Scioli, eje de la disputa del FR y el FpV en la Tercera

Luego del feriado del 9 de julio se comenzará a revelar parte del misterio sobre el desafío emancipador que le plantean al gobierno nacional la liga de intendentes de la zona Norte del Conurbano y hasta dónde ese movimiento está en condiciones de provocar un cisma con la del Sur, donde la serpenteante política con que  el de Almirante Brown, Rubén Darío Giustozzi, expresa su adhesión a esa iniciativa autonomista desconcierta a todos los actores involucrados.

Con lógica ansiedad se aguarda en ambos bandos que Juan Manuel Abal Medina  comunique los resultados de los primeros sondeos acerca de la intención de voto que recoge en ese territorio Martín Insaurralde y, por supuesto, Sergio Massa, ahora que los intendentes de Lomas de Zamora y de Tigre lideran las dos listas que acaparan la expectativa de las PASO dentro de un clima de apatía electoral del que daban cuenta los sondeos de junio: en la provincia de Buenos Aires, casi un tercio de la ciudadanía aún no tenía resuelto a quién votar.

 

Habrá que ver allí hasta dónde el resultado de las consultas refrendan el primer tramo de la estrategia del Frente para la Victoria que pasó, en estos días, en el intento de asociar a Insaurralde con Daniel Scioli, mantra dispuesto para persuadir a los sectores medios esquivos a la  supuesta rigidez del protocolo mediante el que el kirchnerismo  pone a su gestión en contacto con la sociedad.

 

La relación entre el gobernador y el jefe comunal mejoró de forma notable al calor de la necesidad mutua que los persuadió para dejar de lado viejos enconos, al menos frente al desafío común que la realidad podría estar planteándole a ambos en lo inmediato: un resultado aplastante en la Tercera Sección Electoral, prefiguraría un liderazgo de Insaurralde en la región.

 

Al que aparecería asociado Scioli, urgido de aventar de una vez por todas las históricas sospechas de lealtad con que desde la Casa Rosada se tramita su renuencia a convertirlo en sucesor de la presidente Cristina Fernández.

 

Escaldados por experiencias anteriores, funcionarios bonaerenses eluden aventurarse en conjeturas pero aceptan que algo cambió en la relación con los K desde la visita que Scioli efectuó el pasado 25 de junio a Lomas de Zamora para una recorrida a la Unidad de Pronta Atención(UPA)  a la que no estaba invitado. A regañadientes, se admite que Insaurralde podría ser uno más de los nuevos puentes tendidos con la Casa Rosada después del coqueteo sobre el cierre de listas con Sergio Massa.

 

El intendente de Tigre es lo opuesto al de Lomas de Zamora, un literal desconocido para el público y su estrategia se ceñirá sobre un hecho evidente: administrar el alto nivel de capital simbólico en las encuestas que deberá mantener lo más alto que pueda una vez que su candidatura derive en un reacomodamiento de su posición política.

 

Massa tiene pocas expectativas de lograr buenos resultados en centros urbanos emblemáticos de la Tercera Sección y en su entorno vaticinan que el peor de ellos podría tener lugar en Lomas de Zamora, donde es representado por el clan Mércuri: Osvaldo, histórico dirigente del duhaldismo es quien asoma detrás de la inclusión de su esposa María Elena Torresi en la lista de diputados provinciales y de su hijo Gabriel, que aspira a renovar su banca de concejal como el primero de la lista del Frente Renovador.

 

La excepción es Almirante Brown. Massa terminó sellando una alianza electoral con Giustozzi que no le deja otro remedio que ubicarlo en el tercer orden de la lista de diputados nacionales. Aunque eso no es la única asimetría que domina la relación entre ellos: la omisión de su par de Tigre en los carteles del Frente Renovador durante la rueda de prensa con que Giustozzi presentó un proyecto de ley para restituir el Fondo del Conurbano parece un indicador que una amalgama de intereses comunes no es una meta consumada.

 

Acaso el de Almirante Brown haya comenzado a analizar como válido el argumento echado a correr por el oficialismo para augurar el fracaso de esa coalición: la dificultad que un Presidente surja de la Primera Sección Electoral y  el gobernador de la Tercera. “Eso los vuelve más unitarios que nosotros”, chacoteó con ironía un dirigente  K, al tanto de los movimientos previstos por esa fuerza en Almirante Brown no solo para meter una cuña en esa aparente contradicción.

 

El presidente del Instituto de Previsión Social (IPS), Mariano Cascallares, no solo es el primer candidato a concejal del Frente para la Victoria en ese distrito sino que tendrá a su cargo la delicada misión de evitar una colisión en ciernes sobre la versión local de “Unidos y Organizados” que polarizan el Movimiento Evita y La Cámpora.

 

Apadrinado por Scioli y su antiguo superior en el Anses, Diego Bossio, Cascallares aspira a consolidar una base que en el 2015 le permita disputar la jefatura del gobierno municipal que Giustozzi dejará a fin de año a manos de un dirigente radical, Daniel Bolettieri,  sin vínculo efectivo con ninguno de los dos Frentes en disputa.

 

Aunque resulte electo será difícil que Cascallares asuma el cargo: su objetivo es permanecer al frente del IPS si es que Scioli lo deja: tal vez después de los comicios de octubre sus esfuerzos para eludir ser parte del gabinete de ministros no surtan efecto y deba suplantar en el de Desarrollo Social a Martín Ferré.  Su pasado como colaborador de Alicia Kirchner durante el gobierno de su hermano Néstor, sería el antecedente del que no podría abjurar en esa instancia.

 

Mientras tanto, se concentra en la estrategia de fidelizar el voto K apelando a la imagen de Insaurralde, articulador de la ofensiva electoral sobre Giustozzi La agenda de campaña del funcionario será administrada por Bossio y Scioli, quien ya comprometió su presencia en al menos tres actos. La presidente Cristina Fernández sería la figura central de uno de ellos. Si así fuese, sería la tercera vez que concurra a Almirante Brown pero la primera que lo haga en medio de una campaña.

 

El argumento de haber logrado casi el 72 por ciento de los votos sin esa ayuda es el que late en el discurso de Giustozzi quien esa semana convocó a sus 100 principales funcionarios para darle forma a la logística necesaria para garantizar el corazón vital de la elección del 11 de agosto. la fiscalización de las 140 escuelas habilitadas para votar.

 

Ese es, por ahora, el talón de Aquiles del Frente para la Victoria, con dificultades para reunir los 1.200 fiscales imprescindibles. La discusión de cómo cubrir el 30 por ciento de las vacantes libres para ese día reeditar en el seno del oficialismo la aversión por La Cámpora que anida en los dirigentes con trabajo territorial, usualmente rotulados como punteros.

 

La formación que responde a Máximo Kirchner propone arriar colaboradores desde la Universidad Nacional de Quilmes y de la de Lanús, en una iniciativa que no seduce a los del Movimiento Evita, partidarios de auxiliarse con militancia con experiencia.  Otro de los debates emergentes que tal vez tengan lugar una vez que el peronismo se valga de las legislativas como una interna propia  de cara a la renovación de autoridades pendiente para fin de este año.

 

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