Con pocos antecedentes en política, la legisladora porteña Pilar Ramírez se convirtió en una pieza clave del poder de Karina Milei. Delegada de El Jefe en la Ciudad de Buenos Aires, se incorporó al ecosistema político porteño en un distrito en que La Libertad Avanza quiere hacer propio.
Es un caso paradójico. En La Libertad Avanza no la mencionan hoy como candidata a jefa de Gobierno. Al contrario, aseguran que su prioridad es consolidar la estructura porteña, ordenar el espacio y garantizar que la agenda libertaria que el Gobierno nacional aplica desde la Casa Rosada tenga traducción política en la Ciudad de Buenos Aires.
Por eso, el perfil de Ramírez no se ordena alrededor de una postulación, sino de una función política específica: lograr que los libertarios se sienten en la mesa en la que se definen los acuerdos de gobernabilidad, poder y recursos, un campo restringido hasta ahora al PRO y el peronismo.
Hasta ahora la estrategia fue efectiva. A diferencia de otros distritos, La Libertad Avanza no funciona en la Ciudad como una marca nacional con votos porteños, sino que se asimiló como un actor del sistema local. Una parte de ese recorrido lleva la firma de Ramírez.
La delegada de Karina Milei
Ramírez llegó al centro de la construcción libertaria porteña por decisión de Karina Milei, después de la ruptura entre la secretaria general de la Presidencia y el exlegislador porteño Ramiro Marra.
Marra y su compinche, el legislador porteño Eugenio Casielles habían sido parte del núcleo original de La Libertad Avanza en la Ciudad, pero quedaron desplazados de la conducción real del espacio. El primero terminó incluso expulsado del partido; el segundo quedó en una deriva política, con apariciones esporádicas en la Legislatura y el intento de instalar la figura del pastor Dante Gebel.
A partir de ese quiebre, la legisladora porteña comenzó un ascenso acelerado. Su crecimiento no respondió a una trayectoria partidaria tradicional. Ramírez llegó a la política con el presidente Javier Milei, pero no desde el desconocimiento absoluto del Estado.
Antes había transitado distintas experiencias en el sector privado y también en una empresa pública como Aerolíneas Argentinas. Esa combinación le permitió dialogar con cierta familiaridad con ámbitos de gestión y, al mismo tiempo, aprender en tiempo real los códigos de la política porteña.
El curso fue rápido. En pocos años pasó de ser una dirigente de baja exposición a convertirse en la voz y los oídos de Karina Milei en la Ciudad.
Hacer pie en el ecosistema porteño
La principal tarea de Ramírez fue transformar a La Libertad Avanza en algo más que una expresión electoral del fenómeno Milei. Hasta hace algunos años, la Ciudad era un tablero dominado por el PRO, con el peronismo como principal oposición estructural. La irrupción libertaria alteró ese equilibrio y empiezan a notarse las consecuencias en el campo legislativo, territorial y político.
Bajo su conducción, LLA empezó a consolidar presencia territorial en las comunas, a construir una organización propia y a integrarse al circuito de conversaciones que ordenan la política porteña. Todavía no tiene el espesor territorial del PRO ni del peronismo, pero dejó de ser una fuerza ajena al sistema local.
Ese cambio se expresa en su agenda de vínculos. En el entorno de Ramírez aseguran que mantiene diálogo fluido con el jefe de Gobierno porteño, Jorge Macri; con el operador judicial y referente del PRO Daniel Angelici; con el senador nacional y titular del PJ porteño, Mariano Recalde; con la legisladora porteña Claudia Neira; con el dirigente peronista Juan Manuel Olmos; y con sectores del larretismo, especialmente con el exvicejefe de Gobierno porteño Emmanuel Ferrario.
También mantiene buena relación con la ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, con quien se mostró en varias oportunidades durante el año. Algunas veces compartió recorridas junto a Karina Milei y otras se movió con la ministra por distintas comunas de la Ciudad. Ese vínculo también forma parte de su acumulación: Ramírez no sólo se consolidó como delegada de El Jefe en la Ciudad de Buenos Aires, sino como una dirigente capaz de dialogar con los distintos polos de poder del oficialismo nacional.
El problema de los candidatos
La paradoja es que, aunque en La Libertad Avanza descartan hoy que Ramírez esté en la mesa como candidata, el escenario electoral porteño empieza a mostrar una dificultad concreta para los libertarios: la falta de una figura propia indiscutida para disputar la Jefatura de Gobierno.
El vocero presidencial Manuel Adorni aparecía como uno de los nombres posibles después de su triunfo legislativo, pero su caída en desgracia alteró ese mapa. Patricia Bullrich es la figura que mayor volumen electoral conserva en la Ciudad, pero entró al cono de sospecha de los hermanos Milei después de diferenciarse en temas centrales durante los últimos meses.
Ese vacío no convierte a Ramírez en candidata, pero sí mete runrún sobre su función electoral en un espacio donde todavía no hay una figura porteña capaz de sintetizar poder nacional, estructura local y competitividad propia. Por eso, la legisladora aparece como una pieza cada vez más relevante para ordenar la transición entre la organización territorial y la candidatura que finalmente se defina.
Ramírez no está en campaña para suceder a Jorge Macri, pero sí trabaja sobre las condiciones que necesitará cualquier candidato libertario para competir, negociar o acordar en 2027. Eso la hace parte con voz y voto.
Todo crecimiento es ganancia
En La Libertad Avanza aseguran que la discusión sobre 2027 todavía no pasa por definir una candidatura porteña. La lectura es más simple: todo lo que el espacio construya en la Ciudad representa una ganancia.
Si LLA decide competir con candidato propio, podrá medir volumen, ampliar estructura y consolidar una identidad local. Si, en cambio, avanza hacia algún tipo de acuerdo con el PRO, lo hará desde una posición más fuerte que la que tenía hace apenas unos años. En cualquier caso, el objetivo inmediato es llegar a 2027 con más organización, más volumen y mayor capacidad para poner condiciones.
Ramírez aparece ahí como una pieza de ese nuevo equilibrio. Su especialidad no parece ser la construcción de una candidatura personal, sino la acumulación de poder para que La Libertad Avanza llegue mejor parada a cualquier escenario.
Su posición privilegiada en la mesa del poder libertario parece manejarla con cautela. Cuando Karina Milei decidió correr al armador libertario Lule Menem del dispositivo político durante la campaña nacional del año pasado, Ramírez ocupó circunstancialmente un rol de armadora nacional, pero rápidamente volvió a concentrar su campo de acción en la Ciudad. Algo similar ocurrió cuando su nombre circuló como una de las posibilidades para ocupar la Jefatura de Gabinete tras el escándalo que involucró a Manuel Adorni. La propuesta no se formalizó y la dirigente volvió a priorizar el territorio porteño.
Por eso, el perfil de Ramírez resulta singular dentro de la serie de posibles candidatos porteños. No aparece hoy como postulante a jefa de Gobierno, pero ordena el partido, construye presencia territorial, dialoga con los actores relevantes de la Ciudad y acumula poder en un distrito donde el PRO ya no puede garantizar por sí solo la representación de la centroderecha.
Pilar Ramírez es, por ahora, la no candidata. Pero también es la dirigente que ordena el poder libertario en la Ciudad y puede condicionar cualquier negociación futura por el Gobierno porteño.