Opinión

La culpa es del progresismo

En 2019, el Gobierno ganó con la promesa de "volver mejores" y no mejoró nada. Los odios van por otros lados y, así como siempre hubo antiperonistas, ahora también se señala "al progresismo". ¿Quién los señala?¿Qué señalan?

Inculcar, alimentar e incitar al odio desde los medios “antiperonistas” (entendiendo a este movimiento como una práctica que trabaja para lograr la movilidad social ascendente, que tiene como base la justicia social, la independencia económica y la redistribución de la riqueza), tiene este tipo de resultados.

Los poderes reales son económicos y entre tantas cosas, controlan los medios y, por ende, los mensajes hegemónicos que los sostienen (aunque sean minoría).

Tengamos en cuenta que las posibilidades son infinitas. En tal sentido, se podría haber salido por “la izquierda”, pero no, se salió por la derecha, fiel al clima de época que se viene viendo a nivel global. Se gira hacia las derechas como respuesta a las crisis económicas que se padecen.

La representatividad política está basada en el odio al otro, en nuestro país es antiperonista y esto significa: anti-Estado. El Estado es el único organismo que intenta regular las profundas inequidades que trae el sistema económico. Por eso se busca matar su injerencia y su poder redistributivo.

Ahora ,aparecen falsas culpas, como “al progresismo”. Como si la discursividad inclusiva (¡por mencionar sólo un ejemplo!) fuera la responsable del hartazgo social. Este gobierno ganó con la promesa de "volver mejores". Y no volvió, ni mejoró nada. Alberto Fernández sólo tuvo una buena gestión durante la pandemia, ¿y eso lo agotó? Entonces, no se dio nada mejor y, ante ese silencio, solo quedó el ruido que provocan las discusiones que son totalmente superfluas al lado de “los problemas reales” y cotidianos.

Para nada significa que las nuevas luchas y las conquistas civiles no lo sean, sino que aparece un nuevo chivo expiatorio por matar pero culpar “al progresismo” es un falso señalamiento. Es un señalamiento que esconde otras cosas y es caer en la trampa porque en realidad lo que hay es una sociedad en un momento de mucho odio. Tanto que hace unos meses casi matan a la vicepresidenta.

Un odio que se apoya sobre los problemas estructurales no resueltos. Por ejemplo, la cuestión de la vivienda, no sólo la imposibilidad de la casa propia, que para otras generaciones fue totalmente posible, sino lo que significa intentar encontrar un alquiler y, si lo encontras es con un montón de cláusulas usureras e ilegales que te gatillan el suelo que nunca será propio y por el que tenés que dejar el sueldo que no tenés.

La mayor parte de los trabajadores están empobrecidos. Es decir, el tema económico es el que atraviesa todo: la imposibilidad del ahorro, no llegar a fin de mes, lo que salen los alimentos, los impuestos, la ropa, el transporte público, los momentos de ocio… todo conlleva una caída de la calidad de vida. Y ni hablemos de viajar, así sea viajar al interior del país, o de la inseguridad. Entonces hablar del uso de la E, o endilgarle al progresismo estas cuestiones cuando en realidad lo que hay es un gran enojo por sentir que la política no toca, no toma ni resuelve los problemas reales de “la gente”.

Los odios van por otros lados y, así como siempre hubo antiperonistas, ahora también se señala “al progresismo”. Porque ¿quién los señala? ¿Qué señalan? ¿A quién le beneficia la perpetuidad de la desigualdad, de la inequidad redistributiva, la acumulación de la riqueza, la continuidad del patriarcado, la aniquilación del Estado y los derechos?

Se crean falsas verdades que quedan en cuestiones de forma, porque se necesitan tener resueltas las necesidades básicas para después poder pensar en los derechos civiles. Que no dejan de ser un problema real, pero están en otra categoría.

El inconveniente está en confundir ese tipo de cuestiones con las discusiones de género, las formas, a pesar de que estas no invalidan ni las luchas que faltan, ni las dificultades, ni niegan todo lo que se hizo mal o lo que no se hizo.

Y ese es el problema de este Gobierno, empezando porque el presidencialismo, que es el eje de este país, en Alberto estuvo pésimamente ejercido. De hecho, Cristina muchas veces lo ha tratado de vago y no tuvo los cojones (o las formas de él no fueron las necesarias) para afrontar los problemas que había dejado el macrismo, incluso poniéndole nombre y apellido, o recordando lo que implica tener al FMI en el país.

Pero, como sociedad, todavía queda una chance más. Aquello que haya llevado al electorado a votar por Bullrich o Milei todavía tienen otra oportunidad para evitar que la violencia y el terror vengan del Estado.

La construcción de un enemigo, la negación de la diversidad, la permisibilidad de la violencia de género, el apoyo a la dictadura militar, el desconocimiento sobre el ecologismo, demuestran que “la libertad” lejos de avanzar, se retrotrae sobre las prácticas más conservadoras, retrógradas, maliciosas e hirientes que ya han sido bandera de las luchas de los pueblos y sectores oprimidos.

Esperemos que el miedo y la violencia no vuelvan para someter y empobrecer, aún más, a la Argentina.

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Javier Milei, candidato presidencial de La Libertad Avanza

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