¿Qué país queremos? Un debate educativo

La escuela prefigura la Nación. Es necesario pensar en una educación permanente de calidad para toda la vida.

Días atrás, en una nota periodística, la diputada nacional Danya Tavela, de la Unión Cívica Radical, ponderó la posibilidad de que, en el marco de la campaña electoral de este año, el tema educativo entre en agenda. Allí, la autora señaló que el énfasis del gobernador Axel Kicillof para poner en valor las escuelas bonaerenses y la inauguración de 135 establecimientos educativos no era más que una forma de soslayar un debate de fondo sobre la calidad educativa que, según ella, tiene que ver más con reformas curriculares, con la formación docente o las modificaciones del nivel secundario.

En el fondo, la autora intentaba reducir lo hecho por la gestión Kicillof a una cuestión de ladrillos, como si las condiciones de infraestructura escolar no fueran gravitantes a la hora de evaluar los aprendizajes. Mientras leía el artículo de la diputada, me preguntaba cómo podemos estudiar en una escuela en la que se llueven los techos, en cómo impulsar la renovación tecnológica de las escuelas si las instalaciones eléctricas no son las adecuadas o algo más simple todavía: ¿se pueden desarrollar innovaciones pedagógicas en aulas donde el frío les impide a los chicos y docentes concentrarse? En el fondo, el texto sugería subrepticiamente la vieja antinomia de alpargatas o libros. Suena raro en el siglo XXI ante los desafíos de la Inteligencia Artificial que nos propone el magnate Elon Musk con su ChatGPT, pero a veces caemos en estas minucias.

Igualmente, bienvenido el debate que propone Tavela, que además de diputada es una referente histórica de la educación universitaria y militante consecuente de las ideas del reformismo. Ahora bien, poner a la educación en la agenda electoral merece que brindemos datos fundados como para que el debate nos enriquezca a todos.

En lo que va de su primera gestión, Kicillof puso a la educación pública como un eje de su gobierno. Pocos lo han hecho con tanta consecuencia. La inversión que ha acompañado esas definiciones son inéditas en la historia de la provincia. A través del Programa de Emergencia en Infraestructura Educativa, como lo señaló el ministro Alberto Sileoni, la provincia de Buenos Aires ha realizado la mayor inversión en infraestructura escolar de la historia. Lo importante, además de la inversión, es que esos recursos se descentralizaron. El 90% de lo invertido en el área se ejecuta localmente. Es decir, impacta directamente en los distritos generando trabajo y el movimento de la industria y el comercio.

Otro dato fundamental que la autora olvida es que, desde que el gobernador asumió, comenzó a gestarse un proceso virtuoso por el cual la vieja incertidumbre sobre el inicio del ciclo lectivo va quedando atrás. Ya van tres paritarias provinciales que se resuelven sin conflictos, de manera rápida y transparente, priorizando por todos los medios que los trabajadores de la educación (docentes y auxiliares) no pierdan ingresos contra la inflación. Esto ha permitido que los equipos directivos tengan tiempo para desarrollar sus respectivas planificaciones escolares, que las familias puedan avizorar con tranquilidad el inicio del calendario escolar y los docentes, contar con la previsibilidad de un año completo, es decir, más de 180 días de clases para cumplir con sus objetivos. ¿Nos parece poco? Entre 2006 y 2019, producto de conflictos laborales se perdieron 160 días de clase: 52 días durante la gestión María Eugenia Vidal, y más de 90 en los dos mandatos del gobernador Daniel Scioli. Esto demuestra que la lógica sindical del sector no ha tenido otra racionalidad, a pesar de las campañas de escarnio, que no perder ingresos.

Pero no solo ahí está puesto el acento de las políticas educativas. La gestión Sileoni encara la transformación más importante, al menos desde la sanción de la ley de Financiamiento Educativo, que es hacer realidad la jornada extendida para el nivel primario incorporando una hora más de clase en todo el territorio. No hay condiciones para alcanzar la calidad educativa sin más horas de clase. En momentos en que Naciones Unidas señala que -a través del Informe Reimaginar juntos nuestros futuros (2022)- el rol de la escuela es clave para torcer un futuro en el que la humanidad y el planeta están amenazados, el debate no puede ser cortoplacista ni electoral. En ninguna encuesta de opinión publica aparece la educación como prioridad de la gente. Sin embargo, el gobierno provincial sabe que es una de las claves del proyecto de provincia, porque “fortalecer la educación como proyecto público y común”, como propone Unesco, es una condición necesaria para el desarrollo en la sociedad del conocimiento.

Por supuesto que esto implica también afrontar las reformas que están pendientes, como señala Tavela. En particular, la referidas a la formación docente, a la formación en oficios y la relación con el trabajo del nivel secundario o a la incorporación tecnológica en el ámbito escolar. Aquí me permito una digresión que espero que Tavela comparta. No hay posibilidad de mejorar la calidad en la formación docente en la Argentina si no incluimos en su desarrollo a las Universidades Nacionales y a nuestro sistema científico (CIC, CONICET). Para el nivel secundario, ya se está avanzando en consultas y diagnósticos que Unesco promueve en siete provincias argentinas tendientes a reconfigurar y actualizar los currículums. Para la cuestión tecnológica no es una novedad que las sociedades se están digitalizando y que esa digitalización modifica lo que el gran educador iberoamericano Jesús Martín Barbero definió como el espacio de la escuela y el tiempo de aprendizaje.

En materia educativa no solo hay que pensar dentro de las cuatro paredes de la escuela. Como sugiere el informe de Unesco, hay que pensar en una educación permanente de calidad para toda la vida, con un sentido colaborativo, cooperativo y solidario, en la que, tanto docentes como alumnos, construyen conocimiento, haciendo hincapié en un aprendizaje ecológico, intercultural e interdisciplinario. En ese marco, la escuela deja de estar aislada y se convierte en el nodo imprescindible por donde circulan los saberes, como un parte más dentro de un sistema que comienza en el nivel inicial y atraviesa toda la experiencia de vida de las personas.

Nunca es más clara la idea que nos representamos sobre el país que queremos que cuando vemos lo que hacemos con la escuela. Si buscamos formas creativas de invertir más para que más personas se eduquen y se formen no importa la edad que tengan ni de dónde provengan o si estamos solo pensando cómo achicamos el gasto. Domingo Faustino Sarmiento, el último liberal con un proyecto de país, lo definió muy claro: la escuela prefigura la Nación.

Santiago Caputo y José Rolandi, encargado de negociar la ley ómnibus y el paquete fiscal en el Senado. 
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