24 de marzo: Memoria, Bergoglio y Justicia

Por María Alejandra Esponda (*)-.

En este 24 de marzo me gustaría hacer una reflexión claramente permeada por la actualidad y por la reciente asunción de Bergoglio como Papa Francisco.

 

Los temas que hegemonizaron las tapas de los diarios en estos días no sólo tuvieron que ver con la asunción en sí misma del Papa, las ceremonias, las reuniones, las palabras, las disputas, los sentimientos, etc., sino que se puso especialmente en cuestión el rol del nuevo Papa durante la última dictadura y las supuestas intenciones oscuras por parte de algunos periodistas y periódicosde “izquierda” y “anticlericales” para manchar su imagen, que dicho sea de paso, de la noche italiana a la mañana argentina, se tiñó de blanco.

 

El mismo Bergoglio y sus voceros se encargaron de que rápidamente todas las acusaciones quedaran en el pasado y mejor aún si se podía desprestigiar a uno de los periodistas (Verbitsky, Página/12) que se encargó de investigar y documentar los comportamientos y actos de la Iglesia y de quien hoy reviste un inmenso poder a nivel mundial.

 

Es así que desde que comenzó la polémica una serie de actos y manifestaciones tuvieron lugar, cual operativo de limpieza papal: declaraciones de figuras renombradas de organismos de derechos humanos (Pérez Esquivel, Fernández Meijide) expresaron su apoyo al nuevo Pontífice, dándole su beneplácito y fortaleciendo esta construcción de realidad que tanto preocupó en estos días: el Papa nada tuvo que ver con las desapariciones, no le soltó la mano a ningún detenido ni ofreció listas negras a las autoridades militares.

 

El operativo continuó con testimonios de personas que declaraban que él había intervenido solicitando la liberación de algunos detenidos, con la noticia de que el primer beato de este Papa sería un cura asesinado durante la última dictadura y como broche de oro las palabras de una de las víctimas, el cura Jalics, en dos tandas: una primera declaración afirmando que él ya se había “reconciliado” con Bergoglio, lo que podía interpretarse como un “perdón”; provocando una segunda declaración en la que manifestó explícitamente que ni él ni Yorio fueron entregados por Bergoglio. Sin embargo, me pregunto si la palabra y la decisión personal de una víctima que primero “perdona” y días después niega acusaciones pasadas ¿puede ser el final feliz de esta historia?¿Esto anula la existencia de otros testimonios y documentos que van en sentido opuesto?

 

Qué superficialidad, qué liviandad con la que se declara tema cerrado, con la que se decreta la verdad sobre este “argentino y peronista” (atributos a partir de los cuales aparentemente, en una especie de renacimiento esencialista, deberíamos sentirnos tranquilos, contentos y orgullosos).

 

En estos días, temo que muchos de los dirigentes de los que aún algunos esperábamos algo de coherencia y seriedad, cambiaron consistencia política e ideológica por liviandad mediática. Prefirieron tirar por la borda toda labor de verdad y justicia y se sumaron a la corriente de reconciliación y algarabía masiva inconducente, cuya expresión provincial mariottista (¿o marionetista tal vez?) no tuvo desperdicios.

 

Me preocupa que estemos asistiendo a un nuevo operativo de banalización de las responsabilidades civiles, clericales y militares en la última dictadura, que con tanto esfuerzo y compromiso por parte de testigos, abogados, fiscales, jueces, periodistas, historiadores etc., y tanto dolor como lo atestigua la desaparición de Jorge Julio López, se están logrando revisar, llevar a los magistrados y poner en el banquillo de los acusados.No alcanzan los operativos mediáticos de buenas intenciones, no alcanzan los “gestos”, no alcanza con que la Iglesia pida perdón. Debe colaborar con la justicia, debe poner a su disposición toda la información y todos los archivos, para que aquellos miembros de la iglesia que –por ejemplo– se metieron en los centros clandestinos de detención para lograr la “confesión” de los detenidos y detenidas recién torturadas, sean juzgados por la única justicia que conocemos como mortales: la justicia terrenal.

 

Como transeúnte de la historia, como hija de un militante desaparecido, como hija de una militante ex detenida-desaparecida “confesada” en cautiverio, como la “María” que soy (en pedido desesperado de mis abuelos a la virgen por sus hijos desaparecidos), como madre de mis hijos a los que día a día trato de inculcarles que primero siempre la verdad, como docente, antropóloga y como argentina, me gustaría un 24 de marzo lleno de Memoria, Verdad y Justicia sin tapujos. Que si la memoria nos lleva a la verdad y la verdad nos lleva a la justicia emprendamos con ansias ese camino y no seamos hipócritas ante el poder clerical, no seamos hipócritas ante el poder económico,tampoco ante el poder político, ni ante las conjunciones posibles de todos ellos.

 

(* Antropóloga Social

 

Sede la de CEB - Cooperativa Eléctrica de Bariloche
Javier Milei y Manuel Adorni

Las Más Leídas

También te puede interesar