrullaje del mar argentino y menos aún para intercepción y ataque.

 

O sea que este gobierno que centra parte fundamental de su discurso en la soberanía, no tiene capacidad operacional ni para interceptar a los más sofisticados aviones narcos y a su marina se le hace dificultoso apresar un pesquero ilegal.

 

Era correcta la idea de rediseñar a las fuerzas armadas a las necesidades de hoy: control del espacio aéreo, control efectivo de las 200 millas marítimas y una fuerza ejército reducida pero altamente profesionalizada de despliegue rápido con gran movilidad.

 

Esta fórmula surge fácilmente de ver qué hacen nuestros vecinos y socios (Brasil y Chile), ya no hay que inventar nada, Bachelet y Dilma lo tienen en claro, Cristina también.

 

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