La presentación en la Casa Rosada de Javier Milei ante los bloques del Congreso tuvo un mensaje: Karina Milei, jefa política del espacio, presentó a su equipo y lo puso a disposición de su tropa legislativa. Fue un aviso implícito a Patricia Bullrich, a quien ya le había cercado con la creación de un grupo de WhatsApp para controlar a su bloque.
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Los interlocutores de la hermana de Milei que hay en el Congreso no ocultan su preocupación por la autonomía de la jefa libertaria del Senado. Hasta intercambian datos, como la posible expansión del plantel de la exministra de Seguridad. "Está sumando gente y no sabemos muy bien para qué, pero en lo que viene vamos a tratar de tenerla cercada", advierten.
Más aún llamó la atención en el karinismo los recientes movimientos en el Ministerio de Seguridad, donde según fuentes de la cartera habría desembarcado con un cargo en la Dirección de Inteligencia Criminal el politólogo Miguel Gómez Goldin, quien no contaría con experiencia para el cargo. Quedaría por debajo del titular del área, Ramiro Anzit Guerrero.
El nombramiento de Goldin también molestó a referentes de la oposición del Congreso que preparan una presentación ante la bicameral de fiscalización de organismos de inteligencia. Vinculan su llegada a la renuncia de Marcelo Romero, quien en los papeles iba a estar debajo de Goldin y al parecer no lo aceptó.
Festejemos. Brindemos. Todas buenas. Ahora se vienen partidos importantes.
Estos recambios en Seguridad encendieron las alarmas en el Gobierno, donde esperaban que la sucesora de Bullrich, Alejandra Monteoliva, no recibiera más indicaciones de la senadora. De hecho, fue decisión de Karina dejar que Martín Matzkin dejara su cargo en la cartera para asumir como diputado.
Hay otros funcionarios cercanos a Bullrich que están bajo la lupa karinista, como Matías Gabriel Álvarez, presidente de la Unidad de Información Financiera (UIF), que es secretario en la Procunar de Diego Iglesias, cercano a la senadora. Su nombramiento fue un gesto del ministro de Justicia, Juan Bautista Mahiques, que dejó pasar la Casa Rosada.
En el Senado, Bullrich logró crecer en estructura tímidamente, con las trabas que le colocó Victoria Villarruel, con quien tiene una relación muy tensa. "La negociación política es con ella, pero lo administrativo lo sigue manejando la vicepresidenta, aunque varios de sus funcionarios ya juegan a dos puntas", contó a Letra P uno de los aliados.
El único ámbito de poder de Bullrich sería la prosecretaría de coordinación operativa, donde fue votada la senadora tucumana Beatriz Ávila, socia del oficialismo. "Los empleados que estaban se buscaron destino y llegaron otros. Es la única oficina que se movió de verdad", cuentan en el Senado.
Relegada por la titular de la casa, la jefa libertaria tiene su despacho pequeño en el segundo piso del palacio, frente al bufé. Las reuniones con los aliados tienen que hacerlas en el despacho de la UCR, que es más amplio.
Los interventores de Karina
El gran desafío de Karina es quitarle a Bullrich el poder sobre sobre su bloque oficialista. Por eso armó un chat propio con ellos y, durante la reunión en la Casa Rosada, le ofreció su personal para tener un contacto permanente. "Lo importante es que sepan que pueden contar con nosotros para saber cuáles son nuestras prioridades y hasta para comunicar", explican desde el karinismo.
El plantel lo componen el secretario de Asuntos Estratégicos de la Nación, Ignacio Devitt; el secretario de Comunicación, Fabián Fernández; el subsecretario de Gestión Institucional de la Presidencia, Lule Menem; y el asesor de comunicación del bloque legislativo, Ariel Ferrentino.
Bullrich también tiene peso en Diputados, con doce miembros del bloque LLA que le responden. Una es Laura Rodríguez Machado quien, como su jefa, se fue antes de la reunión de la Casa Rosada para participar de una comisión. En este caso, mantuvo la convocatoria de la de Legislación Penal, que preside, para iniciar el debate del proyecto de seguridad en espectáculos deportivos, redactado por la exministra de Seguridad.
Santilli, negociador
Otro cambio impuesto por Karina es que Diego Santilli quedó a cargo de la negociación legislativa y el mismo miércoles se puso al frente de la primera gestión en el Senado: fue a reunirse con los aliados para pedir la sanción de la ley de zonas frías. Chocó con la UCR, como le había advertido Bullrich, quien por primera vez desde que llegó al Senado no manejó la gestión de una ley. Karina la quiere controlar de cerca.
La aparición de Santilli marcó una nueva etapa del Gobierno, en la que no esperarán información de Bullrich sobre cómo marchan las negociaciones legislativas en el Senado, como ocurrió desde el arribo de la exministra, quien tuvo muestras de juego propio. La excandidata presidencial se diferenció del Gobierno al no avalar pliegos judiciales que no fueron dictaminados y al negarse a retirar uno, aunque haya sido el pedido de Milei. La senadora también negoció con el peronismo para apurar la interpelación a Manuel Adorni.
Si vuelve a rebelarse, deberá hablar con el nuevo jefe de Gabinete, que es parte del equipo de Karina.