El presupuesto nacional determina, entre otras cosas, la relación del Poder Ejecutivo con los gobiernos provinciales. En un año electoral cobra más relevancia porque los recursos disponibles y su distribución forman parte de las negociaciones entre la Nación y los gobernadores. El primer punto es determinar si, al igual que ocurre con los supuestos macroeconómicos, las proyecciones sobre las cuentas provinciales pecan de optimistas. El segundo es analizar qué puede esperarse de las transferencias previstas para el próximo año. Veamos.
En 2025, por primera vez desde 2017, el resultado primario del consolidado provincial volvió a ser deficitario, aunque el cálculo excluye a La Pampa por falta de datos. Nueve distritos pasaron del superávit al déficit: la Ciudad de Buenos Aires, Chubut, Corrientes, La Rioja, Mendoza, Misiones, Río Negro, Santa Cruz y Tierra del Fuego. En términos absolutos, los mayores déficits primarios correspondieron, en ese orden, a Buenos Aires, Tierra del Fuego, Corrientes, Santa Cruz y Mendoza. El caso bonaerense presenta una particularidad: si bien su déficit nominal aumentó, fue uno de los pocos distritos que logró reducirlo en términos reales, es decir, una vez descontado el efecto de la inflación. Sin embargo, el panorama cambia cuando se mide el resultado fiscal en relación con la cantidad de habitantes.
Los datos del primer trimestre de este año, última información disponible, tampoco son alentadores. Respecto de igual período de 2025, el superávit primario consolidado cayó casi a la mitad en términos reales y la situación empeoró en 15 de los 23 distritos con información. Los recursos tributarios de origen nacional disminuyeron y explican aproximadamente dos tercios del deterioro. Sin embargo, también hubo presión por el lado del gasto: las erogaciones primarias aumentaron impulsadas por las destinadas a personal e inversión real directa.
Hasta septiembre, la evolución de los ingresos tampoco muestra una recuperación sostenida. El conjunto de recursos de origen nacional recibido por provincias y la Ciudad de Buenos Aires cayó levemente después de descontar la inflación. Si miramos exclusivamente la coparticipación federal, la baja es más notable. Ese resultado combina comportamientos diferentes de sus principales fuentes de financiamiento: caída en la recaudación del IVA y aumento en ganancias.
Transferencias con destino específico y poco margen de maniobra
A pesar de esos resultados, el proyecto de presupuesto estima una mejora de las cuentas provinciales en el consolidado para este año, aunque aún seguirían siendo deficitarias. Y para 2027 prevé que el consolidado pase de un déficit financiero de $3,36 billones a uno de apenas $0,53 billones, mientras el resultado primario volvería a ser superavitario. Para alcanzar ese resultado, supone que los recursos tributarios de origen nacional crezcan 29,9% con una inflación promedio del 21% según se deduce del presupuesto, mientras que por ejemplo el gasto en personal seguiría constante en términos reales. La recuperación depende, por lo tanto, de que los ingresos crezcan más que las erogaciones. El margen es estrecho. Bastaría con que los recursos tributarios de origen nacional crecieran 26,4% en lugar de 29,9% para eliminar todo el superávit primario provincial previsto, si los demás ingresos y gastos permanecieran iguales.
Si la coparticipación no alcanza, la pregunta es qué margen tiene la Nación para asistir a las provincias por fuera de los mecanismos automáticos. El proyecto prevé $2,59 billones de transferencias a provincias y municipios, aproximadamente 0,18% del PIB y 2,5% de los recursos de origen nacional proyectados para las jurisdicciones. Buena parte tiene destinos específicos: $503.326 millones para cajas previsionales provinciales, $493.191 millones para el Régimen de Extinción de Obligaciones Recíprocas —REOR— y $612.822 millones para transferencias del Plan Nacional de Alfabetización. Esas tres partidas concentran 62,2% del total. Dentro de ese mismo monto están incluidos los Aportes del Tesoro Nacional —ATN—, con una partida de $300.994 millones. Es importante distinguirlos del resto, pero también evitar considerar todas las transferencias no automáticas como asistencia de libre disposición.
La motosierra también recorta los fondos para las provincias
Por otro lado, para las provincias juega en contra que entre el presupuesto y lo que efectivamente se ejecuta hay diferencias, y la experiencia de este año lo deja claro. El crédito inicial registrado para transferencias a provincias y municipios fue de $3,63 billones. Al 7 de octubre se había reducido a $2,27 billones y se habían devengado $1,01 billones. Es decir, el crédito cayó 37,3% y la ejecución representaba apenas 44,6% del vigente y 28% del presupuesto inicial. El cierre del año determinará cuánto del monto restante se ejecuta, pero la motosierra ya pasó.
Siempre es relevante analizar los Aportes del Tesoro Nacional, una de las herramientas clásicas para asistir de forma rápida y discrecional a las provincias. Hay una diferencia considerable entre los recursos que ingresan al fondo y los que se distribuyen. Entre enero y septiembre el fondo recibió $909.380 millones, mientras que se pagaron $184.000 millones, apenas el 20,2%. El crédito presupuestario, que inicialmente era de $569.426 millones, se redujo a $248.755 millones, aun cuando lo que ingresaba al fondo lo superaba ampliamente.
Los giros llegaron a 15 provincias y estuvieron concentrados en el tiempo: marzo y abril explicaron algo más de la mitad del total, mientras que en mayo, junio y agosto no hubo transferencias. La diferencia entre lo recaudado y lo pagado alcanzaba $725.380 millones. La ejecución de esos saldos es un reclamo que las provincias hicieron sentir en los últimos años pidiendo, por caso, que se coparticipen automáticamente.
Una recuperación atada al crecimiento y a la voluntad de la Nación
Así las cosas, el presupuesto anticipa una recuperación provincial que depende de una recaudación más dinámica y de que el gasto crezca a una tasa menor. Parte de un crecimiento esperado del 4% para la economía en 2027, que requiere una recuperación importante respecto de las consecuencias de una recesión técnica, dado que todo indica que en el tercer trimestre de este año la actividad volvió a caer.
Sin una marcada reactivación, las provincias tendrán menos margen para mejorar sus cuentas. Al mismo tiempo, la experiencia muestra que la asignación inicial de partidas en el presupuesto nacional puede cambiar considerablemente durante el año. Y si el Tesoro nacional está en apuros, no serán las provincias su prioridad. Para los gobernadores, la discusión parlamentaria importa porque define reglas y autorizaciones. Pero también es razonable que busquen mecanismos que den mayor previsibilidad al cumplimiento de los acuerdos.