El Sindicato de Vendedores de Diarios y Revistas de Rosario mostró su preocupación por el avance gastronómico sobre sus puestos callejeros. “La venta central tiene que seguir siendo diarios y revistas; lo otro debe ser accesorio”, advirtió el secretario general de los canillitas, Osvaldo Brunetta, y pidió controles para evitar que la actividad pierda su razón de ser.
La situación de los canillitas de Rosario
La actividad atraviesa desde hace años una transformación profunda. La caída del consumo de papel, el avance de las nuevas tecnologías y el cambio en los hábitos de lectura golpearon de lleno sobre un oficio que fue parte central del paisaje urbano durante décadas.
En ese contexto, Rosario flexibilizó tiempo atrás la normativa para permitir una ampliación de rubros en los puestos. La idea original, según planteó Brunetta, era darles a los vendedores una herramienta para sostener ingresos en un escenario cada vez más complejo: sumar café al paso, bebidas no alcohólicas o productos envasados, pero siempre como complemento de la venta de diarios y revistas.
El problema, según advierten desde el sindicato, es que esa rendija abierta terminó convertida en un portón de entrada para actores ajenos al rubro. Algunos puestos comenzaron a reconvertirse en cafeterías de especialidad, kioscos gourmet o pequeños bares urbanos, con una presencia mínima de publicaciones, adquiridas fuera del circuito registrado para sostener la apariencia.
Cada vez menos ilusiones en manos del canillita
La alerta por la situación no es solamente romántica. La posible desaparición del puesto tradicional como postal de la ciudad más grande de Santa Fe también tiene una dimensión económica y sindical: si los espacios dejan de estar en manos de vendedores registrados, cae la afiliación, se reduce la cobertura del sindicato y se achica todavía más el circuito formal de distribución.
Detrás del mostrador no sólo está el recuerdo del diario bajo el brazo o de la revista de fin de semana. También hay trabajadores, distribuidores, empresas del rubro y una estructura comercial históricamente cerrada, con pocos actores y reglas propias, que depende de que la venta siga circulando por los canales reconocidos.
Por eso, desde el sindicato insisten en que la ampliación de rubros debe tener límites claros. La gastronomía puede funcionar como ayuda, pero no reemplazar la actividad central. De lo contrario, todo un circuito laboral y comercial corre el riesgo de quedar reducido al recuerdo nostálgico de aquellos canillitas que, como inmortalizó Rodrigo Bueno, trabajaban “por oficio y obligación”.
El proyecto para ordenar los puestos de diarios y revistas
En consonancia con el reclamo del sindicato, el debate llegó al Concejo de Rosario a partir de un proyecto de la edila Carolina Labayru, que propone actualizar la normativa de los puestos de diarios y revistas para permitir actividades complementarias, pero con reglas más claras.
La iniciativa busca que los puestos puedan sumar rubros que ayuden a sostener su funcionamiento, aunque establece un punto central para el sector: la actividad principal deberá seguir siendo la venta de diarios y revistas.
Para los canillitas, esa definición no es menor. En palabras de Brunetta, puede funcionar como “una salida” que sirva para oxigenar el rubro y evitar que los puestos terminen en manos de “paracaidistas” que “se montan en un kiosco” y terminan desplazando al vendedor registrado.
La iniciativa de la concejala alineada al intendente Pablo Javkin también plantea condiciones sanitarias, controles bromatológicos y pautas de funcionamiento para las nuevas unidades de negocio.
"Muchas veces hablamos de atraer nuevas inversiones, pero también tenemos que ocuparnos de quienes llevan años trabajando en la ciudad y necesitan herramientas para adaptarse a los cambios. Detrás de cada puesto hay familias, trabajadores y pequeños emprendedores que todos los días hacen un esfuerzo para sostener su actividad", afirmó la concejala.