La justicia, al banquillo

Marcelo D'Alessandro denunció una operación de inteligencia y protegió a Robles

El exministro porteño consideró que sus supuestos chats surgieron de un hackeo y no pueden usarse como prueba. Aseguró que el vocero de la Corte no participó de las audiencias por la coparticipación. 

El ex ministro de Justicia y Seguridad de la Ciudad Marcelo D'Alessandro declaró como testigo este martes en la Comisión de Juicio Político de la Cámara de Diputados con dos objetivos: negar la validez de los presuntos chats con jueces, funcionarios y empresarios que se filtraron en internet a fin de año y cuidarse de no complicar al vocero de la Corte, Silvio Robles.

La hipótesis del Frente de Todos es que D'Alessandro y Robles digitaron la cautelar que la Corte Suprema firmó en diciembre y aumentó la coparticipación federal que recibe la Ciudad de Buenos Aires, como parte del litigio que mantiene con la Nación por el traspaso de la Policía Federal. Los supuestos chats que se difundieron constituyen una de las pruebas principales y el exministro los desacreditó, porque, sostuvo, la Justicia determinó que pudieron haber sido manipulados. Aun así, el material sigue siendo una de las causales del proceso de acusación que se lleva a cabo contra los cuatro jueces del máximo Tribunal.

Cuando declaró hace un mes, Robles, uno de los asesores más cercanos al presidente de la Corte, Horacio Rosastti, evitó responder casi todas las preguntas escudándose en dos artilugios legales: el artículo 18 de la Constitución, que impide obligar a un testigo a declarar contra sí mismo, y el reglamento interno del Poder Judicial. Este martes, llegó a la comisión un oficio de los supremos que justificó sus excusas.

La tercera, la vencida

Después de faltar a dos citaciones, D'Alessandro también apeló a la carta magna para no responder la mayoría de las consultas, pero reconoció que participó de varias audiencias en la Corte por la causa coparticipación y no se evadió cuando Vanesa Siley, la diputada del Frente de Todos encargada de interrogarlo, le consultó si Robles estuvo en algunas de esas reuniones. "No. En las audiencias previas no estuvo. En la última, ante los ministros de la Corte, no me acuerdo haberlo visto, pero pudo haber participado, porque había mucha gente", respondió D'Alessandro.

La aclaración no fue ingenua, porque la presidenta del Banco Nación, Silvina Batakis, cuando declaró como testigo en la comisión, contó que en una de las audiencias de la Corte a las que asistió -en ese entonces era secretaria de Provincias- Robles estuvo sentado junto a los funcionarios de la Ciudad, entre ellos D'Alessandro, quien, por si acaso, dijo no recordarlo.

Lo más curioso de la audiencia llegó minutos después, cuando Siley le consultó si conocía a Robles. "Me amparo en el artículo 18 de la Constitución nacional", respondió el exministro. "Le recuerdo que puede caer en falso testimonio", lo increpó la presidenta de la comisión, Carolina Gaillard, suficiente para provocar una reacción de la oposición. "¡Lo está amenazando!", se indignó Pablo Tonelli (PRO).

"¡Pero usted es denunciante en causas! ¡No está amparado!", lo corrigió Siley. "No estoy mintiendo ni omitiendo la verdad. Estoy haciendo uso de mi derecho, porque estas causas, que tienen que ver con los supuestos chats, el ministro de justicia (Martín Soria) me ha denunciado a mi", respondió el exministro.

La diputada oficialista retomó el interrogatorio con una consulta sencilla: "¿Conoce a Silvio Robles?". "Me aparo en el artículo 18 de la Constitución", esquivó D'Alessandro. "¡Pero a los efectos de conocerlo, le tengo que recordar su respuesta anterior!", se indignó Siley.

Al final de la audiencia, el jefe del bloque oficialista, Germán Martínez, le acercó una foto de Robles y le preguntó si sabía quién era. "Si, es Silvio Robles", respondió el exministro. "Entonces lo conoce", refutó el diputado. "Solo identifico quién es", respondió entre risas.

Los supuestos chats

La última parte de la testificación de D'Alessandro fue un griterío entre oficialismo y oposición, por la resistencia del interrogado a responder sobre el contenido de los presuntos chats que circularon por la web el año pasado. Si bien las charlas más difundidas fueron las que habría tenido con empresarios y jueces durante un viaje a la mansión de Joe Lewis en Lago Escondido, en la comisión se investigan sus presuntas conversaciones con Robles que surgieron de esas publicaciones.

En una de ellas, hablan sobre la causa coparticipación y piden sacar "El fallo Robles". En otra se refieren a la estrategia de la oposición en el Senado para no perder un representante en el Consejo de la Magistratura. D'Alessandro negó haber participado de gestiones legislativas ("No es algo que compete a la Ciudad") y admitió que trabajó en la defensa de la Ciudad por la transferencia de la Ciudad, pero se negó a confirmar si esas charlas son verídicas.

"Hay causas que están abiertas y se está investigando. No hablo de presunciones: hay gente detenida que ha confesado que se hizo una operación de inteligencia. Hay dictámenes de la justicia a través del mecanismo que usaron podían crear, modificar o editar conversaciones. No fue una filtración", se defendió.

Siley quiso saber si, aun tratándose de un hackeo, las charlas eran todas falsas, porque en tal caso la comisión podría tomarlas como un asunto de interés público. D'Alessandro fue amenazante. "No sólo es un delito, sino que la utilización (de los chats) es nula y puede traer otro delito, como falsa imputación o calumnias", dijo.

Leopoldo Moreau recordó que al menos dos periodistas que aparecen en los chats admitieron su veracidad, pero no logró detener la furia de Karina Banfi (UCR). "Le están pidiendo a un testigo que hable sobre un hackeo del que fue víctima. ¡No puede ser que hayan votado una ley de acceso a la información pública y sean tan ignorantes! Una conversación pública se da cuando hay medios públicos, como los correos oficiales", bramó. Moreau le respondió: "¡Claro! ¡Por eso Robles borró el correo oficial de Rosatti!

Siley le preguntó a D'Alessandro si sintió presionado para dejar el cargo. "No, pero hubo cuestiones que no tuvieron límites, como cuando se dijo que el hackeo pudo haber sido de una amante despechada. Nadie me presionó. Me fui porque un ministro tiene que trabajar 24x7 y cuando me presenté como querellante no podía hacerlo", respondió.

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