Javier Milei vs. Axel Kicillof, duelo de relatos salvajes en la Argentina del ajuste y la escasez
A falta de recursos, buenos son discursos. El Presidente, palo y zanahoria con el Pacto de Mayo. El gobernador, con los botines de punta. El mercado, avanza.
La política argentina suele ser turbulenta, pero un rasgo que impacta de manera especial en la actualidad es la espiralización de la agresividad de las palabras. Esto corre tanto para quien trata de acumular desde la cúpula del Gobierno, Javier Milei, como para quien despunta como su principal rival: Axel Kicillof.
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Ese salto cualitativo se vincula con la emergencia de una nueva derecha que, al igual que sus contrapartes de otros países, hace justamente de la narrativa crispada su razón de ser y su forma de acumulación de poder. Sin embargo, eso no oculta que la base de su propia emergencia está dada por un estado de ánimo social.
Otra forma de pensar los relatos salvajes del presente es reparar en lo que pasa a nivel material: en la Argentina del hiperajuste y la escasez, el liderazgo político no se podría consolidar con un reparto de mejoras en la calidad de vida sino, solamente, con palabras que pinten un fresco nítido de héroes y villanos, culpables y salvadores.
La oferta fue cruda y recibió este lunes una réplica igualmente cruda de Kicillof desde La Plata. "Nuestra respuesta es muy clara: cuenten con nosotros para 30 reuniones de trabajo, para encuentros destinados a solucionar problemas, incluso para debatir, pero si se trata de encuentros para fotos y marketing, arranquen nomás si no llegamos", dijo.
En su discurso anual ante la Legislatura bonaerense, el gobernador habló además de "extorsión" e "imposición"; calificó el proyecto paleolibertario como "un experimento extravagante"; denunció una "criminal" interrupción de las transferencias de recursos a las provincias; reprochó que Milei "mintió" cuando dijo que el ajuste sólo recaería sobre la casta y hasta calificó el set de ideas oficial como "terraplanismo ideológico, conceptual y cultural".
Como se dijo, a falta de recursos, buenos son discursos, sentencia que le cabe no solo al mandatario peronista, sino a sus pares y al propio Milei. El problema, también común a todos ellos, es que las palabras no son una cuasimoneda que permite comprar comida en el supermercado y que, en medio de la aspereza del presente, todos ellos corren el riesgo de convertirse en simples parteros de una era –encarnada por nuevos nombres– que aún no se puede vislumbrar.
Los ejecutores de la ofensiva oficial son el jefe de Gabinete, Nicolás Posse, y los ministros de Economía e Interior, Luis Toto Caputo y Guillermo Francos. La heterogénea conformación del triunvirato impide hacer pronósticos –¿habrá conversación o soliloquio?– dada la presencia en él, respectivamente, de un cruzado ideológico, de un hombre que quemó todas sus naves en el puerto del ajuste y de un dialoguista. ¿Se desatarán tensiones en ese trío?
El mercado saluda el ajuste escrito en piedra
Mientras, Milei empuja su proyecto económico a toda velocidad y los tiempos parecen acortarse para la libre competencia de monedas –la dolarización, bah–.
Gracias a un tipo de cambio que resiste a pesar de la erosión inflacionaria, el Banco Central concretó la tercera mayor compra de divisas desde el 10 de diciembre, nada menos que 303 millones de dólares. Así, de la mano de una plaza seca de demanda y de la posibilidad que se ha dado a los exportadores de liquidar el 20% de sus operaciones en el mercado del "contado con liqui" (CCL), los tipos de cambio paralelos se siguen hundiendo y la brecha con el oficial se reduce cada vez más. Por otro lado, la posibilidad de que el toma y daca con los gobernadores y el Congreso haga irreversible el Caputazo llevó a que los bonos de la deuda subieran fuerte y, en paralelo, el riesgo país cayera a un mínimo de 30 meses.
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Lo que se acerca, en primera instancia, es el levantamiento del cepo cambiario, una de las condiciones de posibilidad de la dolarización. La brecha entre el CCL y el oficial mayorista ya es de apenas 26.