Vota Brasil: Lula da Silva y Bolsonaro pelean por un 5% enjabonado
Las encuestas dan un resultado apretadísimo en la primera vuelta del domingo. El microbotín de los votos sueltos y la campaña sucia. ¿Anticipo de la Argentina?
Luiz Inácio Lula da Silva frente a una multitud en Fortaleza, en el tramo final de la campaña en Brasil (foto: Ricardo Stuckert).
A cuatro días de la primera vuelta de las elecciones de Brasil, que se celebrará este domingo, el presidente Luiz Inácio Lula da Silva y su retador, Flávio Bolsnaro, pelean por conquistar el alma del 5% que está llamado a definir la historia. A eso se ha reducido la política en el gigante sudamericano. ¿También en Argentina?
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Lo que viene en el país vecino es para corazones fuertes dada la paridad que muestran todas las encuestas. Y también para mentes frías por lo mucho que está en juego:
El futuro político del hermano mayor de la región y principal socio de nuestro país.
La resistencia o una recaída en las mociones golpistas de la extrema derecha que se evidenciaron en los comicios de 2022.
La restauración o el mantenimiento de la virtual ruptura de relaciones con nuestro país provocada por los insultos de Milei a Lula.
Javier Milei y Flávio Bolsonaro.
El curso del Mercosur, organismo del que casi nadie se acuerda.
Por si eso fuera poco, un contexto ineludible para el 2027 nacional.
Encuestas para el infarto
Datafolha, Quaest, Ipsos, Nexus, MDA… La profusión de encuestas es enorme, pero sus conclusiones coincidentes facilitan el análisis: la puja entre Lula y Bolsonaro hijo —papá Jair, el expresidente, purga prisión e inhabilitación por golpista— está empatada.
Para ilustrar el punto basta con citar algunos datos más recientes de otra de las consultoras grandes: AtlasIntel, de muy buen track record en toda la región y una de las más sensibles para captar el voto de la extrema derecha, como se comprobó en 2023 en la Argentina.
Según el sondeo de esa firma para la agencia Bloomberg, el escenario es infartante.
Para la primera vuelta de este domingo, considerando solo los sufragios válidos y positivos —como mandan las reglas del escrutinio, excluyendo blancos y nulos—, Lula capta una intención de voto del 46,2% contra 43,1% de Bolsonaro. Apretado y cerca del margen de la mayoría absoluta, pero, como es habitual, sin llegar a ella para evitar un balotaje.
Así, los dos principales candidatos captarían casi el 90% de los votos. El resto se reparte entre los postulantes nanicos.
Los pocos electores que, por ahora, se resisten al Bover de la política brasileña ya van tomando partido para el probable segundo turno, el que, en el escenario más reciente de AtlasIntel, arroja 47,6% y 47,7%, respectivamente, considerando en este caso indecisos y dispuestos a votar en blanco o a anular el voto.
Cuando se eliminan esos residuos y se proyecta la intención de voto según las reglas del escrutinio, el resultado es un impactante 50-50.
¿Novedad? No tanto. En las elecciones de octubre de 2022, Lula se impuso por 50,9% contra 49,1% de Bolsonaro padre, quien intentó hasta último momento que una ola de manifestaciones suscitara un golpe militar y, ante el rechazo de la mayor parte de la comandancia a perpetrarlo, pretendió forzarlo mediante el copamiento de las sedes de los tres poderes en Brasilia, el 8 de enero de 2023.
Brasilia, 8 de enero de 2023: asalto a las sedes de los tres poderes por hordas bolsonaristas, una semana después de la asunción de Lula da Silva.
Con un 95,3% del electorado brasileño que ya se anima a anticipar una decisión de segundo turno, el tramo final de la campaña queda reducido a conquistar al casi 5% restante, que pretende vender caro su corazón o, tal vez, mantenerlo indiferentemente puro.
A eso se limita la política en tiempos de hipergrieta: rechazos viscerales cruzados y masivos, núcleos duros que se amplían en el antagonismo y un electorado independiente que, además de sumamente pequeño, es el más indiferente. Captarlo parece una misión imposible.
Dados los antecedentes del clan Bolsonaro y el apoyo militante y poco respetuoso de las reglas de la democracia que han mostrado los presidentes de Estados Unidos y la Argentina, la eventualidad de un triunfo por la mínima del izquierdista podría volver a abrir un abismo de crisis institucional y sanciones de la hiperpotencia.
¿Un debate pendiente en Argentina?
En busca de romper el empate, Lula encontró el último viernes un revulsivo para sacudir una campaña a la que no conseguía imprimirle su agenda. Ese día decidió el paso a la clandestinidad de las casas de apuestas deportivas, conocidas como bets, a través de una medida provisoria (MP). Esto equivale a un DNU de la Argentina, aunque, al revés de nuestro país, para mantener vigencia debe ser ratificado por el Congreso dentro de los 120 días.
Desde esa jornada quedó prohibida la realización de nuevos depósitos por parte de los apostadores y al día siguiente del primer turno electoral vencerá el plazo para que estos retiren el dinero que aún mantengan en sus cuentas. El martes 6 de octubre, las bets quedarán bloqueadas, ad referendum del Congreso.
Además de impacto, Lula buscó atender una realidad: el inquietante nivel de endeudamiento de las familias pobres debido al auge de la ludopatía. ¿Otro anticipo para la Argentina de la morosidad récord?
Arriesgó porque los clubes más populares se pusieron rabiosamente en contra con una campaña que alertó sobre "el fin del fútbol", adviertieron sobre los contratos que mantienen vigentes con las casas de apuestas, avisaron que no pueden renunciar a patrocinios por 200 millones de dólares anuales solamente en la primera división, pusieron en guardia a los principales medios de comunicación —también lubricados por las pautas de las bets— y ahora amenazan con suspender el Brasileirão.
Sin embargo, quedó claro que Lula había jugado sobre seguro cuando se supo que el nivel de respaldo a la MP se eleva al 75%. No por nada Bolsonaro cuestionó más el timing electoralista del decreto y el peligro de auge del juego ilegal que el fondo de la cuestión.
El paquete, que además busca recuperar consumo equivalente a nada menos que el 1% del PBI brasileño que se iba por la canaleta del juego, viene con un adicional: la compra a las entidades financieras, por parte del Estado, de las deudas con una mora superior a los dos años. Para eso, Lula promete usar 2800 millones de dólares para quedarse con compromisos nominales que decuplican esa cifra. La quita se explica en que, para los bancos, se trata de pasar todo eso a pérdida o conformarse con recuperar el 10%.
La política en la ciénaga
Con tanto en juego, no sorprende que la campaña se ponga turbia.
Un conjunto de mensajes, fotos y documentos reunidos por Alexandre Santini, exsocio de Flávio Bolsonaro, y filtrados a la prensa sugieren que el presidenciable ultra habría influido sobre un juez del Supremo Tribunal Federal (STF), Kassio Nunes Marques, para favorecer a un cliente del hombre bomba. Esas gestiones le habrían valido al presidenciable un Rolex de oro blanco valuado en 60.000 dólares, entre otras dádivas.
Los archivos incluyen también mensajes entre Santini y una presunta madama que sugieren la posible participación de Bolsonaro hijo en fiestas con prostitutas.
Imagen: Daniel Medeiros/PlatôBR.
¿Tendrá impacto el nuevo escándalo o el pescado está mayormente vendido en un país en el que la ciudadanía ya no espera demasiado de sus dirigentes? Ante el fuego cruzado tan violento y de tan larga data, ¿alguien cree realmente en algo? ¿Serán estas las últimas detonaciones de la campaña?
Católicos vs. evangélicos
Una periodista de GloboNews informó de manera errónea que Bolsonaro hijo planeaba, en caso de vencer, quitarle a la Virgen de Aparecida su condición de patrona de Brasil. La cadena admitió luego que fue un error, pero la pieza de fake news corrió como reguero de pólvora en las redes y atizó un modo lateral de búsqueda del voto: el enfrentamiento entre católicos y pastores evangélicos de derecha que militan el bolsonarismo.
Las herramientas de las redes y las noticias falsas, tan largamente usadas por la extrema derecha brasileña desde los tiempos en que el argentino Ferando Cerimedo le prestaba sus servicios, se le volvieron esta vez en contra.
El senador Bolsonaro dijo y repitió que la Virgen no corre peligro con él, pero Lula no deja de hacer bandera con el tema en sus actos.
Con su énfasis en este tema y en el de las deudas y las bets, el petismo demuestra que el bolsonarismo no es solo una cuestión de élites y que debe disputar con él incluso en la base más popular de Brasil.
Ya en su campaña de 2022, el izquierdista Luiz Inácio Lula da Silva hizo campaña con una imagen de la Virgen de Aparecida, patrona de Brasil.
La mano traviesa de Mark Zuckerberg
Las redes sociales permiten juegos —sucios— de ida y vuelta.
El oficialismo denunció que Facebook, empresa hermana de Instagram perteneciente al holding Meta, impuso restricciones no justificadas a cuentas oficialistas y llegó a bloquear la correspondiente a los anuncios anuncios electorales.
El tema se judicializó y fue y vino, pero constituye un poderoso aviso sobre los modos digitales de la injerencia estadounidense en los procesos electorales de la región: con los años, Mark Zuckerberg pasó, como otros tecnooligarcas, de detractor a subordinado de Trump.
¿Será que, en caso de triunfo de la izquierda, volverán las regulaciones administrativas y judiciales a las redes sociales estadounidenses, como ocurrió en el pasado con Twitter, sumando un elemento de tensión a la relación entre los dos países, expresada ya en sanciones personales y aranceles comerciales impuestos por Washington?