Dentro de un año, la Argentina va a estar en campaña electoral, con Javier Milei tratando de elevar el piso de apoyo que retiene a pesar de todo para hacerlo compatible con su reelección, con el peronismo decidiendo si intenta un nuevo renacimiento o si opta por la muerte de la ruptura, y con una tercera vía que debería haber definido de una vez por todas su identidad. ¿Polarización a la vista?Las complicidades expuestas ayer en la Cámara de Diputados para melonear el expediente de Manuel Adorni anticipan ese escenario, vaciamiento del centro mediante.
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El comienzo obsceno de la Adorni Week que debería continuar en el Senado encontró un símbolo político potente en la mayoría de bancas vacías que impidió el tratamiento sobre tablas del pedido de interpelación con miras a una moción de censura del jefe de Gabinete.
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Este, vale recordar, dejó la vocería en manos de Adrián Ravier ante su imposibilidad de, siquiera, pararse frente a "simples periodistas" y de capitalizar lo que el Gobierno entiende como noticias económicas positivas.
El drama es que tampoco es capaz de oficiar como jefe de Gabinete, el cargo que le queda y que le blinda el opoficialismo. Según Patricia Bullrich, la jefa díscola de la bancada ultra, Adorni no se presentará el 2 de julio en el Senado para presentar el informe de gestión que debe desde hace ya un año.
"Yo lo suspendí porque no tenía sentido hacerlo venir para que lo tengan ocho horas castigándolo en público. Además, los senadores no quieren recibirlo como jefe de Gabinete", señaló.
El aludido, con todo, la desmintió y se declaró plenamente dispuesto a acudir, por fin, adonde nadie lo quiere recibir.
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El desorden del Gobierno es clamoroso y el Presidente no quiere, no puede o no sabe hacerse cargo de eso.
Los sentidos de un símbolo
La imagen de las bancas vacías expresa varios sentidos a la vez.
Banca
Por un lado, habla de la imposibilidad de la extrema derecha gobernante de alegar algo, cualquier cosa, en defensa de un hombre verdaderamente indefendible.
Además, da cuenta de la vocación casi suicida de un centro –más nítidamente geográfico que ideológico– de extender en el tiempo su pegoteo con un gobierno del que, tal vez, más adelante –acaso ya tardíamente– necesite diferenciarse.
Asimismo, muestra el predominio kirchnerista dentro de una oposición hoy imposible de concebir como un universo unificable.
Por último, expone la enésima defección ética de la política, causa suficiente de un desapego ciudadano que no debería hacer más que crecer ni sorprender.
El centro, los K, Adorni y el Tercer Reich
A lo que merece llamarse oposición le faltaron 12 diputados para forzar el quorum. Las 140 complicidades con Adorni pudieron más.
Asistieron los diputados de Unión por la Patria, de la izquierda, de la Coalición Cívica, Miguel Pichetto y "diez de los 18 miembros de Provincias Unidas, donde dejaron sus bancas vacías emisarios de mandatarios enfrentados a Milei como Martín Llaryora –Córdoba–, Maximiliano Pullaro –Santa Fe– e Ignacio Torres –Chubut–", escribió en su nota para Letra P Mauricio Cantando.
También hay que destacar a Marcela Pagano –Coherencia–, a los socialistas, al radicalismo que responde a Martín Lousteau –Karina Banfi, Pablo Juliano– y a los jujeños de Carlos Sadir.
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En la contribución al nuevo envilecimiento de la política se anotaron La Libertad Avanza (LLA), el PRO, la UCR "oficial" y el Movimiento de Integración y Desarrollo (MID).
En ese marco, también legisladores vinculados a los gobernadores Alfredo Cornejo –Mendoza–, Rogelio Frigerio –Entre Ríos–, Osvaldo Jaldo –Tucumán–, Raúl Jalil –Catamarca–, Gustavo Sáenz –Salta–, Hugo Passalacqua –Misiones–, Marcelo Orrego –San Juan–, Rolando Figueroa –Neuquén–, Juan Pablo Valdés –Corrientes– y Leandro Zdero –Chaco–, además de los mencionados en el párrafo anterior. Los conocidos de siempre.
La excusa de "no votar nada junto al kirchnerismo" a esta altura es una estupidez que no se la creen ni quienes la repiten. O, mejor dicho, es un vicio grave: el temor al contagio de no se sabe qué enfermedad inhibe el pensamiento propio en los "centristas" y los habilita a auxiliar a un evasor confeso.
¿Hasta qué punto pretenderán llevar ese argumento? ¿Avalarían una declaración de apoyo al Tercer Reich si el kirchnerismo se opusiera?
La venalidad expuesta, de seguro, tiene otras explicaciones, algunas de las cuales deberían detectarse en envíos de fondos a determinados distritos. Otras no se conocerán nunca.
La república perdida
Tampoco se sostiene el argumento de que es el Presidente quien debe lidiar con el mentiroso y ladrón de fondos públicos, un hombre ampliamente repudiado en la sociedad. Como Milei se declara dispuesto a proteger a Adorni a como dé lugar –una vez más, vaya a saberse por qué–, la abstención implica connivencia con la corrupción. No hay grandilocuencia sobre la república y las instituciones que compense semejante conducta ni artilugio que disimule tanta hipocresía.
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El tema ahora pasará al biribiri de las comisiones, aliciente para la esperanza oficial de que el avance de la Selección en el Mundial distraiga a la gente del escándalo que no logra sacudirse hace ya más de tres meses.
En tanto, la citación a declaración indagatoria de José Luis Espert –precuela de un previsible procesamiento– por los 200.000 dólares que recibió de Fred Machado no hace más que refrescar la memoria sobre la altura de la vara ética de la extrema derecha gobernante. La reciente reivindicación hecha por Milei del economista sospechado –contumaz, falaz y promotora de la violencia– apunta en el mismo sentido.
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Así, es probable que al PRO de Mauricio Macri no le alcance con esgrimir el aliento de actores relevantes del Círculo Rojo, presentar logo nuevo, anaranjar su identidad amarilla y proclamar eslóganes como "el próximo paso" para recuperar la personalidad extraviada. ¿En qué consistiría "el próximo paso" si no en dotar al modelo económico en curso de un piso de cordura política y –al menos en el plano de los discursos– de respeto por la ética?
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En medio de críticas generalizadas y que calaron hondo, el partido salió anoche con una explicación abstrusa, que ratificó su voluntad de censurar a Adorni, pero que explicó que con el acuerdo –¡con LLA!– para que el tema fuera tratado en comisión "el quorum ya no era necesario para garantizar que el tema siguiera su curso institucional". Todo, desde ya, para no "hacerles el juego a los kirchneristas". Pareciera que el manual de las excusas tiene una sola página.
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Es Milei quien perpetra "el ajuste más grande de la historia de la humanidad", por lo cual quien desee seguir su huella económica con un poco más de tino político ni siquiera debería reivindicar semejante desmsura. Aun así, se el opoficialismo lo hace. Si encima el centro se despoja de toda responsabilidad republicana, ¿qué le queda?
Lo mismo cabe decir de un radicalismo que, más allá de las excepciones mencionadas, sólo reacciona cuando se le tocan sus feudos. Ese partido, sin embargo, parece haber perdido –lamentablemente– hace ya mucho cualquier pretensión de propósito histórico.
A los gobernadores, columnas vertebrales residuales de partidos gelatinosos como los mencionados, les queda la esperanza de que Karina Milei decida no correrlos con listas propias en las elecciones locales del año próximo. Y aun en los casos en los que haya reelección quedaría el autorreproche de haber contribuido tanto a un proyecto de continuidad en la Casa Rosada que no les auguraría ningún alivio presupuestario.
El pecado de la deserción
El suicidio del centro político es un problema, no porque este tenga o no tenga posibilidades de victoria o, incluso, porque las merezca o no. El inconveniente mayor es la deserción, la que deja a un sector de la ciudadanía –básicamente compuesto por clase media castigada– huérfano de representación y forzado al expediente corrosivo de la opción por lo que entienda el año que viene como un "mal menor".
Aunque no sea para ganar, competir permite, cuando menos, imponer temas de preocupación en la agenda e incidir, política y alianzas mediante, en el curso de los acontecimientos.
Con la excusa zonza del rechazo al kirchnerismo, el centro geográfico no hace más que favorecer la chance electoral de los dos polos de la política nacional, incluido ese –el kirchnerista– que tanto detesta, pero al que auxilia cuando atraviesa un trance de crisis existencial.
Los recientes ballottages presidenciales en Perú y en Colombia expusieron una misma postal, hecha de polarización extrema, sociedades partidas por mitades irreconciliables, legitimidad recortada para los mandatarios electos y horizonte de inestabilidad.
En el primero de esos países, el izquierdista Roberto Sánchez ya se resigna al veredicto del apretadísimo escrutinio oficial, pero ayer desconoció el triunfo de Keiko Fujimori y lanzó una campaña de "resistencia democrática" que tendrá este mismo sábado su bautismo en las calles.
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Si el bolsonarismo, que sufre en las encuestas el escándalo de los aportes en negro del banquero preso Daniel Vorcaro, consiguiera explotar la novedad de que esas esquirlas también impactan en el Partido de los Trabajadores, no sería imposible que ese estado de cosas se extienda a Brasil en octubre próximo.