EL FUERTE PRO, EN DISPUTA

¿Leandro Santoro 2027? La incógnita sobre la estrategia electoral del peronismo porteño

El legislador encarnó el modelo vecinalista del sector de Juan Manuel Olmos. Recalde, la polarización nacional y las dudas para la próxima contienda.

A diferencia del jefe de Gobierno porteño, Jorge Macri, la postulación del legislador Leandro Santoro no tiene el camino allanado. Al contrario, la indefinición sobre qué estrategia electoral asumirá el peronismo el año que viene pone a su candidatura en un compás de espera.

En rigor, la postulación de Santoro el año pasado fue el vehículo electoral de la apuesta que impulsó el dirigente peronista Juan Manuel Olmos para intentar que el peronismo volviera a competir seriamente por el gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. La construcción de Es Ahora Buenos Aires, la municipalización de la agenda porteña, la búsqueda de ampliar electoralmente el espacio hacia sectores progresistas, radicales e independientes y la decisión de correr el eje desde la identidad peronista hacia los problemas locales fueron parte de una hoja de ruta que lo colocó como principal representante.

En ese contexto, la discusión no parece ser Santoro sí o Santoro no, sino la vigencia del diseño electoral que lo convirtió en candidato.

El laboratorio de Juan Manuel Olmos

La apuesta de Olmos partía de un diagnóstico claro. La crisis del PRO abría la posibilidad cierta de que el peronismo pudiera ganar la Ciudad. Para eso, era preciso presentar una propuesta que excediera al núcleo electoral histórico.

La alternativa consistió en construir una mayoría más amplia, con la potencialidad de incorporar votantes progresistas, independientes, radicales e incluso sectores desencantados con el PRO.

El dirigente consideraba que Santoro reunía las condiciones para encabezar ese experimento. Tenía origen radical, capacidad de diálogo con sectores no peronistas, conocimiento público y una identidad política más flexible, menos asociada al kirchnerismo tradicional.

La campaña de 2023 lo consolidó como una referencia competitiva para disputar la Ciudad y, dos años después, la construcción de Es Ahora Buenos Aires reforzó la idea de que existía un camino alternativo para el peronismo porteño.

Sin embargo, el resultado de 2025 volvió a abrir incógnitas que parecían encaminadas.

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La derrota que reabrió el debate

En el peronismo, o al menos en algunas corrientes internas, había una expectativa real de triunfo a través de Es Ahora Buenos Aires, pero la lista que encabezó Santoro terminó en segundo lugar detrás del candidato libertario Manuel Adorni en la elección que relegó al PRO al tercer puesto. Aunque el resultado fue relevante desde el punto de vista político y legislativo, no resultó lo suficientemente contundente como para validar la vía localista construida durante la campaña.

La derrota tuvo además un costo político para Santoro. El rápido reconocimiento ante la prensa y su ausencia en el encuentro con fiscales y dirigentes después del conteo generaron asperezas internas y abrieron discusiones sobre la conducción política del espacio en momentos adversos.

A fin de año, Santoro reingresó a la Legislatura desdibujado. No asumió la presidencia del bloque ni ocupó la vicepresidencia primera. Tampoco logró conservar la centralidad política que había acumulado durante la campaña, al menos hasta ahora.

Paradójicamente, sigue siendo una de las figuras con mayor conocimiento público del peronismo porteño, pero atraviesa uno de los momentos más deslucidos de su carrera. En las últimas semanas se lanzó a revertir esa pérdida de centralidad con una evidente campaña en redes que busca reinstalarlo como una opción para 2027.

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El problema es la estrategia

A ese panorama se sumó que la elección nacional posterior terminó agregando un elemento adicional al debate. En octubre del año pasado, el presidente del PJ porteño, Mariano Recalde, encabezó una lista de senadores nacionales con una identidad claramente peronista y kirchnerista y obtuvo un muy buen resultado, sobre todo teniendo en cuenta el contexto nacional de retracción de esa fuerza.

La reelección en la banca de la cámara alta del presidente del PJ metropolitano volvió a poner sobre la mesa una discusión que atraviesa al peronismo porteño. La incógnita es si la municipalización de la política porteña amplía efectivamente la base electoral del espacio o si representa otra forma de administrar un caudal de votos similar. También si ese planteo es efectivo frente a un probable escenario de polarización entre el PJ y La Libertad Avanza en las elecciones nacionales del año que viene.

La pregunta se vuelve todavía más relevante porque el escenario de 2027 podría ser muy distinto al de una elección local. Si la disputa presidencial organiza nuevamente la política alrededor de una polarización entre peronismo y libertarios, la hoja de ruta diseñada por Olmos enfrentaría un desafío adicional.

La lógica de una coalición amplia, transversal y enfocada en la agenda local parece adaptarse mejor a una elección municipal que a una contienda nacionalizada. Ese es el dilema que el peronismo debe desanudar antes de fin de año.

El candidato de una coalición de centro

En el peronismo aseguran que Santoro sigue creyendo en la necesidad de ampliar las fronteras tradicionales del espacio. No es un secreto que mantiene conversaciones con sectores radicales, progresistas y cercanos al exjefe de Gobierno porteño Horacio Rodríguez Larreta. Incluso algunos dirigentes sostienen que estaría dispuesto a competir en una primaria amplia con figuras de otros espacios políticos.

En la Legislatura porteña observan con atención esos movimientos para entender si se trata de un juego de presión o del anticipo de una diferenciación respecto de la hoja de ruta que originalmente impulsó Olmos.

Sobre todo porque, al menos en el campo nacional, el mentor de Santoro trabaja abiertamente para poner en pie una alternativa peronista, aunque moderada. Olmos es uno de los principales animadores de los encuentros del peronismo federal, que intenta convertirse en una opción moderada para la elección presidencial del año que viene.

En contraste, Santoro parece seguir explorando la posibilidad de una coalición progresista porteña capaz de incorporar actores que excedan al universo tradicional del PJ.

En una dinámica similar a la del PRO, la pregunta es si el año que viene habrá un electorado dispuesto a acompañar expresiones que escapen a la polarización nacional.

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Una figura atravesada por una discusión más grande que él

La situación de Santoro resulta particularmente singular. No está claro si volverá a ser candidato. Tampoco está definida la hoja de ruta electoral del peronismo porteño.

Lo evidente es que su candidatura se convirtió en el punto donde convergen los principales interrogantes del espacio: la continuidad de la experiencia impulsada por Olmos, la posibilidad de construir una coalición de centro para disputar la Ciudad, la relación entre la agenda local y la política nacional y la incógnita sobre qué identidad necesita el peronismo para volver a competir por el gobierno porteño.

De allí que, más que el perfil de un candidato, Santoro condense un debate estratégico. La pregunta no es sólo si volverá a competir, sino si el peronismo porteño todavía cree que el camino para gobernar la Ciudad pasa por ampliar hacia el centro o por apoyarse en una identidad más nacionalizada.

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