Allá por 2017, en plena ola amarilla, Roy López Molina consiguió 206 mil votos en las elecciones para el Concejo que parecían catapultarlo a la intendencia de Rosario dos años más tarde. Sin embargo, el tablero cambió, Pablo Javkin fue electo y el PRO se desinfló. Hoy su nombre, lejos de la política diaria, es tentado para volver al juego.
Quienes buscan tentar al otrora golden boy no acampan particularmente en el partido presidido por Mauricio Macri y que tiene a la vicegobernadora Gisela Scaglia como líder en Santa Fe. La búsqueda viene de distintos partidos que configuran Unidos para Cambiar Santa Fe y que reconocen que es un nombre que siempre interesa. De hecho, diversos referentes se lo hicieron saber al propio López Molina a lo largo de los últimos meses. En su entorno, rechazan el convite en el corto o mediano plazo.
Un nombre siempre en danza en Rosario
De rutilante aparición por aquellos años, el derrumbe del sello amarillo -que puede quedarse sin exponentes puros en el Concejo tras diez años-, rispideces internas y una sensación de agotamiento hicieron que el llamado a ser gran elector del PRO en la ciudad fuese corriéndose de la escena. Su último cargo fue en 2021, cuando cumplió su mandato como concejal tras haber ganado aquellas elecciones. “Gracias y hasta siempre”, dice el tuit fijado hasta hoy en su cuenta personal, con fecha del 10 de diciembre de aquel año, cuando tuvo una fallida elección a diputado nacional -en acuerdo con José Corral, quien se postuló como senador-, quedando cuarto en la interna amarilla.
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Roy López Molina fue concejal por última vez en 2021.
El desgaste producido por diferencias cada vez más marcadas con quienes tenían la manija del partido por aquellos años fue notorio. Quienes lo conocen dan cuenta de una suerte de “falta de representación”, lo que derivó, junto a intenciones de poner la mirada en una labor como la académica, que dicen no ve compatible de realizar a la par que la labor política pura y dura.
Todavía joven (cumplirá 40 años en julio), el perfil profesional y también dos exitosos pasos por las urnas (en 2015 su candidatura como diputado provincial cosechó 340 mil votos) hacen que más de uno lo mire de cerca, sobre todo ante posibles escenarios de necesidad de nombres en la coalición gobernante. Cerca suyo no lo dan por retirado de la política, pero no ven un escenario de vuelta ni promueven charlas para que eso suceda.
Los motivos por los que seduce a la política
Numerosas veces sondearon la posibilidad de que se sume de una u otra manera, inclusive fue fuertemente mencionado para integrar el gabinete de la segunda gestión de Javkin, aunque sostienen que nunca se cristalizó en algo concreto. “Tranquilamente podría haberse dado”, dicen. En el equipo del intendente reconocen que es una voz con la que el mandatario tiene diálogo y una estima profesional y personal.
En ese sentido, no es azaroso el dato de que las tribus que lo buscan no están en el partido en el que López Molina inició su carrera política. “Mirá para otro lado, no al PRO”, sugirieron a Letra P, pese a que el exconcejal sigue afiliado, aunque lejos de tener participación partidaria activa. Mientras, la escudería amarilla define estrategias en los distritos.
“Roy tiene diálogo con mucha gente, pero con la que ha cultivado una relación personal de antes”, agregan. Esto se magnifica en épocas pre-electorales o, en este caso, previo a la Convención constituyente, donde reconocen charlas aunque “de diagnóstico”, no para ofrecimientos, algo que en el entorno del rosarino no ven con interés por el momento.
La academia, el foco actual
Abogado, escribano y profesor de Derecho, cerca del exconcejal manifiestan su conformidad por el puesto que desempeña de un tiempo a esta parte: secretario académico en la Universidad Católica Argentina (UCA), de carácter privado, pero con un fuerte anclaje en la sociedad civil. Bajo ese paraguas, la actividad diaria de López Molina está alejada de la arena política, aunque cuentan que sigue de cerca las novedades tanto en lo local como en lo internacional.
Si bien avisó que se correría de la función pública ni bien terminó su mandato, quienes dialogan con él le ponderan una defensa de su paso por “lo público”. No reniega de aquellos años y rechaza el discurso reiterado del presidente Javier Milei: López Molina ve necesaria la participación de ambas esferas, sin demonizar una ni entronizar otra. Por ahora, parece, solo seguirá estando de un lado pese a los intentos de llevarlo a la gestión pública una vez más.