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EDITORIAL

El mundo según Donald Trump: un nuevo orden tallado a garrotazos

La política muere bajo la bota del bully global. El historial de prepotencia de Estados Unidos, las razones de siempre y la novedad de su versión más radical.

La imagen que abre esta nota es ilustrativa del espectáculo al que asiste el mundo: munido del Gran Garrote hecho doctrina por Theodore Roosevelt en 1904, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, pisotea a América Latina y le impone su dominio.

Fue publicada por una cuenta ligada al equipo de comunicación del mandatario, pero que no es oficial. Sin embargo, en otro posteo, el propio Departamento de Estado avisó: "Este es NUESTRO hemisferio y el presidente Trump no permitirá que nuestra seguridad se vea amenazada".

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Bautismo de fuego de la Estrategia de Seguridad Nacional publicada en diciembre, el bombardeo del sábado sobre Caracas, que dejó 32 agentes cubanos y unos 50 militares y civiles venezolanos muertos, además del secuestro del dictador Nicolás Maduro y de su esposa, Cilia Flores, no suponen un impacto solamente para ese país; toda América Latina observa –con alegría o con indignación, según el caso, pero siempre con estupor– una etapa en la que Estados Unidos decide romper el orden internacional vigente.

La Estrategia reivindica la Doctrina Monroe, de 1823, que se resume en la premisa "América para los americanos"… de Estados Unidos. También remoza el Corolario Roosevelt, de 1904, por el que ese país se arrogaba el derecho de intervenir con la fuerza en la región para despejarla de influencias extracontinentales. Lo que entonces se refería a Europa hoy remite a China. Ese es el llamado Corolario (Donald) Trump de la Doctrina Monroe o, como contracción conceptual, la Doctrina Donroe.

Donald Trump ataca Venezuela: un mundo en shock

La región entera se agita toda vez que Cuba, Colombia y México ya han sido explícitamente advertidos por el republicano –de quien ahora se sabe que no sólo ladra– sobre posibles ataques, siempre bajo el nuevo casus belli: el espectro del narcoterrorismo.

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Luiz Inácio Lula da Silva y Claudia Sheinbaum negocian en estas horas, sin brújula, un posicionamiento que apacigüe a la fiera y que, a la vez, ponga a salvo algo de la dignidad nacional de Brasil y de México, hermanos mayores del vecindario. Cuando lleguen a algo parecido a la resolución de la cuadratura del círculo, serán secundados por la acosada Colombia, Uruguay y Chile… en este caso sólo hasta que José Antonio Kast asuma la presidencia, el 11 de marzo.

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Nicolás Maduro se declaró ayer inocente al comparecer por primera vez ante la Justicia en Nueva York.

El alineamiento forzoso de la región comenzó mucho antes del fuego en Venezuela y tuvo forma de aranceles punitivos, injerencias en procesos electorales e intromisiones financieras –como en Argentina–, desplazamientos de fuerzas navales y ataques a presuntas narcolanchas que dejaron más de un centenar largo de muertes. Colombia y Brasil, que celebrarán elecciones presidenciales en mayo-junio y octubre-noviembre, respectivamente, serán los próximas estaciones de la ofensiva.

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También se debaten entre la sorpresa y la impotencia China, el blanco final del barrido latinoamericano, y los otrora aliados europeos de Estados Unidos en la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), que se preguntan si la amenaza de ocupación del territorio danés de Groenlandia podría derivar en alguna forma de guerra absolutamente impensable hasta hace apenas días. Hasta el gobierno del Reino Unido protesta contra el avasallamiento en ciernes, lo que augura la ruptura de una de las alianzas más antiguas y estables de la historia contemporánea.

Donald Trump pisotea el derecho internacional

El siempre flaco derecho internacional –por perdido, tampoco hay que idealizarlo– ha quedado pisoteado en una medida aun mayor que en las invasiones de 2001 y 2003 a Afganistán e Irak, cuando George Bush hijo al menos debió molestarse por engañar y gambetear a la ONU. Esa herramienta es, de hecho, el recurso que han usado tradicionalmente los países vulnerables ante los atropellos de los poderosos, como Argentina por las Islas Malvinas. Hoy no parece ni quedar ese refugio conceptual.

Hacia el futuro, cabe preguntarse por el daño reputacional que sufrirán los Estados Unidos en el largo plazo y por las consecuencias geopolíticas que se dejarán ver cuando el huracán Donald, como todo, pase.

¿Sería sencilla, bajo otro presidente, una reconciliación con Europa o la desconfianza quedará instalada sin remedio?

¿Tendría arreglo la defección, aparentemente negociada con Vladímir Putin, sobre Ucrania?

¿China desembarcaría sólo con comercio e inversiones en la América Latina y el África del futuro?

¿La competencia por la hegemonía global adoptaría formas ásperas como las de la Guerra Fría?

Romper es sencillo, lo difícil es reparar.

Argentina, primer Estado vasallo

En medio de esa desprejuiciada exhibición de poder crudo, hay que reconocerle a Javier Milei el mérito –por llamarlo de algún modo– de mantener a la Argentina a salvo del peligro de bombardeos.

Es una ironía, porque el precio es una suerte de ocupación financiera consolidada con el segundo endeudamiento con el Fondo Monetario Internacional (FMI) –el primero, en beneficio de Mauricio Macri, también había sido obra de Trump– y con el Tesoro norteamericano.

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Esa "ocupación" probablemente dure muchos años, si no décadas, y es la expresión de la decisión del Presidente de convertir a la Argentina en el primer Estado vasallo de los Estados Unidos en la región.

Intervenciones…

La pulsión guerrerista y colonialista de Estados Unidos en lo que llama su "patio trasero" no es nueva y ha tenido formas tanto solapadas como exuberantes.

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Los desaparecidos, figura trágica que las dictaduras del Cono Sur impusieron como novedad masiva en los años 1970 y 1980.

En los años 1980 llegó el fogoneo de las "guerras sucias" en América Central contra las guerrillas y revoluciones de izquierda, desde la Nicaragua sandinista hasta El Salvador y Guatemala. Fue la era de los "contras" y de las decenas de miles de muertes.

… e intervenciones

También hubo, antes y después, violencias menos discretas –sólo alguna defendible–. Vale la pena un repaso rápido de las más relevantes:

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Así transcurrió la historia de América Latina y del Caribe.

La novedad de Donald Trump

Como se observa, Trump no innova mayormente respecto de la política tradicionalmente agresiva de los Estados Unidos. Ese país, no hay que olvidarlo, fue responsable de los dos únicos casos mundiales de uso de bombas nucleares, en las ciudades japonesas de Hiroshima y Nagasaki, lo que dejó más de 200.000 muertes civiles y precipitó el fin de la II Guerra Mundial en el Pacífico.

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Sin embargo, en un sentido, el republicano es un pionero. A diferencia de sus antecesores más recientes, se distingue por su desinhibición militarista, su placer por la humillación del orgullo nacional de todos los países y, hay que admitirlo, su sinceridad respecto de los fines que persigue.

A diferencia de todos ellos, no habla de democracia y libertad, sino de competencia con China, seguridad nacional y apropiación de petróleo y otros recursos naturales. La invocación del narcoterrorismo –palabra mixta a la que la realidad no le justifica el segundo de sus componentes– es toda la narrativa que se siente obligado a exponer.

Lo suyo es la muerte del relato y, con ello, incluso de la política. Desde la sentencia de Carl von Clausewitz publicada en 1832, un año después de su muerte, ya se sabe qué viene cuando la política toca a su fin.

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