EL DOMINGO LLENO DE PREGUNTAS 

El milagro de León XIV: ¿por qué el Gobierno tardó 1064 días en llamar a la unidad "de todos los argentinos"?

¿Javier Milei apuesta a la misericordia del papa incómodo? A bajar un cambio, que se acaba la fiesta ultra. Cuando ya me empiece a quedar solo. ¿Dios proveerá?

A través de un tuit de Karina Milei, el Gobierno convocó a aprovechar la visita del papa León XIV para que "todos los argentinos" se unan en "una sola alma", una convocatoria que, por no hacer distinciones, permite concluir que incluye a kukas, zurdos, comunistas, mandriles, econochantas, ensobrados y otras especies que la administración de Javier Milei ha combatido por considerarlas lacras, basuras inmundas y mierdas humanas.

"Con enorme alegría y esperanza, deseo que la visita del santo padre sea una oportunidad para que todos los argentinos nos encontremos unidos, en 'una sola alma y un solo corazón orientados hacia Dios'”, escibió El Jefe unas horas antes de que el sucesor de Jorge Bergoglio bendiga con un beso el suelo argentino.

¿Por qué el Gobierno esperó 1064 días, desde su asunción el 10 de diciembre de 2023, para cesar en su plan sistemático de persecución, acoso y estigmatización, a partir de una violencia discursiva inédita, al menos en democracia, de toda expresión de disidencia política y social?

¿Por qué tuvo que esperar a que viniera un papa para apagar la motosierra con la que se ha dedicado a desgarrar a la sociedad?

¿Por qué ha decidido convertirse, de la noche del sábado a la mañana del domingo, al ecumenismo sanador?

El perdón de Dios (y de León XIV)

¿Será una apelación a la misericordia -a que el sermón no sea tan picante- de un jefe de la Iglesia con el que coincide en el ultraconservadurismo del machismo, la misoginia y la homofobia, pero que trae una agenda vinculada a la justicia social, una aberración según Milei, que le queda incómoda y sintoniza mejor con la del peronismo?

¿Será que las consecuencias incoultables del modelo de ajuste feroz y pleno a la minería y el petróleo, que congela el consumo, pisa los ingresos populares, asfixia a la industria, al comercio y a las pymes; destruye empleo registrado y empuja al trabajo informal están llenando de piedras y espinas el camino a la reelección del Presidente, como indican las malditas encuestas?

¿Será que se ha dado cuenta de que -con permiso para reversionar a Perón- si va solamente con el puñado de ganadores de ese modelo, van con muy pocos?

¿Será que ha caído en la cuenta de que, si no le baja unos grados a la temperatura de la batalla cultural, basada en aquella confrontación con toda forma de disidencia, acaso le sigan creciendo enanos en el jardín de la derecha -o patos en el estanque-, como la enjabonada Patricia Bullrich, que pasó al castaño oscuro de constituir la amenaza de una competencia frontal por afuera de la alianza gobernante?

¿Será que, como Charly García en tiempos de Sui Generis, siente que está empezando a quedarse solo a partir de las caídas en desgracia de líderes pesados de las derechas americanas, como los Bolsonaro, Donald Trump y Santiago Peña?

Todos a los botes

¿Será, entonces, que no le queda otra que buscar la manera de reconstruir el vínculo con un sector del electorado históricamente volátil (no peronista, pero tampoco del todo anti) que en 2023 lo llevó en andas hasta la Casa Rosada pero ahora empieza a sospechar que, como pasó tantas veces, el derrame prometido no derramará?

¿Será, también, que la Iglesia sigue funcionando como superestructura de una dirigencia política que, por acumulación de errores no forzados, no consigue liderar y, refugiada bajo las sotanas, se acomoda en el furgón de cola de un poder fáctico que se arroga la representación de los pueblos sin la necesidad de someterse a las reglas de la democracia?

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