El comercio de la ciudad de Santa Fe atraviesa 2026 sin señales claras de recuperación, después de casi dos años de ventas en retroceso. Según el Observatorio del Centro Comercial, la actividad dejó de caer al ritmo de 2024 y 2025, pero continúa estancada sobre niveles bajos, con costos en alza y márgenes cada vez más reducidos.
“Las ventas se estabilizaron, pero sobre un piso muy bajo: no hay una recuperación del consumo y cada vez cuesta más sostener la rentabilidad, los alquileres y los puestos de trabajo”, advirtió Carlos Arese, director del organismo empresario.
El paso a paso de la sequía comercial en la ciudad de Santa Fe
Para el Observatorio, el punto más bajo de los últimos años fue el primer semestre de 2024. El organismo recuerda que las ventas registraron caídas interanuales de dos dígitos y que el consumo se retrajo con una fuerza pocas veces vista.
“Fue uno de los peores períodos para la actividad comercial en mucho tiempo”, señaló Arese.
Carlos Arese, director del Observatorio del Centro Comercial de Santa Fe, advirtió por el estancamiento de las ventas y el aumento de los costos.
Durante la segunda mitad de 2024, la caída perdió velocidad, pero no hubo recuperación. El año pasado fue más de lo mismo: las ventas volvieron a cerrar en terreno negativo, esta vez contra una base que ya era baja.
Recién en diciembre de 2025 apareció un alivio, empujado por las compras de fin de año. El repunte renovó las expectativas de los comerciantes capitalinos, pero quedó reducido a la temporada de fiestas y no alcanzó para cambiar el balance. “Un buen mes no compensa un año”, sintetizaron en la entidad.
La caída frenó, pero los costos siguen en alza
En el primer semestre de 2026, las ventas dejaron de mostrar el derrumbe de los dos años anteriores, aunque la mejora y el repunte del consumo todavía no llegaron.
El problema central ahora es la estructura de costos. La mitad de los comerciantes que alquilan destina más del 20% de su facturación al pago del local. Para otro 15%, la carga es incluso mayor: supera con holgura el 30%.
“Hace algunos años, esos porcentajes eran considerablemente más bajos”, advirtió Arese. A los alquileres se suman además las tarifas, los salarios y el costo financiero.
Con ese combo, el deterioro de las cuentas golpea de lleno la rentabilidad. Según el Observatorio, uno de cada tres comerciantes de la capital provincial califica como malo o muy malo el resultado de su negocio.
La presión también se refleja en las calles. En mayo, el 13,2% de los locales relevados en la ciudad de Santa Fe estaba desocupado, una cifra superior a la registrada seis meses antes.
Para Arese, la vacancia comercial no se explica solamente por el crecimiento de las ventas digitales. Aunque sostiene que las PYMEs deberán aggiornarse e incorporar esos canales como complemento, remarca que el problema de fondo sigue siendo “la debilidad del consumo interno y la ausencia de políticas que lo impulsen”.
La pérdida de empleos, un goteo silencioso
La crisis en los balances empresarios tiene su correlato en el mercado laboral. Para el Observatorio, “no hay una ola de despidos”, pero sí un “desgaste permanente” del empleo registrado, provocado por vacantes que no se cubren, jubilaciones que no se reemplazan y ajustes en las plantillas.
Esa sangría ya empieza a aparecer en las estadísticas oficiales. La desocupación en el Gran Santa Fe subió del 4,8% al cierre de 2025 al 6,5% en el primer trimestre de 2026: un aumento de 1,7 puntos en apenas tres meses.
Aunque el registro todavía se mantiene por debajo del 7,8% nacional y del 8,2% del Gran Rosario, la comparación con el trimestre anterior confirma que el mercado laboral de la capital provincial viene en caída.
Un consumo a dos velocidades
El dato que salió a la luz es que, aun en un escenario de consumo deprimido, cierre de locales y pérdida de empleo, no todos ajustan de la misma manera: el mercado aparece cada vez más partido en dos.
Mientras una parte de la población recorta alimentos y productos básicos para llegar a fin de mes, otra conserva capacidad para gastar en viajes, turismo y bienes de mayor valor.
Para el Observatorio, no se trata simplemente de un cambio en los hábitos de consumo, sino de una creciente segmentación social que repercute directamente sobre el comercio de cercanía, dependiente del gasto cotidiano de los barrios. “Hay cada vez más desigualdad”, resumió Arese.