ver más
LA POSTA DEL CONGRESO

El Congreso obligó a Javier Milei a echar a Manuel Adorni

La renuncia desactiva la crisis que paralizó la agenda legislativa. Los aliados aportaban los votos para removerlo y el Presidente tuvo que ceder.

Javier Milei no tenía opción: si no desplazaba a Manuel Adorni, ambas cámaras del Congreso lo iban a destituir en 15 días, después de desgastantes interpelaciones en los recintos. La oposición, como nunca desde el inicio de la gestión libertaria, había logrado unirse para removerlo: coincidía en que un jefe de Gabinete que le mentía al Parlamento no podía seguir en el cargo.

La renuncia de Adorni permite al Gobierno retomar la agenda legislativa, interrumpida por el debate de su continuidad. La secuencia de actividades para desplazarlo era frenética. Como anticipó Letra P, el martes se iban a dictaminar en Diputados proyectos para interpelar al funcionario. Al día siguiente, el trámite se iba a repetir en el Senado, donde la oposición ya había acordado votar el miércoles 8. La jefa del oficialismo en la cámara alta, Patricia Bullrich, estaba al tanto y no lo iba a impedir.

En la cámara baja, para enturbiar el trámite, Martín Menem no había citado a otra comisión (la de Peticiones, Poderes y Reglamentos), pero el PRO garantizaba una mayoría en contra y el riojano no iba a tener otra opción que ceder.

Una interpelación de Adorni hubiera obligado a los aliados a avalar la expulsión. Nunca le perdonaron una falta de respeto obscena: en su presentación en Diputados dijo que su declaración jurada no tenía omisiones y cuarenta días después confesó en televisión que escondía 500 mil dólares hace unos años. Nadie quería defender esa pirueta.

El final de Manuel Adorni

El panorama era irreversible. La agonía del exvocero presidencial complicaba la gestión nacional y dispersaba a los socios de La Libertad Avanza. Le impedía a Milei celebrar los indicadores económicos favorables que considera claves (inflación, dólar, riego país) y avanzar con la agenda de reformas legislativas que prometió en marzo.

Pero el Presidente no se rendía. Karina Milei hizo el último gesto para proteger al exfuncionario en las tres reuniones que tuvo con los senadores oficialistas, todas muy cortas. “Manuel les quiere explicar su situación”, lo presentó.

El aún jefe de Gabinete repitió los detalles de la entrevista que concedió hace 20 días y marcó su final. Los senadores se tomaron la cabeza. Los pocos que hablaron le pidieron saber cómo se le ocurrió ir a la televisión a contar que le había mentido al Congreso y creer que no tendría consecuencias. Quisieron dar un debate comunicacional y fue peor, porque Adorni no salía de su lugar y defendía su historia de evasor fiscal.

“Hay un problema grave. Los Milei no se dan cuenta que es un delito y confesarlo es, de mínima, una estupidez”, dijo un senador oficialista al salir de la Casa Rosada. Diego Santilli estaba presente. Escuchó las frases fallidas de su antecesor. Tomó nota y salió convencido de que era el final. Ya tenía información de que en el recinto de la cámara alta se podían complicar las cosas.

La cocina del Senado

En la reunión de labor parlamentaria del miércoles 17, que había sido citada por Victoria Villarruel, los jefes de la oposición de la cámara alta le dijeron a Bullrich que no estaban dispuestos a recibir al jefe de Gabinete para dar su informe de gestión y sólo querían verlo para interpelarlo sobre su patrimonio. “Quien le miente al Congreso no vuelve”, fue el mensaje que le dieron a la Casa Rosada desde todo el espectro opositor.

Como gesto, los aliados y el peronismo no le enviaron preguntas. Lo habitual es que sus asesores escriban hasta cinco mil. Llegaron tres. El jefe del PJ, José Mayans, propuso que el jueves 25 fuera votada la interpelación, sin pasar por comisiones, con una interpretación constitucional que lo permitía. La jefa del oficialismo aceptó, ante la sorpresa del resto de las bancadas.

Enterado, Santilli hizo su juego para demorar los tiempos. Su diálogo con los martes reescribir el acta de labor parlamentaria del Senado, para que los proyectos de interpelación al menos debieran pasar por comisiones.

Las maniobras del ahora jefe de Gabinete sólo tenían un objetivo: que los Milei entendieran que era irreversible la salida de Adorni. Lo echaba el Ejecutivo o lo echaba el Congreso, donde no había nadie que lo respaldara.

El juego de los aliados

Cada socio del Gobierno replanteó su vínculo a partir del caso Adorni. Mauricio Macri aprovechó para revitalizar su imagen. Jugó a fondo para acelerar la salida del jefe de Gabinete, pero en su tropa legislativa hubo dudas.

El titular de la bancada en Diputados, Cristian Ritondo, negoció con el Gobierno boicotear la sesión del último martes a cambio de iniciar el debate en comisiones. Tuvo un gesto que llamó la atención: le agradeció a Martín Menem en el recinto haber realizado la convocatoria. No era letra de Macri.

El resto de los aliados del Gobierno, la UCR y los partidos provinciales que controlan provincias, evitaron dar la cara para cuestionar al entonces ministro coordinador. Sus referentes se encuentran en una situación es compleja: sin ninguna expectativa de plantear una alternativa nacional, no tienen en sus planes romper con el Gobierno, pero sí impedirle que presente candidaturas locales.

La crisis de la administración libertaria obligó a cada tribu a mirar sus cartas. En los oficialismos provinciales se destaparon internas que repercutieron en las votaciones del Congreso. Catamarca y Misiones fueron dos ejemplos. Sus gobernadores, Raúl Jalil y Horacio Passalaqua, no mostraron control de sus tropas en Diputados, tironeada por los jefes locales, la senadora Lucía Corpacci y el legislador Carlos Rovira. Las internas no son nuevas, pero el contexto Adorni fue el marco ideal para que los líderes sin cargo mostraran sus dientes.

Menem estaba en llamas porque no tenía cuórum para tratar el pasado miércoles dos temas que habían tenido amplio consenso en comisiones: el súper-RIGI y el acuerdo con los holdouts. El riojano tuvo que retrasar la renuncia a la banca del flamante vocero presidencial, Adrián Gravier, para abrir la sesión. El peronismo permitió una maniobra inédita, que quizá en otra época de la historia lo beneficie. La renuncia del pampeano fue ingresada oficialmente segundos después del cuórum, porque no estaba claro si su bloque no lo necesitaba hasta el final de la sesión.

La agonía del exjefe de Gabinete pesaba en el recinto. Santilli tuvo que volver al Congreso a hacer cuentas y llamar a los gobernadores. La oposición advirtió que los números estaban justos y hubo un intento de dejar sin cuórum la reunión, pero no prosperó.

Los radicales que gobiernan

En la UCR, la tensión fue total. Carlos Sadir (Jujuy) fue el único gobernador del partido que se plantó como opositor claro, con su dupla de diputados dispuesta a enfrentar al Gobierno. El resto mostró que especula en cerrar acuerdos electorales con Milei en sus provincias.

Maximiliano Pullaro (Santa Fe), Alfredo Cornejo (Mendoza), Leandro Zdero (Chaco) y Juan Manuel Valdés (Corrientes) colaboraron para estirar los tiempos de la salida de Adorni. Algunos no lo disimularon: los senadores mendocinos (Mariana Juri y Rodolfo Suárez) jugaron en tándem con Bullrich para bloquear el cuórum el jueves. El correntino Vischi puso su firma para corregir el acta y demorar la definición.

La sesión del Senado del pasado jueces, que nunca empezó por falta de cuórum, iba a ser un caos total. El peronismo no ingresó al recinto porque no quería darle la escena al jefe del PRO, Martín Goerling Lara, para presentar su proyecto de interpelación y pedir votarlo por dos tercios. En La Libertad Avanza creían tener consenso para impedirlo, pero había miedo a un efecto dominó que los llevara puestos.

Los aliados no iban a dejar sus bancas vacías y arriesgarse a ser acusados de cómplices. Se sentaron todos. Cuando Bullrich supo que podía bloquear el cuórum les dijo a los suyos que lo mejor era irse. Tomó la decisión en ese momento y no la consultó con nadie. Algunos de sus dirigidos no entendían nada. Hubo rebeliones: Luis Juez y Emilia Orozco nunca se levantaron. Son los más inmanejables.

Tanta fue la sorpresa en la Casa Rosada que Ignacio Devitt, secretario de Asuntos Estratégicos, observó la maniobra desde el palco del recinto. Bullrich se anotó un logro personal: no dejó registro de haber respaldado a Adorni. Justo lo que quería.

Agenda que viene

Sin un jefe de Gabinete denunciado por enriquecimiento ilícito, el Gobierno confía en retomar la agenda que quedó trunca. El súper-RIGI no debería tener problemas en ser sancionado en el Senado, si es que los bloques del medio negociaron en espejo en las dos cámaras.

No fue lo que pasó con la eliminación del régimen de zonas frías, aprobada en Diputados. En la cámara alta, los gobernadores afectados prefieren esperar a medir el costo político de un tarifazo. Cornejo es el más preocupado.

La sesión caída del jueves volvió a frustrar el tratamiento del proyecto de inviolabilidad de la propiedad privada. Recién la tarde previa a la sesión los aliados tuvieron el último borrador y a varios sigue sin convencer los capítulos que habilitan la extranjerización de tierras. Podrían caerse en la votación en particular.

La reforma política quedó cajoneada, porque Bullrich no pudo negociar aún con la UCR para modificarla y establecer una ley de lemas legislativas, o colectoras presidenciales, que es la definición que más le gusta. No es fácil: si los gobernadores aceptan, sellan el acuerdo con Milei en 2027.

Seguirán las audiencias de candidatos a jueces en la cámara alta, con la expectativa de abrir la discusión por el procurador general en el segundo semestre. El ministro de Justicia, Juan Bautista Mahiques, es el más interesado en ocupar ese cargo.

Federico Sturzenegger sueña con avanzar con su proyecto de sociedades comerciales, pero tiene que negociar bastante. Su exposición el miércoles pasado se hizo ante una sala semivacía, porque nadie quiso dar cuórum. El tema era Adorni. Era muy difícil hablar de otro tema.

También te puede interesar
Temas

Las Más Leídas

Más Sobre Congreso