Arcor se quedó con La Serenísima y Córdoba gana poder en la industria de alimentos
Compró la histórica marca junto a Danone y reordenó el mapa lechero: se sigue produciendo en Buenos Aires, pero las decisiones se tomarán en el centro del país.
La jugada que terminó de cerrar el círculo. La industria fundada en Córdoba, Arcor, en sociedad con Danone, se quedó con el control total de Mastellone Hermanos, la histórica dueña de La Serenísima, y selló así una de las operaciones más relevantes del mapa alimenticio argentino en los últimos años.
Después de meses de tensiones, cruces por la valuación y amenazas de judicialización, la opción de compra prevista en el acuerdo firmado en 2015 terminó ejecutándose.
El resultado fue el traspaso definitivo del paquete accionario que estaba en manos de la familia fundadora y del fondo Dallpoint. El control quedó, ahora sí, en manos del tándem Arcor–Danone.
De Arroyito al control de la industria lechera
El dato político-empresarial más potente no está en la transacción en sí, sino en su geografía. Arcor, nacida en Arroyito, en el sudeste cordobés, logró lo que durante décadas parecía improbable: quedarse con la marca más emblemática del negocio lácteo de Argentina.
Los productores lecheros de Córdoba ganan menos que sus pares de Buenos Aires.
Fuente: Coninagro
Con esta operación, Arcor amplía su dominio en alimentos masivos (y del inicio de la cadena productiva); se integra verticalmente en un sector clave; y consolida su peso en la economía real. En términos concretos: Córdoba pasa a tener injerencia directa en uno de los rubros más sensibles del consumo cotidiano.
Danone, el socio estratégico que completa el esquema
La jugada no es en soledad. Danone, que ya operaba junto a Mastellone en el segmento de productos frescos, se mantiene como socio clave en la nueva estructura.
La lógica detrás de la alianza es sencilla: Mastellone aporta la producción primaria y la industrialización láctea. De manera que Danone fortalece el negocio de yogures, postres y valor agregado y Arcor articula escala, distribución y músculo financiero.
El resultado es un esquema integrado que busca eficiencia, volumen y posicionamiento regional.
La trama del conflicto: del desacuerdo al cierre
El cierre no fue lineal. Durante meses, la operación estuvo empantanada por una diferencia sustancial en el precio (que no fue dado a conocer públicamente).
Los vendedores cuestionaron la valuación y llegaron a considerar la oferta como insuficiente, lo que abrió la puerta a un posible conflicto judicial.
Sin embargo, el contrato firmado en 2015 terminó ordenando la salida. La cláusula de opción de compra se impuso como herramienta decisiva y destrabó una negociación que parecía estancada. Así, lo que empezó como una disputa terminó en un cambio estructural de control.
Uno de los datos más reveladores del nuevo escenario es la distribución territorial del negocio. La estructura productiva de Mastellone —con sus plantas industriales y centros logísticos— tiene un fuerte anclaje en las cuencas lecheras de la provincia de Buenos Aires: General Rodríguez (epicentro histórico), Trenque Lauquen, Junín, Mercedes, 9 de Julio, Ranchos.
Arcor foto
Arcor, empresa fundada en Córdoba
A esto se suman nodos en otras provincias, entre ellos Córdoba, con presencia en Las Varillas. La producción sigue siendo mayoritariamente bonaerense, pero la toma de decisiones se desplaza hacia capitales cordobeses. Ahí está la clave política del movimiento.
Qué gana Córdoba
Para Córdoba, la operación implica mucho más que un negocio empresarial: representa un salto de escala, poder e identidad productiva. Con la avanzada de Arcor sobre Mastellone Hermanos, la provincia amplía su alcance hacia un sector estratégico como el lácteo y gana incidencia directa en una de las industrias más sensibles del consumo masivo.
Al mismo tiempo, se consolida un modelo empresarial propio, con grupos económicos capaces de expandirse a nivel nacional y disputar posiciones en mercados históricamente dominados por otros territorios.
Con el cierre de la operación, además, el tablero de la industria alimenticia cambia: el tándem Arcor–Danone no solo suma volumen, sino que redefine la competencia a partir de la integración de negocios, la escala logística y el peso de sus marcas, configurando un jugador con capacidad real de incidir en precios, distribución y dinámica de mercado.
En ese esquema, La Serenísima deja de ser una empresa familiar emblemática para convertirse en una pieza dentro de un engranaje mayor.
Pero hay, además, un dato político imposible de soslayar: en Argentina, los alimentos nunca son solo alimentos. El control de una compañía como Mastellone implica influencia en precios, capacidad de negociación con proveedores y peso en la agenda económica. Por eso, más allá del cierre empresarial, la operación también se lee en clave de poder: una empresa nacida en Córdoba pasa ahora a manejar una de las marcas más emblemáticas de la mesa de los argentinos.