El 69,5% de las mujeres desaprueba la gestión de Javier Milei; una cifra que está diez puntos por encima del rechazo masculino. En un contexto de crisis de confianza generalizada hacia el Gobierno, la brecha de género es uno de los datos más significativos, con ancla en las preocupaciones de la economía doméstica y los servicios del Estado.
El otro dato significativo que surge es que este grupo configura una verdadera disponibilidad electoral latente: ninguna fuerza sabe aún cómo hablarle a ese segmento.
Dos de los últimos trabajos de opinión pública son concluyentes respecto del crecimiento marcado en la desaprobación general de la gestión Milei. El de Zuban Córdoba relevado del 25 de abril al 1 de mayo consolida una tendencia negativa que crece a la par de la opción por el cambio de rumbo: el 64,5% de las 2.000 personas consultadas rechaza las políticas de gestión. Por su parte, el informe de Managment & Fit realizado con anterioridad -del 13 al 27 de abril- entre 2.600 casos efectivos indica que el nivel de desaprobación es de 54,3%, el más alto desde el inicio de la gestión libertaria.
Entre las razones del rechazo, las preocupaciones económicas (inflación, desocupación y dificultades para llegar a fin de mes) alcanzan el 77,1% de las menciones en el estudio de M&F. Pero el dato que condensa ese estado de situación es que el 71,2% de los ciudadanos argentinos cree que hace falta un cambio de gobierno. Un fenómeno que en el caso de las mujeres -revela Zuban Córdoba- asciende al 80% de las consultadas, lo que configura una administración con problemas políticos a mitad del mandato, al mismo tiempo que ninguna fuerza o candidatura logra liderar esa alternativa.
Brecha de género: una marca estructural
Que casi el 70% de las mujeres repruebe la gestión libertaria "no es un dato coyuntural ni un ruido estadístico; es una señal estructural que cualquier estrategia electoral libertaria debe procesar, porque sin recuperar terreno en ese segmento será difícil mover el techo de 2027", concluye el trabajo de Zuban Córdoba con los últimos datos trabajados.
Lara Goyburu, directora ejecutiva de M&F, apunta a Letra P que la desaprobación entre mujeres "es una constante que se sostiene a lo largo de todo el ciclo" Milei. Casi una característica estructural de 2025, con una novedad en abril de este año, cuando, "por primera vez en la serie, la desaprobación entre varones superó a la de mujeres, con 55.1% vs. 53.4%". Sin embargo, aclara que no se trató de una mejora en el segmento femenino, "sino de una caída pronunciada en la aprobación masculina, que pasó de 51.8% en febrero a 33.6% en abril, con un nivel de indecisión entre varones que saltó de 1.4% a 11.3%".
En ese contexto, la demanda de cambio es un factor común en los géneros, aunque con preminencia entre las mujeres: casi el 80% de ellas está de acuerdo en que debería haber un cambio, casi un 15% más que los varones que opinan en el mismo sentido. "La Argentina de mayo de 2026 es, en definitiva, una sociedad que sabe con mucha más claridad lo que no quiere que lo que quiere", destaca ZC.
Mujeres, brecha, razones
En una combinación de seguimiento cuantitativo con trabajo cualitativo, Goyburu apunta a tres factores que se superponen. El primero, estructural y económico: "Las mujeres son las principales administradoras del gasto del hogar y por eso registran la inflación de manera más concreta y cotidiana. En nuestros datos, la mención de dificultades para cubrir los gastos del mes es consistentemente más alta entre mujeres que entre varones; el ajuste llegó de manera muy desigual a los bolsillos".
En la misma orientación, el director de Alaska Comunicación, Juan Courel, sostiene que "la razón principal de la brecha de género es el rol de las mujeres en la economía familiar". Un factor de mayor alcance y consecuencias que otros, como "la misoginia de Milei o su antagonismo a la agenda feminista o de género".
El segundo factor, sostiene la ejecutiva de M&F, tiene que ver con el perfil del gasto recortado. "Las políticas que presentaron mayor nivel de desacuerdo en la población en general, como el veto en jubilaciones, en discapacidad y en salarios del Garrahan, afectan de forma desproporcionada a las economías del cuidado, que siguen siendo mayoritariamente femeninas. No es ideología de género: es quién carga con las consecuencias cuando se retira el Estado de ciertas áreas".
Discapacidad marcha mujeres
Protesta de mujeres frente a la Quinta de Olivos contra el ajuste en discapacidad.
Por último, Goyburu destaca el factor comunicacional. Cree que el registro conflictivo, las descalificaciones y el tono que caracteriza la comunicación gubernamental generan más rechazo en la audiencia femenina. "En las expresiones de los participantes de nuestro trabajo de campo, entre las mujeres de mediana edad esta acumulación se traduce en una suerte de amargura silenciosa. No de furia activa, no de ruptura definitiva, sino de agotamiento que ya no admite mucho más margen".
Ni los unos, ni los otros
Si, como trasuntan los trabajos, el gobierno perdió la iniciativa política y la luna de miel ya se guarda en fotos, hay también una oposición que todavía no termina de encontrarse. El deterioro que afecta al Presidente -su imagen negativa ya supera el 60%- y arrastra al jefe de Gabinete Manuel Adorni -72,1%- y a la secretaria general de la Presidencia, Karina Milei -66,3%-, no es inversamente proporcional a voto disponible para otro. "Para que ese descontento se convirtiera en ventaja electoral para un tercero, alguien tendría que estar en condiciones de recibirlo. Y eso hoy no está garantizado", aclara Goyburu.
Con relación al segmento mujeres, para Courel es el peronismo el espacio que "hace por lo menos 5 años mide mejor en mujeres que varones. En promedio, diez puntos mejor en cuanto a imagen de dirigentes, intenciones de voto, evaluación a favor de su gobierno cuando era oficialismo y en contra del gobierno ahora que es oposición".
Con otro foco, Goyburu señala que "una fuerza o candidatura que quisiera capitalizar ese electorado "tendría que resolver un problema difícil: cómo hablar de competencia económica y de cuidado al mismo tiempo, sin caer en un registro tutelar que las mujeres también rechazan". Para lograrlo, dice, "harían falta al menos dos condiciones: la consolidación de esa figura en las encuestas, y que la situación económica no mejorara lo suficiente como para cerrar esa brecha antes de 2027".
Como señala el equipo de Zuban Córdoba, "en ese empate de debilidades, quien primero logre articular una propuesta que combine credibilidad y amplitud tendrá una ventaja que hoy no tiene ningún actor del sistema".