Es una alegría grande recibir al papa León XIV en este tercer viaje apostólico fuera de Europa. Para dimensionar la importancia del mismo, como creyente cristiano me remonto a los inicios de la propagación de la fe. El lema de esta visita a Argentina lo indica: “Bienvenidos todos. Vayan y anuncien”. Toma las palabras de Jesús: “Vayan por todo el mundo, anuncien la Buena Noticia a toda la creación” (Evangelio de Marcos, 16, 15).
Es un “viaje apostólico”, es la venida del obispo de Roma, el sucesor del apóstol San Pedro. Su misión es anunciar el Evangelio, la Buena Noticia de Jesús. Para los argentinos esta presencia tiene un profundo significado: el anterior sucesor de Pedro fue Francisco, Jorge Bergoglio, elegido papa cuando era arzobispo de Buenos Aires. Muchos dicen: “el papa que no vino”. Pero es hermosa la expresión del presidente de la Conferencia Episcopal Argentina, el arzobispo de Mendoza Marcelo Colombo, pronunciada en estos días: “Francisco no vino a la Argentina, porque nunca se fue”. A casi 40 años de la visita del papa Juan Pablo II, León XIV visita este país “del fin del mundo”, como decía Francisco.
Sudamérica, en el corazón de León XIV
Sudamérica ha estado en el corazón de León desde su juventud, cuando pidió ser destinado por su Orden de San Agustín a las misiones del Perú. Y, cuando en el 2014 finalizó su segundo mandato como Superior General de la Orden, pidió a sus hermanos agustinos que le permitieran seguir desarrollando su labor sacerdotal en Perú. De allí, Francisco, después de nombrarlo obispo de Ciclayo, lo llamó a Roma para ser el Prefecto del Dicasterio de los Obispos y hacerlo Cardenal.
León XIV va dando señales sobre cuál es su mensaje. Abrazar a los más humildes, a los más sufridos y postergados. Sus anteriores viajes fuera de Europa han sido, el primero, a Medio Oriente (Turquía y el Líbano) y, el segundo, al continente africano (Argelia, Camerún, Angola y Guinea Ecuatorial). En el poco tiempo de su pontificado habrá visitado a tres continentes.
Argentina vive una dolorosa crisis social. El papa lo sabe y viene a acompañar a su pueblo. Como lo hizo en los otros continentes, iluminará este presente con el mensaje del Evangelio. Su invitación será a construir la paz en un mundo que se debate en “una tercera guerra mundial a retazos”, como decía Francisco. Una paz que no es posible sin justicia social, tendiendo puentes, valorando el diálogo social y político, sentando como base indiscutible la dignidad de la persona humana, especialmente la de los más postergados y olvidados. Es lo que notamos al haber elegido como lugares para visitar en estos días: el Cottolengo Don Orione, en Claypole, y la unidad carcelaria de Villa Devoto.
La agenda del papa en Argentina
Su presencia en la gran ciudad del puerto, Buenos Aires, será la del Pastor que abraza a todos, sin distinción, pobres y ricos, jóvenes y ancianos, sanos y enfermos, libres y encarcelados, empresarios de todo tipo, obreros, gente con trabajo formal e informal, desocupados, hombres y mujeres. Todos, todos, todos. Su voz profética se levantará hacia un país desigual. Un país con una aglomeración inmensa de gente en poco espacio, hacia un territorio inmenso y despoblado. Un país que sangra por la injusticia y que llora por la falta de oportunidades para muchos; en una tierra que Dios bendijo con todos los climas, con riquezas naturales y la belleza de sus paisajes.
También el papa León visitará la ciudad de Córdoba, lugar testigo de la primera evangelización y de la primera universidad. Expresión del interior del país. Tierra del Cura Gaucho, el Santo Cura Brochero, el sacerdote que desde los pobres predicó con obras y palabras la alegría del Evangelio. León quiere ir a ese lugar donde los Jesuitas programaron las grandes misiones del Paraguay. Foco de la gran evangelización de nuestra tierra. Expresión del federalismo de nuestro país, donde el obispo Fray Mamerto Esquiú sazonó con su predicación las bases de nuestra naciente Nación Argentina; el orador de la Constitución Nacional. Soñador de una patria de hermanos, como buen franciscano.
La misa en Luján
Para finalizar su visita a Argentina, el papa peregrinará a la Virgen de Luján, patrona de la Patria. Somos peregrinos de un sueño que nos hermana. Somos peregrinos de una patria que amamos y que damos la vida por ella. Desde hace casi 400 años allí se quiso quedar, antes de nacer como Patria. La Virgen nos muestra el camino: la sencillez del Negro Manuel, su fiel esclavo. Desde que la conoció aquel día de la carreta paralizada, vivió como su hijo más querido. “Yo soy de la Virgen nomás”, dijo cuando le preguntaron de quién era esclavo. Su Señora era Ella, la Virgen de Luján. El papa se despedirá en ese lugar tan querido para todos. La casa de todos. Nos dejará el mensaje de que no estamos huérfanos: tenemos una Madre. Tenemos un futuro: la fraternidad de un pueblo que, en medio de injusticias, se sabe amado. Y de ese amor, nos nacen las fuerzas para “seguir andando nomás” como dijo el beato Obispo mártir Enrique Angelelli.
Es todo un mensaje el primer viaje a América Latina de León XIV, siendo que él ha nacido en Estados Unidos de Norteamérica. Habla de la continuidad con el magisterio del papa Francisco, expresado en su exhortación apostólica “Evangelii gaudium” (La alegría del Evangelio) sobre el anuncio del Evangelio en el mundo actual. León XIV, al visitar Uruguay, Argentina y Perú, no sólo lo hace para recorrer los lugares que conoció siendo Prior General de la Orden de San Agustín, sino para proclamar que el anuncio del Evangelio está en las raíces de nuestra cultura latinoamericana y, que volver al anuncio del Evangelio, es el camino de la verdadera liberación. Su gesto de venir a la Argentina, será un modo de homenajear al papa Francisco, pero también será expresión de que su pontificado hunde las raíces en la misión programática que Francisco inició para toda la Iglesia en “Evangelii Gaudium”, en “Laudato Si” y en “Fratelli Tutti”.
¡Bienvenido papa León! ¡Te queremos!