“Cuentan conmigo”, escribió en su reciente carta abierta Daniel Scioli para dejar sentadas sus persistentes aspiraciones presidenciales. Lejos de la abrumadora maquinaria propagandística que en 2015 tenía su base de sustento en la gestión bonaerense que encabezaba, el exgobernador de Buenos Aires y embajador argentino en Brasil amaga con la reedición de la ola naranja navegando con extrema cautela las turbulentas aguas de la interna frentetodista. Bajo esa tónica, refuerza un perfil que agita la bandera blanca de una lealtad a prueba de balas, mientras envía señales a diversos rincones y pone en movimiento a viejos soldados que lo acompañaron en su (¿primer?) intento por la Presidencia.
Como contó Letra P, Scioli habló con Alberto Fernández y Cristina Fernández de Kirchner antes de su lanzamiento a una carrera presidencial que –siempre en línea con su manual de lealtades- seguirá su curso siempre y cuando el Presidente y la vice no decidan competir. Mientras, en el llano, tropas sciolistas aceitan sus engranajes entre reuniones y pegatinas en clave electoral.
Ya en 2022, durante la efímera estancia del Pichichi al frente del Ministerio de Producción nacional, se sucedieron encuentros entre exfuncionarios y exlegisladores bonaerenses de la etapa naranja que abordaron la posibilidad de reactivar escuderías de volver a emerger la figura del hombre de Villa La Ñata como una carta potable para la competencia nacional 2023. Ya por ese entonces, voces con llegada al exmotonauta definieron al sciolismo como una fuerza de reserva siempre lista para salir al combate.
Aquella efervescencia menguó con el retorno de Scioli a la embajada de Brasil, pero por estos días en que el Frente de Todos (FdT) acentúa su discusión interna de cara a la estrategia electoral, el team naranja busca volver a hacer olas. Y la jurisdicción que aparece como central para ese cometido es Buenos Aires.
Armadores del sciolismo aseguran en voz baja que, para lograr la reelección, Axel Kicillof necesita un candidato presidencial que traccione votos en su jurisdicción, ante lo cual diagnostican que, si la figura que lidera la boleta nacional pierde estrepitosamente en la provincia de Buenos Aires, arrastrará indefectiblemente al candidato a gobernador en su derrota. Es ahí donde recalcan el caudal de votos que el exgobernador -con traje de candidato presidencial- podría tributar a los esfuerzos reeleccionarios del actual.
Desde esa perspectiva, Scioli ya dio el visto bueno para que numerosas calles del conurbano y la capital bonaerense se empapelen con la leyenda “Axel 2023” bajo el auspicio de agrupaciones de extracción naranja. Una de ellas es el Grupo Descartes, que lidera el exministro de Trabajo bonaerense Oscar Cuartango, espacio que en las últimas horas impulsó una pegatina de esos carteles en sitios estratégicos de La Plata, desde el radio cercano a la Gobernación hasta enfrente de la sede del PJ. Semanas atrás, otra agrupación de raíz sciolista, “La Juan Domingo”, hizo lo propio con la leyenda “Axel Kicillof gobernador”. Con esos gestos, la tropa naranja inició sus movimientos de campaña.