OPINIÓN

¿Por qué amamos odiar a Guillermo Francella?

El autor analiza la polémica que disparó Homo Argentum, la película que cayó en la grieta junto a su protagonista. También, revisa la posición del peronismo.

El reciente estreno de la película Homo Argentum protagonizada por Guillermo Francella y dirigida por Mariano Cohn y Gastón Duprat generó mucho más revuelo del que las urticantes películas de la dupla nos tienen acostumbrados.

Si bien los cineastas detentan una prolífica producción cinematográfica y han tenido de protagonistas a populares actores (Mi obra maestra, de 2018, con Luis Brandoni y Francella; El ciudadano ilustre, de 2016, con Oscar Martinez, y El hombre de al lado, 2009, con Daniel Aráoz), una serie de elementos se combinaron en esa obra para hacerla especial.

La convocatoria al actor más popular de la Argentina para protagonizar de manera excluyente el film, una producción que posee un formato más cercano al Tik-Tok que a las películas tradicionales sumado a la impronta de tanqueta cultural a la que nos tienen acostumbrados; generaron un revuelo tal que hasta logró que fuera referida por el presidente Javier Milei.

“Me acuerdo que los domingos a la mañana teníamos mil doscientas personas viendo el espectáculo. Me peleaba con mi representante porque cobrábamos veinte pesos la entrada y él quería que la subiéramos a 30. ¿Me querés decir para qué, si siempre teníamos más de mil personas? Era una cosa de locos. Hacíamos Quilmes, Berazategui, toda la zona sur, y jamás le llevé el apunte al representante. Yo veía que venía a vernos un padre obrero con tres chicos colgandos y no podíamos hacerles pagar treinta pesos. ¿Acaso no queríamos ser populares?”. (Alberto Olmedo) “Me acuerdo que los domingos a la mañana teníamos mil doscientas personas viendo el espectáculo. Me peleaba con mi representante porque cobrábamos veinte pesos la entrada y él quería que la subiéramos a 30. ¿Me querés decir para qué, si siempre teníamos más de mil personas? Era una cosa de locos. Hacíamos Quilmes, Berazategui, toda la zona sur, y jamás le llevé el apunte al representante. Yo veía que venía a vernos un padre obrero con tres chicos colgandos y no podíamos hacerles pagar treinta pesos. ¿Acaso no queríamos ser populares?”. (Alberto Olmedo)

Los 16 microrrelatos del film exponen de manera descarnada los instintos más bajos atribuidos a la argentinidad. Se nos presenta como codiciosos, perversos, embaucadores y desagradecidos, entre otros rasgos. Al mismo tiempo, tal como bucearan en otras producciones (Bellas Artes, de 2024 y Nada, de 2023), los directores suben al ring al feminismo y la cultura woke para exponerla y satirizarla.

Embed - HOMO ARGENTUM | Guillermo Francella

En Homo Argentum vuelven trabajar en torno a una mirada denigrante y denigratoria sobre lo popular, la cultura nacional y las costumbres, como hicieran en El ciudadano ilustre. La película, como no podía ser de otra manera, quedó en medio de la balacera política tal como viene experimentado el campo cultural desde inicios del kirchnerismo.

Guillermo Francella, atrapado por la grieta

Adherentes del mileismo salieron a echar hurras con la película como si el gran actor argentino militara en sus filas y saliera los domingos a volantear por el barrio. Detractores del Gobierno salieron a cruzar al film y, en algunos casos sin ver la película, ya la cancelaron, con Francella incluido.

¿Cómo es posible que la fuerza política más grande de la Argentina busque cancelar al ídolo al cual sus representados aman? ¿Cuáles son los procesos por los cuales la base de sustentación del peronismo dejó de ser el pueblo y pasó a ser la cultura ilustrada? Esta encrucijada ya presenta varios capítulos: el Teatro Colón abucheando a Milei, un millón de “Parques Saavedra” en contra de Mauricio Macri, escuelas donde los porteros votaron a Milei y los maestros al kirchnerismo... ¿Dónde está el peronismo hoy? ¿Sigue viviendo en el corazón del pueblo o migró a ser una identidad de clase media ilustrada?

Guillermo Francella
Guillermo Francella.

Guillermo Francella.

Al mismo tiempo, la película presenta otras aristas importantes: desde hace algunos años, el campo cultural parece estar obligado a un principio de completud. Se le pide a una serie de Netflix lo mismo que a un registro denso de antropología; si El Marginal y En el barro despuntan a puro sexo y puntazo se les endilga que las cárceles no son así. ¿Las prisiones argentinas son más parecidas al CUSAM?

¿Desde cuándo el cinturón de corrección política y bienpensantismo atrapó a la cultura? ¿Por qué alguien piensa que eso es constructivo en términos de pensamiento crítico?

La vara del kirchnerismo

Otro aspecto tiene que ver con los sistemas de validación político que se inauguraron con el kirchnerismo. Parafraseando a Martín Lutero, ¿los kirchneristas realizan buenos actos o los buenos actos te hacen kirchnerista? ¿Desde qué usina se pensó que alguien era más valioso por su adhesión que por su obra? En última instancia, esta deliberación nos lleva al punto cero del compromiso político. ¿La popularidad viene con el carnet de afiliación? Los ídolos populares siempre son peronistas o debemos asumir la máxima de Lenin: lo popular es la fase superior del peronismo.

En conclusión, la abrazadera que el campo cultural viene experimentando restringe el pensamiento crítico y la pluralidad y genera un dispositivo artista-espectador lleno de filtros. Tal vez sea hora de aceptar esa máxima que reza que el pueblo nunca se equivoca, aunque se equivoque.

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