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OPINIÓN

El desafío de la elasticidad: ¿puede el gobierno nacional recuperarse a tiempo?

Javier Milei enfrenta el desafío de recomponer expectativas positivas. La competitividad del proyecto libertario. Las consignas originales que ya no alcanzan.

El índice de Confianza en el Gobierno (ICG) no anticipa elecciones, pero sí mide algo clave: la capacidad de recomponer confianza después de caer. En el arranque del tercer año de Javier Milei, la brecha Interior–Gran Buenos Aires aparece más estable que la etaria, mientras que la Ciudad de Buenos Aires vuelve a exhibir el desacople entre clima y voto.

Las elecciones de medio término le dieron al gobierno de Milei una validación crucial. La confirmación del rumbo político en un momento donde el clima social ya empezaba a mostrar signos de desgaste. El resultado reflejó, además, una fortaleza del proyecto libertario. En plena carrera electoral, el contraste con el adversario aporta un "adicional de apoyo" que le permite imponerse.

Ese triunfo ordenó la discusión pública por un tiempo, pero no la congeló. En este primer tramo del tercer año de mandato, la pregunta central ya no es electoral, sino de clima. ¿Qué tan sostenida es la confianza y qué tan rápido se ajusta cuando los costos se vuelven más visibles?

El ICG de la Universidad Di Tella es una herramienta fundamental para analizar esta dinámica. No porque anticipe resultados de forma lineal, sino porque permite leer cuándo la conversación social está en fase de tolerancia y cuándo entra en una etapa de desconfianza o hartazgo.

En última instancia, la relevancia del índice no radica en si sube o baja un mes puntual, sino en su capacidad de recomposición tras las caídas.

La pérdida de elasticidad del gobierno

Si analizamos la serie del ICG desde las legislativas de octubre de 2025 se observa un comportamiento reconocible. La serie ingresa en una fase descendente donde las recuperaciones posteriores no logran alcanzar los niveles previos. Ese patrón -caer y rebotar poco- no implica necesariamente un derrumbe, pero sí un punto de inflexión en el humor social.

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A esta capacidad de reacción la denominamos elasticidad. Un gobierno con alta elasticidad puede atravesar shocks, caer y volver a sus techos de aprobación. Cuando esa elasticidad baja, el índice entra en una lógica de drawdown persistente (caída acumulada sin recuperación).

Se aleja de su máximo, se estabiliza más abajo y recuperar el terreno perdido se vuelve progresivamente más difícil. Desde fines de 2025, el ICG sugiere precisamente eso. Una menor capacidad de recomposición y una dificultad creciente para reconstruir un piso alto de confianza.

El mapa manda: la brecha territorial

El segundo elemento ordenador es geográfico. A lo largo de la gestión Milei, el interior ha tendido a ubicarse por encima de la Ciudad de Buenos Aires y el GBA, siendo este último el punto de mayor resistencia. Ciudad de Buenos Aires presenta un patrón diferencial. Tiende a sobrerreaccionar los ciclos. Aumenta más rápido en contextos favorables, pero cae de manera más intensa en meses críticos.

Esta distribución se explica por la permeabilidad ideológica del modelo, pero también por la realidad económica. En el conurbano, la política económica se vive como agenda de supervivencia inmediata: ingresos, transporte y servicios. Allí, el clima no se mueve con señales simbólicas, sino con mejoras concretas.

En el interior productivo, que trasciende la zona núcleo sojera, en cambio, aparece con más fuerza una lectura de rumbo y expectativas a largo plazo, que sintoniza mejor con la agenda no económica del oficialismo.

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Franjas etarias: del sostén al deterioro acelerado

Por edad, la serie presenta una regularidad y una ruptura. La regularidad es que los jóvenes (18–29 años) se mantuvieron durante gran parte del ciclo como el principal sostén, mientras que la franja de 30–49 años -que concentra las mayores responsabilidades económicas y familiares- se consolidó como el piso de confianza.

La ruptura aparece cuando esa jerarquía se invierte, como ocurrió en marzo de 2026. Aunque el patrón suele normalizarse, estos cruces sugieren que la brecha etaria es más volátil ante los shocks de corto plazo que la brecha territorial, que se mantiene como una estructura mucho más estable.

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Qué observar de la historia reciente

La comparación con mandatos anteriores pone en contexto este fenómeno. Tanto en el segundo mandato de Cristina Fernández como en las gestiones de Mauricio Macri y Alberto Fernández, se observa un patrón común: el ICG alcanza sus picos temprano y luego atraviesa una etapa donde los rebotes existen, pero nunca logran volver a los niveles del primer tramo.

El contraste con el primer mandato de Cristina Fernández es ilustrativo. Allí también hubo caídas fuertes, pero la serie tuvo la capacidad de recuperar de forma sostenida.

En síntesis, la viabilidad de un proyecto no depende de si "cayó" en algún momento, sino de si pudo recomponer y rebotar a tiempo.

Cuando esa recomposición desaparece, los gobiernos entran en una dinámica defensiva donde se administra el piso propio y se vuelve extremadamente costoso expandir los apoyos.

La necesidad de rebotar a tiempo

A punto de ingresar en el último tercio del mandato, la capacidad de rebotar a tiempo define la competitividad real del proyecto político. Para ello, no alcanza con reeditar las consignas originales. El gobierno necesita volver a construir una expectativa positiva sobre la dirección propuesta.

Sin embargo, aun cuando la confianza permite medir el clima, el voto se decide muchas veces por comparación, por oferta y por contraste.

El propio comportamiento de Ciudad de Buenos Aires ilustra ese desacople: puede exhibir niveles de confianza relativamente bajos y, sin embargo, votar masivamente al oficialismo cuando la elección se ordena por polarización o por identidad ideológica.

En esos casos, el contexto enfría, pero la competencia electoral vuelve a ordenar preferencias. Por eso, el desafío para el gobierno no es sólo “subir” el índice: es evitar que el enfriamiento se vuelva estructural en los segmentos inerciales y, al mismo tiempo, sostener la capacidad de ganar el contraste cuando la carrera empiece.

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