A ese enfrentamiento y su posible secuela en balotaje seguirán las midterms estadounidenses del 3 de noviembre, que definirán la relación de fuerzas entre republicanos y demócratas en el último bienio de Trump, y en 2027 la Argentina. Será un año terrible.
Brasil: empate al pie de las urnas
El presidente brasileño y el senador fluminense por el Partido Liberal (PL) llegan a la primera vuelta virtualmente empatados en todos los sondeos, panorama que se repite en las simulaciones de segundo turno.
La última encuesta de Datafolha arrojó una ventaja de 45% a 40% de los votos válidos y positivos para Lula sobre Bolsonaro para el domingo. El escenario de segundo turno, en tanto, dio un empate técnico: 48% y 45%, respectivamente.
Luiz Inácio Lula da Silva y Flávio Bolsonaro, en empate técnico para un eventual segundo turno, según Datafolha. (Fuente: Folha de S. Paulo).
Otro estudio, el de Atlas-Intel, directamente previó 50-50 para el 25-O.
Luiz Inácio Lula da Silva y Flávio Bolsonaro encararían un eventual ballottage en una situación de empate total, de acuerdo con el último sondeo de AtlasIntel.
Lula se ausentó el viernes a la noche del debate entre los principales candidatos organizado por la poderosa Rede Globo. Prefirió evitar que los invitados, ubicados entre el centroderecha y la derecha dura, lo eligieran como blanco de sus ataques y, en lugar de eso, dialogó con Igor 3K en Flow Podcast, un tanque del streaming que se define como "ni de izquierda ni de derecha", de estilo ameno y dirigido a un público juvenil y mayormente despolitizado.
Lula da Silva y el debate vaciado
Durante la entrevista, realizada en la residencia presidencial de Brasilia, Lula defendió su decisión de prohibir las casas de apuestas, deploró el estado moral de la política, se mostró confiado, descalificó ética y políticamente a su rival y se mostró convencido de vencer.
Además, a tono con el streaming que lo entrevistó, le pidió a la juventud que no se entregue al desencanto y a la indiferencia.
Luiz Inácio Lula da Silva prefirió dar el jueves una entrevista a Flow Podcast, un streaming muy consumido por los jóvenes de Brasil, antes que acudir al tradicional debate de la Rede Globo. Este, al final, fue cancelado.
Ante el hecho consumado de la ausencia de Lula y tras un fallo de la Justicia que impedía que las cámaras de la TV apuntaran a su atril vacío, Bolsonaro también desistió de acudir al debate. Pícaro, evitó así tener que responder por las revelaciones frescas sobre presunto tráfico de influencias durante el gobierno de su padre y ante el Supremo, los regalos caros que recibió como contraprestación y su asistencia regular —al menos durante 2022— a orgías con garotas de programa.
Resignada, la propia Globo terminó por cancelar el debate. Al final, el único que habló fue Lula.
Brasil y la ciénaga de la campaña
El miedo de los principales candidatos a exponerse no fue zonzo. Durante la campaña misma pasó un escándalo de presunto financiamiento ilegal del proselitismo bolsonarista por parte del banquero Daniel Vorcaro, hoy preso por la quiebra fraudulenta del Banco Master, y una ramificación del caso que impactó de lleno en el Supremo Tribunal Federal, con denuncias fuertes de contratos y tráfico de influencias.
Que el juez más poderoso de ese cuerpo, Alexandre de Moraes, haya quedado inmerso de lleno en el caso y haya sido quien instruyó la causa por golpismo que llevó a Jair Bolsonaro a la cárcel terminó afectando, por contigüidad, al Partido de los Trabajadores (PT).
El banquero preso Daniel Vorcaro y el juez del Supremo de Brasil Alexandre de Moraes. El caso de la quiebra fraudulenta del Banco Master salpicó la campaña de Flávio Bolsonaro.
Tal vez por eso, tal vez por la propia dinámica polarizadora de la política brasileña y, en general, latinoamericana, la ventaja de la que disfrutó Lula durante gran parte de la campaña se esfumó en el último par de meses.
El presidente sufre de cierta fatiga de material tras casi 40 años de protagonismo y cumplirá 81 años dos días después del segundo turno. Se muestra vital y recuperado de dos tropiezos con el cáncer, pero su imagen contrasta, en ese plano, con la de su rival, de plenos 45 años.
Democracia en apuros
La tensión no cede ni siquiera al pie de las urnas electrónicas que se habilitarán este domingo, esta vez sin los cuestionamientos de 2022 del bolsonarismo, que estimularon un intento de golpe televisado para todo el mundo.
Una horda de simpatizantes de Jair Bolsonaro irrumpió violentamente, con intenciones golpistas, en las sedes de los tres poderes en Brasilia el 8 de enero de 2023.
La institucionalidad está otra vez en problemas.
Por un lado, por la posibilidad de que un resultado muy apretado suscite un desconocimiento del candidato derrotado, en especial el bolsonarista. Los antecedentes destituyentes de su sector están probados por la historia reciente, y a ellos se suma ahora el apremio por recuperar el poder y sacar del arresto domiciliario y de la inhabilitación electoral al jefe del clan.
Por el otro, por el descrédito de los poderes del Estado, que parecen perforados dramáticamente por la corrupción.
La sombra de Estados Unidos
Un tercer elemento jaquea la estabilidad de la democracia: la injerencia indisimulada de los Estados Unidos de Trump.
Brasil fue, desde el inicio de su mandato, uno de los numerosos países sancionados con megaaranceles.
Luego, con el calendario electoral ya corriendo, Trump impuso sanciones personales al juez supremo De Moraes y su esposa, entre otros, por haber impulsado el encarcelamiento e inhabilitación de Bolsonaro padre.
Finalmente, volvió con aranceles recargados por las políticas del gobierno de izquierda, en especial por el uso extendido del sistema de pagos electrónicos Pix, dependiente del Banco Central y, en tanto gratuito, perjudicial para los intereses de las grandes empresas estadounidenses del sector.
El trasfondo estuvo dado todo el tiempo por la cercanía de Lula con el grupo BRICS de países emergentes y, en especial, con China, la obsesión de la potencia en relativa declinación.
La posibilidad de un triunfo de Lula por la mínima —remake del de 2022, cuando doblegó a Jair Bolsonaro por 50,9% a 49,1%— despunta como un tema de preocupación: el eventual desconocimiento de ese resultado por parte de Estados Unidos y el inicio de una campaña de hostigamiento aun mayor que la ya registrada.
Consultado sobre la posibilidad de que, una vez más, el clan Bolsonaro opere sobre la Casa Blanca —en especial, por obra de Eduardo Bolsonaro, "refugiado" en Washington y prófugo de la Justicia brasileña justamente por esas tareas de lobby—, el presidente se mostró calmo.
Donald Trump, flanqueado por Flávio y Eduardo Bolsonaro.
"Eso no me preocupa. No tengo ninguna preocupación", respondió Lula en una entrevista concedida esta semana.
"Le dije a Trump: no te metas en las elecciones de Brasil; de lo contrario, vas a perder. Es mejor perder sin involucrarse, porque, si te involucrás, te vas a llevar un disgusto", agregó.
Donald Trump vigila
La duda está clavada en el corazón de la política del hermano mayor de América Latina y el republicano no hace nada por desactivar las alarmas. Aunque evitó manifestar el favoritismo de todas las derechas continentales, le dijo a O Globo que va a seguir "bien de cerca" un pleito que calificó de "muy importante".
La aparición de banderas de Estados Unidos fue una constante de los actos de la campaña ultraderechista, lo que resulta elocuente respecto de qué alineamientos cabría esperar de una eventual administración de Bolsonaro hijo.
Entre polémicas por el apagón que Facebook, una de las marcas de Meta y del trumpista reciente Mark Zuckerberg, la Advocacia-Geral da União de Brasil —equivalente a la Procuración del Tesoro de la Argentina— les pidió al Ministerio Público y a la Policía Federal la apertura de una investigación por presunto financiamiento del movimiento MAGA a la campaña opositora.
Por si no bastaran los antecedentes de Trump con el Brasil de Lula, la preocupación sobre una injerencia recargada en el futuro del país hermano parece una escala natural tras los últimos sucesos en la región.
La intervención, directa o indirecta, del trumpismo en los comicios de Perú y Colombia, entre otros, todavía está fresca. Un poco más atrás, también la que se registró en las legislativas argentinas del año pasado, cuando el Departamento del Tesoro acudió con anuncios fuertes y un puñado de dólares en auxilio de Milei, entonces acosado por los efectos financieros del fracaso de su política.
Lo que el republicano no consigue con "la razón" lo arranca por la fuerza, puesta en práctica de su Estrategia de Seguridad Nacional y su Doctrina Donroe, la que no se molesta en cubrir con ningún velo la idea de que la región debe ser un "patio trasero" prohibido para China.
Donald Trump, parado sobre el "patio trasero", según la visión del dibujante Graeme MacKay en el Hamilton Spectator.
Después del sometimiento de Venezuela, se supone que se acerca el turno de Cuba. Mientras, Bolivia hace ruido fuerte en este preciso momento.
Brasil, Bolivia… ¿y Argentina?
La Policía boliviana arrestó el miércoles en Santa Cruz de la Sierra al fiscal general Roger Mariaca y a otros procuradores. Fue una razia de profundo impacto político que incluyó allanamientos a oficinas del Ministerio Público.
Roger Mariaca, fiscal general de Bolivia detenido por presuntos lazos con narcotraficantes. ¿Realidad o la larga mano de Donald Trump?
Además de jefe de los fiscales, Mariaca llevaba adelante la investigación por el intento de femicidio de la abogada Nadia Beller, expareja de Fernando Cerimedo, quien fue acusado como instigador y está con prisión preventiva.
La Fiscalía, o lo que queda de ella, denunció que su jefe fue "secuestrado" y la propia Beller, que zafó de milagro del ataque perpetrado por dos sicarios, denunció un intento de cerrar su caso y de hacer zafar al estratega digital que trabajó con sus troles para Milei en 2023 y, antes, para los Bolsonaro.
Con eso, se supone, le sacan también las papas del fuego al presidente de derecha Rodrigo Paz, quien puso unos cuantos secretos en manos de Cerimedo, quien tenía despacho propio en la propia sede de la presidencia.
Dos días antes de ser arrestado, Mariaca había sido sancionado con "restricciones de visado" por parte de Estados Unidos junto a "otros 20 funcionarios bolivianos corruptos", según anunció el Departamento de Estado. Ya es todo un clásico: Washington lo acusa de tener contactos con narcotraficantes, para lo que se vale de la confesión del uruguayo Sebastián Marset, detenido en marzo y extraditado a Estados Unidos.
Según consta en un oportuno video difundido por la Policía boliviana, el narco admitió ser amigo del fiscal y recibir del funcionario "avisos" oportunos.
Sin embargo, Beller difundió fotos que muestran a Cerimedo junto a Donald Trump Jr. y al exasesor de la campaña MAGA Brad Parscale.
Muchas cosas grandes empiezan a jugarse el domingo en Brasil, previa de las midterms estadounidenses del 3 de noviembre y del referéndum sobre Milei de octubre del año que viene.
El partido será largo, tenso y probablemente sucio. Empieza este domingo.