La Bolsa de Comercio de Rosario advierte que Argentina pierde terreno en la industria de la soja
El país cayó al tercer puesto mundial en capacidad de molienda. Los biocombustibles empujan la expansión global. La nueva ley sigue trabada en el Congreso.
La Bolsa de Comercio de Rosario advierte que Argentina pierde terreno en la industria de la soja
La Bolsa de Comercio de Rosario advirtió que Argentina perdió en los últimos años el liderazgo entre los grandes exportadores de soja a nivel mundial y cayó al tercer puesto en capacidad de molienda, desplazada por Estados Unidos y Brasil.
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Para la entidad de la provincia de Santa Fe, el retroceso combina varios factores: una industria local estancada, capacidad ociosa, una oferta doméstica insuficiente para abastecer las plantas y una carga impositiva que desalienta la producción.
Argentina, el puntero caído del mercado de la soja
La Bolsa ubicó en 2011 el inicio del liderazgo argentino en capacidad instalada para procesar soja. Ese lugar se sostuvo durante 15 años, con las plantas del Gran Rosario, la desregulación portuaria y la Hidrovía como principales motores de la expansión.
El ciclo encontró un techo en 2020, cuando la capacidad teórica superó las 68 millones de toneladas anuales. Desde entonces, la expansión se frenó y la infraestructura instalada llegó incluso a retroceder de manera marginal.
Estimación de la capacidad instalada de Argentina, Brasil y Estados Unidos para la Bolsa de Comercio de Rosario.
Una de las claves, según la entidad, está en la falta de materia prima. Durante esos años, la industria trabajó en promedio al 60% porque la oferta doméstica de soja no alcanzó para cubrir todo su potencial de procesamiento.
La Bolsa relaciona esa limitación con el “desincentivo a la producción de soja ante la excesiva carga impositiva” que afecta al complejo, en una referencia directa a la discusión eterna por las retenciones.
Mientras tanto, Estados Unidos y Brasil sostuvieron una expansión industrial constante, respaldada por una oferta de soja “abundante y creciente”. En la última década, la capacidad estadounidense avanzó a una tasa promedio anual del 4% y la brasileña al 1,9%.
En tanto, en las últimas dos décadas y media, Brasil mutiplicó por seis su cosecha de soja, con un récord de 180 Mt en la última campaña. Estados Unidos, por su parte, registra un crecimiento más moderado, en torno al 60%, con una producción cercana a 116 Mt.
Con ese contraste, el desplazamiento se produjo en dos tiempos: Estados Unidos superó a Argentina en 2024 y Brasil hizo lo mismo en 2025. Así, el país cayó al tercer puesto entre los principales exportadores.
Brasil y Estados Unidos aceleran con biocombustibles
Mientras la capacidad argentina quedó estancada, Estados Unidos y Brasil ampliaron sus plantas con una mayor disponibilidad de soja y una demanda creciente de aceites vegetales para uso industrial.
Parte de esa expansión se explica por el peso que ganaron los biocombustibles. El aceite de soja dejó de tener como destino principal la alimentación y pasó a ocupar un lugar cada vez más relevante en la producción de biodiésel.
En Estados Unidos, cerca de la mitad de la molienda destinada al mercado interno termina en usos industriales, principalmente en biodiésel. En Brasil, esa proporción se acerca a los dos tercios.
La Bolsa señala que ambos países concentran alrededor del 80% del consumo mundial de aceite de soja para fines industriales, un factor que “está dinamizando las inversiones en ambos países para aumentar la capacidad de procesamiento local”.
El resultado se refleja en el tablero global: durante la última década, la molienda mundial de soja creció cerca de 95 millones de toneladas. Brasil y Estados Unidos explicaron el 43% de esa expansión —con China como otro de los grandes jugadores—, mientras Argentina quedó al margen y registró una leve contracción.
Argentina tiene inversiones en carpeta, pero todavía discute las reglas
La estimación cambia al retirar del cálculo los derechos de exportación: sin retenciones, la industrialización podría alcanzar las 54 millones de toneladas, un aumento cercano al 23% frente al nivel actual.
También hay inversiones privadas anunciadas por alrededor de 1.000 millones de dólares que podrían sumar 22.000 toneladas diarias de capacidad, equivalentes a otras 7,2 millones anuales.
La otra llave está en los biocombustibles, pero allí la definición sigue en manos de la política. Los principales actores coinciden en que el régimen argentino necesita cambios, aunque no logran acordar los nuevos porcentajes de corte de gasoil ni cómo repartir el mercado entre las grandes aceiteras y las plantas pymes.
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La distancia con Brasil muestra el margen abierto. Mientras Argentina mantiene un corte de biodiésel del 7,5% y de bioetanol del 12%, el país vecino llegó al 15% en biodiésel y elevó del 30% al 32% la participación del etanol en las naftas.
En el Congreso conviven varios proyectos con modelos distintos y la discusión, con operadores de todos los colores jugando, todavía no encontró una síntesis. Retenciones, biocombustibles e inversiones aparecen así como las tres variables que, para la Bolsa, definirán si la molienda argentina vuelve a crecer o continúa perdiendo posiciones.