Para torear a Scioli se despabila hermandad ultra-K no “pejotista”

Por Pablo Ibáñez *.-

Fueron los guardianes del purismo K, los soldados de Cristina de Kirchner; la avanzada que daría esencia y caudal al entramado kirchnerista más allá del soporte histórico que, a gusto o no, sostuvo desde el principio -desde el lejano 25 de mayo de 2003- a los Kirchner: el peronismo.

 

Unidos y Organizados (Uy0), la hermandad que la Presidente bendijo en persona el 27 de abril del año pasado al encabezar el acto en Vélez donde «nació» esa megaagrupación gerenciada por La Cámpora, irrumpió para centralizar la galaxia cristinista.

 

Pero la espuma bajó y la Presidente inició un giro hacia el peronismo. El primer gesto fue recibir a los intendentes del PJ en Casa Rosada para festejar el 17 de octubre, hecho que reposicionó a Julio De Vido en la trinchera política luego de meses de aislamiento.

 

 

Luego, por mandato de Olivos, dos caciques jóvenes pero de métodos ortodoxos como Fernando Espinoza de La Matanza y Martín Insaurralde de Lomas, se sentaron en la mesa chica de Unidos y Organizados. Fue, en concreto, el aviso serio de su pérdida de exclusividad.

 

El tercer movimiento fue permitir que el PJ bonaerense reúna sobre la hora, con el hacha judicial rozándole el pescuezo, a su Consejo partidario y convoque al Congreso provincial para evitar la acefalía. La estrella de los dos shows fue una figura impensada: Amado Boudou.

 

El verano, con la irrupción del grupo Santa Teresita que reunió a unos setenta intendentes bonaerenses, diez diputados nacionales y unos veinte legisladores provinciales para mostrar tumulto enfrente de Daniel Scioli, definió el punto más alto de peronización de Cristina de Kirchner.

 

Se atribuye el movimiento a Máximo Kirchner, El heredero, mecenas de La Cámpora, es invocado como promotor de un esquema amplio que abarque de un borde a otro del dispositivo K donde el peronismo, con sus dones y sus defectos, se posicione como el instrumento central.

 

Todo, por supuesto, supeditado a las indicaciones que emanen del despacho de la Presidente y con la condición de recordar, allí donde haya más de dos dirigentes, como si se tratara de un santo y seña, que la Presidente es la jefa única, la indiscutible.

 

A Carlos Zannini, que reprocha que injustamente se diga que en su juventud fue PCR, se atribuye ser el impulsor de un esquema más cerrado que contemple, casi como si se tratara de la última parada del kirchnerismo, únicamente a los leales y a ellos les pague a la hora de repartir bancas y fueros.

 

Puede, entonces, atribuirse al secretario de Legal y Técnica, la autoría de convertir en show de reaparición de Unidos y Organizados una actividad originalmente modesta, en un reducto con capacidad para no más de 3 mil personas que a mediados de enero craneó Gabriel Mariotto.

 

El vice bonaerense armó la cita como un evento para discutir Políticas Públicas de la provincia hasta que el jefe neocamporista Andrés «Cuervo» Larroque lo llamó y le sugirió darle al encuentro un perfil más asambleario, con el respaldo y la presencia de los UyO. El encuentro será el jueves, desde las 9 de la mañana, en el campo de deportes del club Banfield, en Luis Guillón, Esteban Echeverría. El lugar elegido por Mariotto, lleva el nombre de Alfredo Palacios, y se ramifica a la vera del Camino de Cintura. Hasta allí llegarán delegados de UyO y una ristra de funcionarios nacionales.

 

Se adivinan en la maniobra varias intenciones:

 

Luego de varios meses de ofensiva peronizada, Cristina decide volver a poner sobre el ring a los Unidos y Organizados, hermandad que en su momento significó asumir la insuficiencia de La Cámpora como guardia pretoriana. El protagonismo que en los últimos meses adquirió el PJ, que a la velocidad de la luz se entreveró en internas, parece obligar a una compensación y por eso se despabila Unidos y Organizados que últimamente vio por TV los forcejeos políticos que centralizó el pejotismo K.

 

Que se magnifique una actividad armada y convocada por Mariotto, el vice bonaerense -que originalmente no había sido invitado a Santa Teresita hasta que le dijo que vaya Cristina, ante lo cual luego lo llamó Julián Domínguez- sobre «políticas públicas» define otra característica: sin presencia sciolista, y en medio de una metralla de acusaciones sobre la eficiencia del gobernador, la juntada implicará otro mensaje de advertencia a Scioli.

 

Es un juego sensible porque la cumbre ultra K que invitará a los dirigentes del PJ -¿como en Vélez lo excluirán del escenario mayor?- coincide con una crisis provincial que durante 48 horas dejará sin clases a 4,5 millones de alumnos, fenómeno que no será exclusivo de Buenos Aires sino que se repetirá en 16 de las 24 provincias.

 

Todo en un marco más complejo: un torniquete proyectado para las cuentas bonaerenses ante lo cual Scioli decidió apurar la discusión en vez de esperar, como el año pasado, hasta último momento un auxilio de la Nación -que jura que le habían prometido «de palabra»- pero que no llegó, al menos en tiempo y forma, para poder pagar el aguinaldo.

 

*periodista, analista político. Diario Ambito Financiero

 

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