Julio Zamora ya piensa en 2027. El intendente de Tigre, al que la ley bonaerense le impide buscar otro mandato, trabaja para que su esposa, Gisela Hortazo, sea la candidata que retenga el distrito. La estrategia contempla competir por afuera del peronismo si no hay un acuerdo que lo incluya.
En el tercer año de su segundo mandato al frente de Tigre, Zamora empezó a preparar la estrategia para que su gestión se extienda más allá del límite del año que viene. Cada vez más seguro de que ni la Legislatura bonaerense ni la Justicia voltearán la ley que lo veta para un tercer mandato, el intendente puso el foco en la herramienta que tiene más cerca: impulsar a Hortazo desde el Ejecutivo municipal para que llegue a la discusión electoral con nombre propio y gestión encima.
Hortazo se presenta políticamente como Gisela Zamora: así figura en sus redes y así la conoce el distrito. El apellido de casada refuerza la idea de la continuidad de una gestión con otro nombre en la boleta. Concejala desde 2015, bloqueada judicialmente en 2023 cuando intentó ir por un tercer mandato en el cuerpo deliberativo, hoy ocupa la Secretaría de Educación y Promoción Social del municipio y desde ahí construye visibilidad propia.
Zamora viene advirtiendo desde hace tiempo que el peronismo no hizo autocrítica de sus derrotas y que quienes lo conducen no tienen intención de abrir el juego. "Hay una alianza entre el kirchnerismo y el Frente Renovador para horadar las posibilidades de Kicillof", dijo esta semana, y fue más lejos: "El peronismo no va a alcanzar una síntesis. Y si la alcanza no va a servir para gobernar". La ruptura con el massismo en Tigre es total y la posibilidad de que le ofrezcan un lugar en una lista de unidad es, en su entorno, una quimera. Por eso no espera: prepara la salida por afuera.
El sello del vecinalismo
El arma que tiene a mano es Acción Comunal, el partido vecinalista que fundó el ex intendente Ricardo Ubieto y que en septiembre pasado sacó casi 8.000 votos en Tigre compitiendo solo. El massismo -que quiere recuperar el distrito que perdió hace más de una década- sabe bien lo que significa ese movimiento: si Hortazo va con un sello vecinal, el voto peronista se parte.
Zamora no es el único en esta situación. La ley que en 2016 impulsó María Eugenia Vidal con el respaldo del Frente Renovador dejó a 78 jefes comunales bonaerenses sin chances de reelección. La cuenta regresiva corre para todos, y en buena parte del conurbano la respuesta está siendo la misma: quien no puede seguir, busca un sucesor de confianza. Muchas veces, alguien de la familia. La estrategia, en algunos casos, se completará con otro movimiento: anotarse ellos como en el primer casillero de la lista de concejales, listo para asumir la sucesión si al intendente electo se le ocurriera, por ejemplo, tomar licencia.
Todo queda en familia
El caso más visible dentro del peronismo oficial es el de Jorge Ferraresi en Avellaneda. El intendente, con aspiraciones a la gobernación, prepara el terreno para que su esposa y actual jefa de Gabinete, Magdalena Sierra, quede al frente del municipio antes de que termine el año y llegue fortalecida a 2027. El modelo es el mismo: gestión compartida, nombre propio, continuidad del proyecto.
La vía legislativa para modificar la ley de reelecciones parece definitivamente cerrada: Axel Kicillof no tiene los votos, el Frente Renovador no la quiere y La Cámpora tampoco. La vía judicial es aún más incierta. Sin voluntad política que la empuje, la Suprema Corte bonaerense no tiene plazo para expedirse, y en el entorno del gobernador ya descuentan que el fallo, si llega, no lo hará a tiempo para cambiar el mapa de 2027.
En ese escenario, Tigre muestra un ejemplo de lo que se viene. En las legislativas de septiembre pasado, el peronismo ganó el distrito con el 34,6% de los votos. La Libertad Avanza quedó segunda con el 32,7%. El espacio con el que compitió Zamora, Somos Buenos Aires, obtuvo el 18,2%, y Acción Comunal sumó otro 3,8% por separado. La polarización dejó poco margen, pero los números confirman algo: el zamorismo tiene piso propio, y ese piso, bien articulado, alcanza para complicarle la vida a cualquiera que quiera ganar Tigre sin su apoyo.
La mira en 2027
Desde que salió del paraguas de Unión por la Patria, Zamora construyó una identidad política que lo ubica como un peronista autónomo, crítico de la conducción del espacio. Esa posición le da movilidad: puede negociar con el gobernador, puede presionar al massismo y puede amenazar con irse por afuera.
El calendario electoral de 2027 en la provincia todavía no tiene forma definitiva. No está resuelto si habrá desdoblamiento, ni bajo qué sistema se votará. Pero Zamora no espera que se despeje el horizonte para moverse.