La prédica de León XIV, sustentada en la doctrina social de la Iglesia, plantea un dilema para Javier Milei y su Gobierno: atender un mensaje que reivindica la justicia social, la paz y la dignidad humana. La influencia histórica de la Santa Sede sobre la agenda internacional también proyecta interrogantes sobre su capacidad de interpelar la política argentina.
En el ámbito nacional, en un contexto de amplia pluralidad religiosa, no hay duda de la importancia cultural, social y política de la Iglesia, lo que hace particularmente sensible la relación Iglesia-Estado.
¿Con qué información viaja León XIV a la Argentina?
Recordando el dicho que, “de Roma viene lo que a Roma va”, el mismo episcopado argentino describió las circunstancias con las que se encontrará el papa en la Argentina. Por su parte, el arzobispo de Córdoba, cardenal Ángel Rossi, declaró que “va a encontrar una Argentina cascoteada”.
“Va a encontrar una Argentina que se resiste a buscar qué cosa nos une, una Argentina socialmente muy bajoneada, donde se oye un lenguaje triunfalista, pero con una realidad que no me atrevería a decir catastrófica, pero sí muy frágil. Una realidad que contrasta con un mensaje que parecería de otro planeta. Hay algo que está disociado entre el mensaje y la realidad de una Argentina en la que hay muchos que están sufriendo. A veces ese mensaje no real también es indignante, también desune, también enerva. Sería más lindo poder reconocer que andamos mal y que vamos a intentar entre todos salir, en vez de simular una especie de triunfalismo que no es real”.
Asimismo, el arzobispo de Buenos Aires, Jorge García Cuerva, diagnosticó que “se va a encontrar con una Argentina herida, una Argentina dividida con esa famosa grieta”. “Una Argentina donde la descalificación y la intolerancia están a la orden del día. Una Argentina donde duele, un porcentaje muy grande de hermanos que la están pasando mal, de hermanos muy pobres desde hace muchos años”.
Ésta es la información sobre la realidad social del país que llega al Vaticano, y con la que también llega León XIV a la Argentina.
Ante la “Argentina dividida con esa famosa grieta”, la Conferencia Episcopal Argentina (CEA) presenta la visita del papa como una ocasión para responder a las heridas de los desencuentros que la cultura popular identifica como “la grieta”. Estos desencuentros entre los argentinos hizo que tanto desde el gobierno como desde las autoridades eclesiásticas, insistentemente, se encargaran de recomendar la no “politización” del viaje del papa como tampoco de lo que pudiera decir sobre la realidad del país con la que se encontrará.
Es evidente que León XIV no tiene ninguna simpatía político-partidaria, ni intervendrá en la política interna del país. El papa no participa de esta polarización, no está ni de un lado ni del otro de la “grieta”. Por eso llama la atención la prevención que insistentemente se hace sobre la interpretación del viaje del papa.
No obstante, el nuncio apostólico en Argentina, Michael Banach, fue categórico: “Quisiera solamente destacar que el centro de este viaje apostólico es Su Santidad, el papa León XIV. Es él quien con su benevolencia paternal ha aceptado la invitación que le extinguieron el gobierno de Argentina y la Conferencia Episcopal Argentina. Viene sí como jefe de Estado, pero viene principalmente como pastor para fortalecer a sus hermanos y hermanas en la fe. El adjetivo utilizado es importante: viaje apostólico. El papa llega como sucesor de San Pedro para traer a Argentina la persona y el mensaje de Jesucristo”.
León XIV es Sumo Pontífice de la Iglesia Universal, y también Soberano del Estado de la Ciudad del Vaticano. Por lo tanto, el programa de su viaje comprende tanto actividades pastorales como institucionales entre las que, como en todo viaje papal, es clave y políticamente relevante el discurso ante los jefes de Estado o de Gobierno, Presidente y autoridades, en el que trata asuntos sensibles de la realidad política, económica y social del país.
¿Qué va a decir León XIV en la Argentina?
Dirá “res novae” (cosas nuevas) o desde la Rerum novarum (cosas nuevas) de León XIII hasta Magnifica humanitas del propio León XIV, como todos sus antecesores que en sus respectivas épocas han puesto de relieve diferentes aspectos, exhortará sobre la denominada “cuestión social” conforme a la Doctrina Social de la Iglesia, no proponiendo soluciones técnicas, ni desde ideologías sino desde valores y principios éticos tales como: Una economía que valore la dignidad. La libertad económica no es absoluta.
La necesidad de superar los actuales parámetros de medición del grado de desarrollo -el concepto de Producto Interno Bruto-. para mejorar los datos de base utilizados para tomar decisiones políticas y de política económica. Las finanzas han adquirido una importancia creciente. Sin embargo, el ahorro que se transforma en crédito para la economía real, y por ende para crear empleo. La función social del crédito sigue siendo insustituible.
La riqueza mundial ha crecido en términos absolutos, pero su concentración en pocas manos ha aumentado y los desequilibrios se han acentuado, tanto entre países como dentro de un mismo país: “pocos tienen demasiado y demasiados tienen poco, esta es la lógica de hoy”.
No es posible confiar únicamente en la “mano invisible” del mercado: la política tiene la tarea de orientar las dinámica económica hacia el bien común, promoviendo el trabajo digno, la inclusión social y una distribución equitativa de los beneficios.
No hay que considerar la búsqueda de la justicia social como un tema separado y posterior a la producción de riqueza, como si la economía debiera limitarse a crear valor y la política interviniera sólo después para distribuirlo.
Considera “pecado social al neoliberalismo, sistema que haciendo referencia a una concepción economicista del hombre, considera las ganancias y las leyes del mercado como parámetros absolutos en detrimento de la dignidad y del respeto de las personas y los pueblos”.
La Doctrina Social pertenece constitutivamente a la misión evangelizadora de la Iglesia, poniéndose de relieve “su carácter dinámico” y siendo “un camino de discernimiento comunitario”, se enfoca en valores y principios éticos para mejorar las circunstancias económica y social con acciones transformadoras acordes con el bien común y la justicia social.
Lo que puede dejar la visita de León XIV
¿Podrá la visita del papa a la Argentina interpelar al gobierno y tener la capacidad de influir en sus políticas para mejorar las circunstancias económicas y sociales mediante acciones transformadoras de la realidad del país acordes con el bien común y la justicia social?
Para la Iglesia, “la idea de justicia social ayuda a reconocer que las injusticias no nacen sólo de decisiones equivocadas de los individuos, sino también de estructuras, mecanismos, sistemas económicos y culturales que producen desigualdad casi automáticamente”.
Por otra parte, para el gobierno, “El Estado es una organización criminal”; a la empatía la utilizan los populistas; los políticos “prefieren la garra del Estado antes que la mano invisible” y el concepto de justicia social es “aberrante”, “La justicia social es una aberración desde el punto de vista moral y naturalmente, como era de esperar, va a generar malos resultados”, “Es robarle a alguien para darle a otro, un trato desigual frente a la ley, que además tiene consecuencias sobre el deterioro de los valores morales al punto tal que convierte a la sociedad en una sociedad de saqueadores”.
Una y otra concepción, la de la Iglesia, y la del Gobierno para quien la justicia social no es un derecho sino un robo, son posiciones filosóficamente contrapuestas.
La respuesta dependerá de la expectativa que se tenga, esperanzadora una, o escéptica otra para la cual el papa dirá lo que deba que decir y “quien quiera oír que oiga”, pero que por su “sordera” el gobierno no escuchará y seguirá haciendo lo que viene haciendo, sin que nada cambie ni se transforme en procura del bienestar general.
En cambio desde una perspectiva espiritual, desde la visión del papa como líder religioso y moral, ciertamente podrá esperarse que el viaje apostólico de León XIV a la Argentina produzca frutos, tanto en la feligresía católica en particular como en la sociedad en general.