LA CIENCIA, BAJO ATAQUE

Un golpe de Javier Milei que paraliza el sistema científico

Ajuste, despidos, congelamiento de becas y desfinanciamiento hieren al sector. Temor a la fuga de cerebros. Riesgo sanitario y modelo dependiente.

En el escenario de una retórica que ya conocemos y desafortunadamente hemos experimentado en nuestro país en cada ciclo de retroceso neoliberal, nos encontramos frente a un nuevo embate contra la ciencia y la tecnología. A poco más de un mes de asumir el gobierno, las decisiones tomadas con respecto al Conicet han sido desalentadoras: despidos de trabajadores y trabajadoras, congelamiento de becas doctorales y posdoctorales, estancamiento en la progresión de carreras científicas y parálisis en programas de infraestructura y equipamiento científico. Esta situación, junto con el cierre del Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación, la disminución real de las asignaciones presupuestarias y la devaluación, comienzan a afectar a todo el sistema con una rapidez tristemente inusitada.

Nuestro sistema científico-tecnológico está compuesto por diversos organismos del Estado, como Conicet, INTA, INTI, CONAE, CNEA y universidades públicas. En particular, el Conicet es una prestigiosa institución conformada por una red de más de 300 institutos de investigación, con grupos de trabajo en universidades públicas, instituciones estatales y privadas distribuidos a lo largo y ancho de nuestro país.

Cada año, después de una exhaustiva evaluación de proyectos y antecedentes, ingresan al organismo becarios doctorales y posdoctorales, fundamentales para la formación de recursos humanos y la profundización de líneas de investigación. Con las nuevas medidas anunciadas por el Directorio del organismo, más de 1300 becas doctorales y 800 posdoctorales quedan en suspenso, dejando no solo a miles de jóvenes profesionales fuera del sistema, sino interrumpiendo desarrollos científico-tecnológicos que necesitan de esos recursos humanos para llevarse a cabo.

Sumado al desfinanciamiento por la falta de actualización presupuestaria, en términos reales, esto significa que todo el sistema se paraliza, hiriéndolo de gravedad. De continuar esta tendencia es esperable que, como en otros momentos de nuestra historia, se genere una fuga de cerebros que intensifiquen la sangría y dilapidación de recursos necesarios para el desarrollo.

El ajuste

La ciencia en Argentina es valorada positivamente en todo el mundo. Nuestros científicos y científicas son recibidos con los brazos abiertos por el elevado nivel de formación que presentan. La canalización de esos recursos hacia el desarrollo de líneas de investigación que fortalezcan la construcción de soberanía en el campo de la salud, el ambiente, la energía y la alimentación deben ser prioritarias, más aún en un contexto de crisis. Sin embargo, las últimas decisiones del gobierno de Javier Milei ponen en jaque cientos de trabajos que se vienen desarrollando en este sentido.

El ajuste a los organismos de ciencia y técnica y las universidades nacionales viene acompañado por la derogación de leyes que han llevado años de lucha y que permiten contar con herramientas claves a la hora de defender nuestros recursos. Resulta incomprensible que se pretenda derogar una ley que declara de interés nacional y estratégico la actividad de los laboratorios de producción pública dedicados a la investigación y producción de medicamentos y vacunas, en un momento en que los precios de estos insumos han experimentado aumentos alarmantes, considerablemente superiores a la inflación.

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La derogación de estas leyes, que permiten establecer precios testigos y fomentan la producción de medicamentos y vacunas huérfanos sin interés para el mercado pone en peligro la capacidad de respuesta ante situaciones sanitarias críticas.

La derogación de la Ley de Tierras y la privatización de empresas estatales de base tecnológica, con una sólida conexión con el sistema científico, como YPF, ARSAT, Nucleoeléctrica SA, Fabricaciones Militares, entre otras, resultarán en la anulación de avances cruciales para la explotación de Vaca Muerta, la producción de baterías de litio, la gestión de satélites, la construcción de centrales nucleares y la defensa nacional. Estos aspectos son vitales para nuestra soberanía y nos brindan la posibilidad de integrarnos en una industria global que genera miles de millones de dólares anualmente.

¿Por qué se decide vender al mejor postor líneas estratégicas para el desarrollo? ¿Por qué, a diferencia de países como Estados Unidos, Israel, Corea del Sur, Suecia, Bélgica, Japón, Alemania, Austria, Suiza, Dinamarca, China, Turquía, Noruega y Brasil, que invierten más del 2% de sus productos brutos internos en investigación, Argentina se encamina a tener una inversión por debajo del 0,2%?

Ciencia y política

No es sorpresa. La ciencia no es inmune a las valoraciones políticas ni a las concepciones sobre el desarrollo del país. El auge del neoliberalismo trae consigo la restricción del pensamiento crítico, pretendiendo convencer a una sociedad castigada por ciclos de endeudamiento y restricción externa de que se pueden lograr mayores niveles de distribución y desarrollo mediante la reducción de la intervención estatal y la apertura indiscriminada de las economías. Una falacia retórica, que esconde un plan sistemático que pretende instalar en nuestro país un modelo de dependencia basado en la supervivencia con los productos de la actividad agropecuaria y extractiva únicamente, consolidando un modelo neoliberal de periferia que profundiza la subordinación nacional hacia las potencias mundiales.

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Las decisiones políticas anunciadas en las últimas semanas tendrán un impacto directo no solo en el sistema científico, sino en la sociedad toda. Es un golpe a un pilar estratégico para un proyecto nacional alternativo que implica la protección de los recursos naturales, la construcción de un sector industrial propio y el desarrollo de nuevas tecnologías como medio para romper el "círculo vicioso" de pobreza, dependencia y dominación externa.

Es por ello, que bajo la consigna “La Patria no se vende” somos cientos de docentes, investigadores, personal de apoyo, becarios y becarias que nos organizamos para expresar que una sociedad sin conocimiento y autonomía en el desarrollo de líneas de investigación estratégicas está destinada al fracaso.

Marchas en apoyo al Conicet. (FOTO: Telam).
Daniel Salamone

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