La dirigencia de Rosario Central lleva diez años gestionando la ocupación del espacio que la Prefectura Naval Argentina posee adyacente a su estadio y todas las instancias se agotan en la última firma: Mauricio Macri bajó un acuerdo en 2016, Alberto Fernández aprobó la cesión, pero nunca la rubricó y Patricia Bullrich frustró los últimos intentos del presidente Gonzalo Belloso.
El espacio de Prefectura que quiere Rosario Central
El club del barrio de Arroyito, en la zona norte de Rosario, mira el espacio que ostenta Prefectura en el mismo perímetro que su estadio como el lugar para trasladar la sede social de calle Mitre, en pleno centro de la ciudad. No obstante, la barrera de la Nación parece imposible de superar.
Las instalaciones de Prefectura Naval junto al estadio de Rosario Central
“Prefectura es un vecino incómodo”, le confió a Letra P un directivo de Central. Las instalaciones que la fuerza federal posee en el Gigante de Arroyito son son un trastorno para los propios prefectos y el club. En eso están todos de de acuerdo, pero en Buenos Aires el Gobierno frenó cada arreglo que hicieron las partes.
El primero de ellos fue en 2016, gestionado por el entonces directivo Fabio García. Prefectura requirió “un departamento con vista al río” para el prefecto y su familia a cambio del inmueble emplazado en el estadio. El acuerdo avanzó hasta el despacho de Mauricio Macri, por entonces presidente de la Nación.
Allí quedó, en un cajón, en momentos donde la dirigencia canalla era firme oposición al proyecto de clubes como Sociedades Anónimas que impulsó Macri, motivado por la crisis que atravesaba la Asociación de Fútbol Argentino (AFA) gestionada por entonces por la comisión normalizadora.
Los intentos de Belloso y el freno de Bullrich
La actual directiva de Central retomó la tarea pendiente. Con Alberto Fernández en la Casa Rosada, el camino del acuerdo fue más sencillo. El entonces presidente no dudó en respaldar el arreglo, pero la firma nunca se concretó y en Arroyito dieron por caída las conversaciones, incluso a pesar de los esfuerzos para lograr la deseada rúbrica.
El gobierno de Javier Milei no marcó ninguna diferencia. En Central incluso se abrieron en la negociación: le propusieron a Prefectura la construcción de un muelle como base operativa para sus embarcaciones en el sector de playa y guardería náutica que el club posee frente al estadio, a orillas del Paraná. Incluso, mantenían en pie la oferta de ceder un departamento con vista al río.
Por tercera vez, los directivos canallas transitaron el camino de la negociación. Sin ninguna expectativa de encontrar una conversación con el Presidente, los puentes se tendieron con Patricia Bullrich, por entonces ministra de Seguridad de la Nación. Y allí volvió a naufragar la gestión. La respuesta fue un rotundo no, sin argumentación.
Patricia Bullrich volvió a sacudir la política porteña criticando la gestión del subterráneo de la Ciudad de Buenos Aires.
Hay una hipótesis que no se puede soslayar: Belloso es señalado, dentro y fuera del ambiente del fútbol, como uno de los dirigentes, si no el que más, con mayor llegada al presidente de la Asociación del Fútbol Argentino (AFA), Claudio Chiqui Tapia, y al tesorero Pablo Toviggino. También cuenta con vínculos con Sergio Massa. Todos nombres que no caen simpáticos cerca de la senadora.
Los planes de Gonzalo Belloso
La directiva de Central, no obstante, mantiene sus planes de crecimiento institucional. A pocas semanas de que se inaugure la primera etapa de la construcción de la tercera bandeja en el estadio, en Arroyito hay otro proyecto para aumentar la capacidad del estadio sumando escalones en la parte superior de las tribunas populares.
El tablero electrónico que se alza sobre calle Génova quedará dentro de la popular y en lo alto se unirán populares y plateas para la creación de nuevas plateas. El proyecto le da continuidad a la necesidad de aumentar ubicaciones en el Gigante y cuenta con aprobación municipal, aunque aún tiene por delante el desafío de la financiación.
Es que la nueva tribuna, próxima a inaugurar, tuvo un costo de ocho millones de dólares. Una cifra relevante para las finanzas del club en un año donde no hubo ofertas por ninguno de los jugadores del primer equipo.