OFICINA ANTICORRUPCIÓN

Alberto Fernández, el plan no somos lo mismo (que CFK) y la falla Vitobello

Sentó a una militante del socialismo, ícono de transparencia, en la silla que dejó el kirchnerista que no quiso querellar a Cristina. Julio 2009-2015.

Dos meses y 20 días después de la salida ruidosa del kirchnerista Félix Crous de la Oficina Anticorrupción, donde había decidido que el Estado no querellara en la causa Vialidad, en la que Cristina Fernández de Kirchner fue condenada en primera instancia, la designación de la socialista Verónica Gómez para llenar la vacante parece destinada a reforzar el mensaje que el presidente Alberto Fernández ha insinuado al calor de la tórrida interna del Frente de Todos: no somos los mismo (que CFK). El problema, siempre, es el maldito archivo.

Según informa el comunicado difundido este lunes por la Casa Rosada, Gómez -abogada por la Universidad de Buenos Aires “con diploma de honor” y especialista en Derecho Constitucional y Derechos Humanos y en Género y Derecho- se desempeñaba como asesora en materia de derecho constitucional, derechos humanos y género en la Defensoría del Pueblo de la Ciudad. “Fue legisladora por la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, donde se desempeñó como presidenta del Bloque del Partido Socialista”, agrega el texto oficial.

Gómez asumió esa banca en un momento de fuerte convulsión en la Ciudad por la estela política de la tragedia de Cromagnon: la oposición impulsaba el juicio político que terminaría con el jefe de Gobierno, Aníbal Ibarra, destituido. En esa pulseada, en la que el kirchnerismo jugaría dividido, la socialista bancó al acusado en sintonía con la hermana del exfiscal, Vilma Ibarra, entonces pareja de Alberto Fernández y hoy secretaria de Legal y Técnica y miembro del círculo de incondicionales del jefe de Estado.

https://twitter.com/CasaRosada/status/1635683486290915331

La filiación partidaria de Gómez garpa: el partido de la rosa es ícono -no necesariamente sinónimo- de transparencia, honestidad y apego a las instituciones. El kirchnerismo es ícono -no necesariamente sinónimo- de corrupción.

En un par de actos que encabezó en los últimos meses, en el marco de la pelea de Todos contra Todos que lo enfrenta a la vicepresidenta, el primer mandatario ha sugerido que no es lo mismo que Mauricio Macri, pero que tampoco es lo mismo que Cristina.

Primero fue ante representantes de lo más granado del poder económico, en un encuentro de la Unión Industrial Argentina (UIA), cuando se jactó de que nunca nadie en su gobierno les pidió nada a cambio de un contrato. Después, hace apenas 14 días, ante la Asamblea Legislativa. “En todos estos años no tuve otro propósito que servir a mi pueblo”, dijo y se golpeó el pecho: “Cuando finalmente deje mi cargo, podré dar cuenta de todos y cada uno de mis actos y nadie podrá atribuirme un solo hecho por el cual me haya enriquecido”.

La falla del subtexto -siempre hay una-, si es que efectivamente existiese ese mensaje, está en otro de los integrantes de la mesa más chica de fieles albertistas: Julio Vitobello fue el jefe de la Oficina Anticorrupción entre 2009 y 2015, es decir, durante seis de los ocho años de CFK en la Casa Rosada, el período en el que el kirchnerismo se hizo -le hicieron, dirá- la fama. Es probable que poca gente recuerde este dato. El secretario general de la Presidencia no hizo mucho lío en aquel despacho.

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