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DISCUSIÓN 2027

Las seis Argentinas ocultas que pueden definir el futuro de Javier Milei

En un país fragmentado, la evaluación del rumbo económico depende de la experiencia material de cada sector. Por qué el promedio no explica todo.

La pregunta suele formularse en términos binarios. ¿Se aprueba o se rechaza el rumbo económico que propone el gobierno de Javier Milei? La respuesta que circula también suele ser binaria: un porcentaje nacional que sube o baja algunos puntos cada mes.

El problema es que ese número es un promedio y los promedios, muchas veces, ocultan más de lo que explican.

La medición nacional de realizada por nuestro equipo en Management & Fit de julio de 2026 permite observar esa heterogeneidad al cruzar apoyo al rumbo económico, situación de ingresos y principales preocupaciones según ocupación. El resultado no describe un único humor social. Describe seis perfiles con experiencias materiales, evaluaciones y agendas diferentes.

La distancia entre ellos no es un dato accesorio. Es parte central del fenómeno político.

El polo más favorable

Los asalariados del sector privado constituyen el segmento con mayor respaldo al rumbo de la económico. También presentan la mejor situación relativa de ingresos. Cuatro de cada diez señalan que en su hogar los ingresos alcanzan, sin grandes dificultades.

Esa situación material ayuda a entender su mayor disposición favorable, pero no agota la explicación de sus preocupaciones. Cuando se les pregunta por el principal problema personal, aparecen los bajos ingresos y la inseguridad al salir a la calle.

Hay un dato relevante y es que el segmento que mejor evalúa el rumbo económico no reduce su percepción del malestar a la economía y la mejor situación relativa de ingresos no elimina otras preocupaciones. En este caso, la inseguridad, para este segmento, ocupa un lugar central en la vida cotidiana.

Los estudiantes se ubican también entre los perfiles más favorables. Registran menores dificultades para cubrir los gastos familiares que el promedio de la muestra. Sin embargo, su agenda se diferencia de la de los asalariados privados. Para este segmento, la pobreza aparece como principal problema nacional y la educación pública adquiere un peso relativo propio. En el plano personal, la inseguridad se ubica por encima de las preocupaciones económicas.

Ambos grupos expresan mayor respaldo relativo, pero no comparten la misma estructura de preocupaciones. En los estudiantes, la inseguridad debe leerse junto con una agenda nacional donde pesan la pobreza y la educación pública. Entre los asalariados privados, en cambio, la inseguridad convive con preocupaciones económicas, pese a una situación de ingresos que comparativamente sería más holgada.

El centro dividido

Jubilados y trabajadores por cuenta propia expresan una posición dividida respecto del rumbo económico, en línea con el promedio general. Sin embargo, ese punto de coincidencia no debe confundirse con una misma experiencia social.

Entre jubilados, la capacidad de ahorro es una de las más bajas del mapa. Los aumentos de precios y la corrupción concentran el 25% de las menciones como principal problema del país. En el plano personal, el acceso a la salud duplica su peso relativo respecto de otros segmentos. No se trata solamente de una preocupación por ingresos. Se trata de la combinación entre fragilidad económica y demanda de cobertura sanitaria. Es una agenda específica, vinculada a un ciclo de vida y a una relación intensa con los sistemas de protección social.

Los jubilados se encuentran con el PAMI en ruinas

Por su lado, los trabajadores por cuenta propia comparten una posición ambivalente frente al rumbo económico, pero con otra letra chica. Allí las dificultades de ingresos familiares son altas y la preocupación personal se concentra en llegar a fin de mes.

La diferencia importa. Jubilados y cuentapropistas pueden coincidir en un mismo casillero de apoyo dividido, pero no enfrentan el mismo riesgo ni demandan la misma respuesta. Una política diseñada para uno no necesariamente alcanza al otro.

La brecha del empleo público

El segmento de asalariados del sector público se diferencia del resto de los trabajadores con empleo formal. Allí predomina el rechazo al rumbo económico por sobre el apoyo. Además, los aumentos de precios y tarifas representan el 30% de las menciones como principal problema del país, siendo el valor más alto del cruce para ese ítem. En el plano personal, llegar a fin de mes y el endeudamiento concentran las principales preocupaciones.

La comparación con los asalariados privados es especialmente significativa. Ambos grupos comparten relación de dependencia y empleo formal. Sin embargo, se ubican en posiciones opuestas frente al rumbo económico.

Esto no permite afirmar una causalidad, pero sí abre una hipótesis de trabajo: la evaluación económica no depende sólo de la condición contractual o del ingreso disponible. La relación con el Estado (en este caso, como empleador) podría incidir de manera específica en la percepción del rumbo general.

Sin embargo, esta es una hipótesis que debe seguirse en el tiempo. Un único corte transversal no permite cerrarla, pero sí muestra que “trabajadores formales” no constituye una categoría políticamente homogénea.

El contexto laboral refuerza la relevancia de esa diferencia. En el primer trimestre de 2026, la tasa de desocupación alcanzó 7,8%, frente a 7,5% en el trimestre anterior. La informalidad laboral llegó a 44,2%, el registro más alto de la serie comparable difundida por INDEC desde el primer trimestre de 2025.

No son datos que demuestren por sí solos la causa de la distancia entre empleo público y privado. Sí describen un mercado laboral más frágil y una estructura de inserción laboral en la que la formalidad ya no garantiza una percepción homogénea.

El piso del mapa

Los desocupados registran el mayor rechazo al rumbo económico entre los seis perfiles analizados. También expresan las peores condiciones materiales del relevamiento, puesto que siete de cada diez tienen dificultades para llegar a fin de mes.

La diferencia con el resto no es sólo de intensidad. Es una diferencia en el tipo de respuesta.

Mientras que otros segmentos mencionan problemas generales (precios, tarifas, corrupción o inseguridad), cuatro de cada diez desocupados señalan directamente a la desocupación como el principal problema del país. En el plano personal, el 55,8% identifica la falta de trabajo como preocupación principal.

En este segmento, la evaluación del país y la experiencia individual convergen en una misma palabra: trabajo. No hay distancia entre la macroeconomía y la vida cotidiana. La agenda pública y la agenda personal se superponen. Por eso, la falta de empleo no aparece como una variable más, sino que ordena toda la percepción del presente.

Lo que el promedio esconde

El mapa es claro. El respaldo al rumbo económico es relativamente mayor entre asalariados privados y estudiantes. En jubilados y cuentapropistas prevalece una posición dividida. Entre asalariados públicos y desocupados, en cambio, se impone el rechazo, con su mayor intensidad entre quienes buscan trabajo.

La suba de precios, los bajos ingresos y la dificultad para llegar a fin de mes atraviesan a la mayoría de los perfiles, pero no lo hacen de la misma manera.

Los jubilados incorporan una preocupación sanitaria específica, el acceso a la salud duplica su peso dentro del segmento. Los estudiantes se apartan de la agenda económica dominante e identifican a la pobreza y a la educación pública como problemas nacionales relevantes y ubican la inseguridad como principal preocupación personal.

Los asalariados privados, aun con una situación de ingresos comparativamente más holgada, también señalan la inseguridad y los bajos ingresos entre sus preocupaciones personales. Los cuentapropistas concentran su malestar en la dificultad para llegar a fin de mes. Los trabajadores públicos articulan rechazo al rumbo con preocupación por precios, tarifas, endeudamiento e ingresos familiares. Los desocupados condensan en la falta de trabajo la evaluación del país y de su propia vida.

Hablar de “la sociedad” en singular es cómodo y también es estadísticamente insuficiente.

Un promedio nacional puede registrar un nivel determinado de apoyo o rechazo, pero no muestra que, dentro de ese mismo número, conviven asalariados privados con menor restricción de ingresos y desocupados para quienes la falta de trabajo define tanto el problema nacional como la preocupación personal. No son dos puntos en una misma escala. Son experiencias sociales y vivenciales distintas, que requieren lecturas y abordajes diferentes.

Para la política pública, la implicancia es directa. Diseñar sobre el ciudadano promedio puede llevar a respuestas demasiado generales para problemas muy específicos. Para la comunicación, el riesgo es similar, ya que un mensaje dirigido a una sociedad abstracta puede no interpelar adecuadamente a ninguno de los segmentos concretos.

La evidencia de M&F no describe un humor social único. Describe una Argentina fragmentada en, al menos, seis perfiles ocupacionales, cada uno con su propia relación entre economía, trabajo, ingresos y vida cotidiana.

Entender esa fragmentación es una condición para discutir políticas y estrategias que hablen de la Argentina real, no de la que cabe en un único número nacional.

* La autora es Directora Ejecutiva de Management & Fit

Fuente y metodología:
M&F Consultora, Monitoreo de Opinión Pública, relevamiento nacional realizado entre el 20 y el 31 de julio de 2026. Universo: población residente en Argentina de 16 a 75 años. Se realizaron 2.600 casos efectivos y 2.200 casos ponderados a nivel nacional. La investigación combinó encuestas presenciales, online y telefónicas (CATI). Margen de error informado: ±2,1 puntos porcentuales para un nivel de confianza del 95%. Los datos de mercado de trabajo corresponden a la Encuesta Permanente de Hogares de INDEC, primer trimestre de 2026.

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